—Cuando deje de ser 'El que no debe ser nombrado' para ti—, dice, y casi puedo imaginarlo encogiéndose de hombros con indiferencia. De todos modos, ¿sigues ahí? —Si yo digo—. El agente inmobiliario no ha llegado. —¿Quieres que venga y te haga compañía por un rato? Estoy fuera de la universidad—. Puedo ir a verte y luego podemos ir a la casa de mi mamá a comer algo—, dice. Hace mucho que no voy a visitarla. —Ve con ella. Estaré bien. Solo esperaré al agente, le dejaré ver el lugar y llegaré a un acuerdo con él sobre los honorarios por su servicio —digo, con una media sonrisa en mis labios—. —¿Está segura? —Más que segura. Ve con tu madre y salúdala de mi parte, ¿de acuerdo? Un suspiro resuena desde el otro lado del altavoz. —De acuerdo. Llámame si necesitas algo, ¿Esta bien?. —Por s

