Isabella El beep, beep, beep, beep de mi alarma es lo primero que percibo el lunes por la mañana. Me sobrecoge un estirón, seguido de una sonrisa de la que solo Enzo es responsable. Me duele cuerpo otra vez, pero es una molestia menor. He estado disfrutando de este tipo de placer físico y emocional. Con gusto me moveré si eso significa que Enzo sigue haciéndome el amor como lo hizo anoche en la ducha. Bostezo, me doy la vuelta y extiendo un brazo en busca de Enzo. Pero mi mano se apoya contra las sábanas frescas, no en la cálida y acogedora curva de un bíceps con forma celestial. No hay nadie a mi lado de la cama. Me incorporo, tan alerta como si hubiera empezado a tomar mi café matutino. Me froto los ojos mientras me acostumbro a la penumbra del entorno. Son las seis de la mañana y e

