-He ido al centro comercial con Jeremías —admito finalmente. El silencio que sigue a mis palabras me hace levantar la vista para buscar su rostro en el espejo. Sus ojos verdes esmeralda están fijos en un punto de la calle y sus manos agarran el volante. No estoy muy segura, pero creo que sus nudillos se han vuelto blancos. —Pasas mucho tiempo con ese tal Jeremiah —la afirmación suena venenosa e irritada, y mi corazón da un vuelco. —Es un buen amigo —no quiero que suene como una explicación, pero tampoco quiero que crea algo que no es, así que intento elegir mis palabras con cuidado. Hace una mueca de desprecio, pero no quita los ojos de la tienda que tenemos delante. —No es que me importe —dice—. —Has sacado el tema —las palabras salen de mi boca sin que pueda detenerlas, y me arrepi

