Ante la presión que George estaba ejerciendo sobre el sujeto, el cómplice de Anne, a éste no le quedó más que terminar de hablar: igual estaba perdido. Sea cual sea la decisión que tomara, era consciente de que George lo iba a entregar a las autoridades. Tenía las pruebas del delito que cometido con plena de consciencia de lo que hacía. Mirando a George pensaba que era injusto cargar con las consecuencias él solo, porque aunque se benefició de esa mala decisión, su felicidad se vio truncada al darse cuenta que las promesas de Anne no eran tan ciertas. Se creyó que el hecho de haber alterado el acta de nacimiento del recién nacido pasaría como un hecho sin importancia como otros casos similares. Creía que la mujer que había dado a luz a ese niño era una mujer insignificante, como muchas que

