Capitulo: 5 Su Olor

816 Words
Luego de ver cómo Ian se va, decido explorar un poco su casa, empezando por su habitación. Entro a la oscura, pero amplia habitación, enciendo la luz, y puedo apreciar que es un hombre que ama el orden. Su cama está ordenada, es chistoso que no parece que hace unas hora él estaba follando en ella. Por más tentada que estuve de comprobar si era cómoda, no lo hice, pues me daba asquito. Miro su closet y entonces sonrió. Y aquí me encuentro, oliendo su ropa, parezco pervertida, pero no me importa. Díos, su olor es exquisito, podría vivir toda la eternidad aspirado su aroma. Aferró entre mis manos la camisa de Ian con la intención de irme y llevarla conmigo, pero justo cuando estoy por salir, escucho pasos. ¡Maldicion! Me escondo en el pequeño closet. trato de pegarme a la esquina de este mismo, tratando de que la ropa me cubra. — Dios, por fin estoy en mi cómoda habitación, ahora sí podré descansar. Escucho que suspira, y pronto la puerta de closet se habré. En automático cierro mis ojos deseando que no me vea, y sí, creo que mi deseo funcionó porque solo toma ropa y vuele a serrar, suspiro tranquila. Pero mi tranquilidad mental se va al carajo, cuando lo veo por una apertura, está desnudo. sentado en la cama, con una de sus manos en el... Bueno, en su "amigo". trato de no ver, juro que intento serrar mis ojos pero esos traidores no me responden, y me quedo babeando, viéndolo masturbarse. Escucho sus gemidos y sin que yo pueda evitarlo una de mis manos se cuela en mi pantalón, hasta mi zona íntima, ¡Mierda! estoy mojada, y tocandome con la imagen de Ian. Uso mi otra mano para callar mis propios jadeos. Pero sin poder evitarlo un profundo gemido se me escapa, Estoy segura que el me escucho gemir. ¡Maldita sea! Ahora mismo el está mirando hacia donde estoy, no se que hacer, mis manos sudan. Y siento que no respiro bien, ¡Ah! Me describiría sabrá que estube espiandolo. No, no puedo permitirme es vergüenza, pero cuando lo veo caminar hasta mí, hago la peor estupidez, pero en mi defensa diré que fue lo único que se me ocurrió. Ian trata desesperada mente, abrir la puerta, pero yo eche un hechizo impidiéndole lo, río muy bajo al ver todo el esfuerzo que hace hasta que la puerta no resiste más y cae junto con él, El golpe seco hace eco en toda la habitación, mientras que yo pido internamente que no se levanté, que no me descubra. Escucho cuando maldice, intenta levantarse pero no puede, supongo que el tremendo madrazo, le debió doler horrores. Yo solo estoy deseando que se habrá una dimensión en este closet... Y desaparecer. Pero justo cuando estoy por aceptar mi suerte, y ser descubierta por él, aparece mi amiguito, o mejor dicho amiguita gatita, sonrió con malicia al idear mi escape. Aunque sé, que a la gatita no le gustará nada. Michu, se estira mientras ve a su dueño, entonces nuevo mis dedos y la gata se para en sus dos patas traseras camina moviendo su cola, hasta donde Ian, y comienza a ronronear. — ¿Pero que mierda te pasa, Monse? Esto es lo que me faltaba, que mi mascota enloqueciera. La gata no presta atención a su dueño, río bajo mientras sigo guiandola. Michu, se sube sobre Ian, y con su cola le acaricia el rostro. — Ya, Monse quítate, maldita sea, si estás en celo. Yo no soy un gato. Entonces lo hago, y mi amiguita muerde con fuerza, el paquete de Ian, este salta del piso y como loco, corre por toda la habitación, dándose contra las paredes, en un intento por quitarse su mascota de su... Enorme fabrica de bebés. Cuando lo veo correr hacia el baño, salgo como cohete, y es que esa era mi oportunidad de huir sin ser vista. Corro, todo lo rápido que mis piernitas me lo permiten, y cuando por fin estoy en mi habitación, es que siento, como el aire inunda mis pulmones. Respiro aceleradamente, me deslizo por la puerta hasta caer en el frío piso. No puedo creer lo que hice. Carajo, yo ni siquiera debería estar aquí. Me levanto dispuesta a irme de una vez, y no volver jamás a verlo, es que no quiero que nada malo le pase. Pero justo cuando iba a desaparecer, Ian entra, como alma que persigue el diablo, me toma de la cintura y aparisiona mi cuerpo con el suyo. — Cuando quieres expiarme, para marturbarte, solo pídeme lo, no necesitas esconderte en mi maldito armario. Monse, casi ¡Me castra!, Y todo por tu culpa. Sin esperar respuesta, me besa, y es en ése momento, que sé, qué, aunque quiera no podré irme. Porque este hombre me gusta, y me gusta mucho.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD