Al llegar a la sala de estar donde había dejado a Nahel, la primera reacción de Chloe fue imaginar lo peor, el pecho se le oprimió y la mente hizo lo suyo. El escepticismo tomó lugar una vez más. Como si estuviera en medio de una isla desierta giró sobre sus pies buscando a Nahel, y en medio de la desesperación no tuvo otra reacción que llamar la atención de todos los que estaban en la casa. —¡NAHEL! —gritó en un tono de voz alarmante, doloroso e impregnado de mucha desesperación. Corrió hacia un corredor que encontró al salir de la sala de estar. Llegó al área de la cocina donde dos mujeres en expresión de susto la miraron fijamente. —Mi hijo —adujo Chloe nerviosa—. ¿Dónde está mi hijo? Lo dejé en la sala y ya no está, ¿A dónde se lo llevaron? —inquirió en un tono de voz acelerado. Ni

