En el amor, salir herido es inevitable. Mi mirada se posa en la calle y me doy cuenta de que estamos cerca del apartamento de Kim. Sin embargo, no estoy preparada para despedirme. No cuando tengo tantas preguntas que hacer. No cuando quiero abrazarlo unos segundos más en mi vida. —Adam —trago con fuerza. El nerviosismo me asalta, pero no dejo que me desanime: "¿Puedo preguntarte algo? Duda un momento, pero asiente, con cautela. Mi pulso late tan fuerte que temo poder oírle. —Lo que dijiste la otra vez, ¿es cierto, te has asociado con una empresa de pesca, has dejado de hacer... lo otro? —pregunto. La vacilación en su rostro me pone los nervios de punta y me tenso a la espera de su respuesta. —Es cierto —dice—, me asocié a una pequeña empresa pesquera —mi corazón da un salto, pero se

