Luego de una ducha, relajante que para nada me relajo, pues a cada momento pienso en él, p**o fácil ese, es que aún no logro digerir que hace unas horas estaba sobre mi queriendo meterme su “cosa” y luego se estaba revolcando con esa, Ian es un hijo de... No su linda madre no tiene porqué recibir insultos por su culpa.
Decidida a irme de una vez por todas salgo de la habitación, camino escaleras abajo.
Unos susurros, y risitas me hacen molestar al darme cuenta que ellos siguen en plan, follemos duro, suspiro molesta mientras me aclaro la garganta, pues no sé las pondré tan fácil.
Los veo separarse, y cuando él conecta sus ojos con los míos, una maldita sonrisa se instala en sus labios, ¡Ah! Que imbécil. — Cariño, ¿quien es está? – miro a la rubia de arriba a abajo, con ganas de arrancar le hasta el último pelo falso que tiene, — Oh, muñeca ella solo es mi nueva compañera de casa, no te preocupes a ella le gustan las chicas. – escucharlo decir eso último me hace atragantar me con mi propia saliva
hijo de su... No, su linda madre no tiene porque salir a relucir.
— ¡Claro, a mi me encantas las vaginas... De hecho soy adicta a ellas. – Le giño a la chica y está se pone como un tomate. Voy hasta donde está la chica, y sin que se lo esperen, le planto un beso en los labios a ella, Dios, que asco, pero todo sea por seguirle el juego, porque si él quiere jugar con fuego le enseñaré, a quemarse de lo lindo.
Le separó de ella con una sonrisa coqueta. Y volteó para verlo a él, pasmado sin que asimile lo que acaba de ver. Río internamente porque sé, que eso no se lo esperaba.
— Soy Camil, nueva inquilina de tu... ¿Novio? – me presento, y de una vez pregunto si tienen una relación. La repuesta de la chica es suspirar, mientras que el opta por cruzar sus brazos. — No somos novios, yo no tengo novias. Y tampoco sabía lo fácil que te es besarte con desconocidas, ¿Que pensaría tú novia de eso?
Pregunta mientras yo bebo un vaso de leche, así que quiere seguir jugando.
— No tengo novias, yo soy como tú, solo folladas rápidas, rudas, y ya. – cuando digo rudas, lo hago mordiendo mi labio inferior, Ian seguí mi movimiento, y lo veo tragar.
— ¿De dónde se conocen ustedes? Porque yo jamás te había visto. – la chica interrumpe mis pensamientos, giro hacia ella, y con una sonrisa le respondo.
— Definitivamente, no, nos habíamos visto antes, porque de ser así, te aseguro qué... – me acerco hasta ella y en su oído le susurro. — Me recordarías.
Por un momento la veo tensar su cuerpo, su respiración se agita, y yo no puedo estar más orgullosa de mi. Un carraspeó nos hace girar, y me encuentro con Ian molesto que nos mira mal.
— Dejen de coquetear delante de mi, Dios, es tan incómodo.
Sin decir nada más se da la vuelta y desaparece de mi campo de visión. Sonrió satisfecha, me preparo algo ligero para comer, mientras que por el rabillo del ojo veo que la rubia no deja de detalle mi cuerpo. Oh, no, por Dios al parecer a ella si le atraen las v*****s.
Cuando estoy por salir de la cosina la rubia m detiene toma mi mano y en ella deposita un pequeño trozo de papel. — Ese es mi número, estoy disponible. Para cuándo quieras. – me guiña mientras que yo solo me quedo como pendeja parada mirando el número que me dió, como si eso fuera una bomba o algo altamente peligroso.
Maldito Ian, esto es su culpa.
— Si quieres hacemos un trío, yo no tengo problema. Sería muy exitante verlas dándose lamidas. – toda el agua que está en mi boca fue a para en la cara de Ian, y es que escucharlo desir eso me agarró fuera de base. No puedo creer que haya dicho ¡Eso!
— Maldita sea, Camil, me has bañado. Eres ¡irritable!
Me grita.
— ¡Y tú eres un idiota!
— ¡Loca!
— ¡Cabron!
— ¡Calienta pollas!
— ¿Y tú? ¡Eres un maldito p**o fácil! ¡Puto de mierda! Pendejo, y también eres un... ¡Promiscuo!
Escucho una ronca carcajada que sale de él, mientras que todo mojado se hacerca peligrosamente a mí.
— ¿Eso es todo? O ¿tenés más en tu estúpida lista?
— Vete a la mierda. – intento alejarme pero Ian me toma fuerte de las caderas haciéndome voltear hacia él. Acto seguido junta sus labios a los míos, intento empujarlo pero no me lo permite, al final termino correspondiendo a su ardiente beso.
Lamidas en mi cuello, mis uñas en su espalda, nuestras respiraciones son un caos, mientras que nos tocamos sin reparo.
— Así que también le entras a las chicas. – dice divertido mientras una de sus manos aprieta uno de mis pechos. Entre jadeo y risa respondo.
— La chica es sexy. – nos separamos y ambos quedamos frente, a frente viéndonos como si fuéramos animales salvajes que desean devorar al otro.
— ¿En verdad te gustan las chicas?
— Sí, – respondió mientras camino a buscar algo para secar el reguero de agua. La de su cara ya quedó seca.
Él me sigue mientras me comenta que saldrá a trabajar. Yo solo respondo un okey, mientras trato de caminar bien, ignorando lo mojada y punzante que está mi zona íntima.
— ¿Dónde está tú... Amiga?
Pregunto, ya que desde hace rato no la veo. Ian sonríe mientras está por irse.
— Ya se a ido, pero cuando vuelva te avisaré, quizás te animas a jugar con nosotros. Me regala un mirada deseosa, para luego salir de la casa.
¡Idiota!