Killian:
Sus besos se llegaron a recrear en mi boca, llenando de ilusión y pasión, mi vida loca, parecerá canción, pero es la verdad… así la amo, así la amaré, berrinchuda como ella sola, y es solo por el motivo simple de que ella me amo primero sin ver quien realmente era.
Después de que ella hizo su número, uno que le quedo como esos sketches de algún drama de novela juvenil, tome mis cosas y salí directo al vuelo, iría a cumplir mi mayor compromiso laboral, tenía que ser responsable y no es que ella no me importe o no sea mi prioridad, pero, si no cumplo con esto, los patrocinadores no lo harán tampoco.
Contando un poco de mi compromiso, en cuanto me puse a planear reconquistar a mi pequeña de ojos color esmeralda y cabellos de fuego, yo hice un trato con Nathaniel, uno de los más importantes personajes en mi carrera, aparte de Gianna, y es que acordamos que, si volvía con Amaranta, tenía que darme la licencia paternal durante un año… si, yo ya estaba pensando en nuestro nido, y por eso mismo no podía poner en riesgo algo que aún no pasaba, pero que también era sumamente importante para ambos.
Viendo las nubes desde la ventana del avión, solamente pensé en agilizar todo lo que debía de hacer en Montreal y regresarme a New York, preparar una cena romántica y compensar ese día con el amor de mi vida, reafirmarle que es la dueña de mi corazón y que solamente con ella quería vivir las cosas hermosas que la vida nos tenía deparadas.
Suspire y una pequeña risa me saco de la avalancha de pensamientos que era mi cabeza.
–¿ya está mejor? – pregunto la azafata, mientras se sentó frente a mí.
–¿tú crees que esté mejor?
–A como se había subido al avión, sí… bastante mejor. Sé que no necesita mi consejo, pero, yo quiero dárselo así lo siga o no– espeto la chica dulce y atrevida.
–¡Adelante! –le dije, instándola a que no se quedara callada, en este momento, necesitaba un consejo de alguien que no fuéramos ella y yo, necesitaba otro punto de vista.
–Sé que ustedes dos acaban de arreglar las cosas con su relación… esta fecha es muy importante, el amor lo cura y perdona todo, pero… también hay que poner de su parte, cuesta mucho salir del hueco oscuro en el que se encontraba en un pasado, lo que tiene es miedo de sacrificar lo que piensa es importante en un futuro, pero…
–¿pero?
–Ahora están viviendo el presente y eso es lo que importa para que haya un futuro, imagínese, ahora su novia está molesta y si en el proceso ella no lo perdona, no habrá futuro como el que usted se imagina, señor Swinton. Aún estamos a tiempo para que regrese a New York y haga las paces con su hermosa novia– sonrió y se levantó del asiento, dejándome solo pensando en lo que realmente había dicho y que en verdad tenía absoluta razón.
Sí, definitivamente, tengo que hacer las paces con ella y recurrir a los viejos trucos, sí… debo hacer un trato con cupido….
Me levanté de mi lugar y fui a la cabina en donde estaba el piloto, pidiéndole que me llevara de nuevo a New York, que ya no iría a Montreal, ma belle era más importante y era parte esencial de lo que tenía planeado para el futuro.
(***)
Amaranta:
–Ok, Gianna, solamente que no se entere de mi llegada, quiero que todo sea perfecto, yo estoy por abordar el avión, te veo allá– colgué la llamada, ya me encontraba en el aeropuerto, estaba emocionada y un poco alterada, tenía miedo de que me viera en las pruebas del monoplaza, aunque Gianna, sí, mi hermosa amiga y hermana del alma, había hablado con un tal Nathaniel, haciendo un trato, dejando a Killian libre el catorce de febrero y dejar que hiciera las pruebas el dieciséis.
Todo está muy bien planeado, cupido, es el culpable de que todo me esté saliendo tan bien y que mi amado me perdone el acto de inmadurez que tuve hace unas horas.
–Pasajeros para el vuelo hacia Montreal, por favor, empezar a abordar, segundo llamado.
El altoparlante me ponía más nerviosa, sin querer que el avión me dejara, corrí hacia la entrada para estar lista a abordar, y bueno, apague el celular y aborde el avión, todo estaba saliendo bien, esperando a que él no me rechazara.
Pasaron los minutos y emprendimos el vuelo, despegando de suelo americano, hacia suelo canadiense, ya tenía coordinada la cabaña, el vino, los aperitivos y demás detalles, no entraré en ellos hasta que los viva.
(***)
–¿esto es una broma, cierto? –dije en medio del llanto, definitivamente cupido, nos estaba haciendo una broma de mal gusto.
Gianna estaba nerviosa, ella por lo regular entraba en ataques de risa al estar nerviosa y esta no fue la excepción, con mi vulnerabilidad a flor de piel, me hacía pensar que ella se burlaba de mí, hasta que gracias al cielo recordé este detalle.
–Él pidió regresar a New York para celebrar contigo el día de San Valentín, eso fue lo que me indico la azafata del vuelo, que por cierto está muy hermosa– dijo en tono cachondo.
–Gianna, por Dios, tranquilízate. Entonces, ¿él sabe que estoy aquí?
–Sí, de hecho, no para de maldecir, en verdad espero que le des lo que necesita para dejar de estar tan loco, por Dios.
–Perdón por no dejarte celebrar este día con Leah por estar aquí resolviendo mi vida amorosa con Killian– me disculpé con mi amiga, en verdad todo esto estaba de cabeza, mientras que, por azares del destino, una fuerte tormenta azotaba aquí.
–No te preocupes, vamos a la cabaña, él llegará a verte, todo va a solucionarse y más en esta fecha, mañana no quiero verles la cara, por favor.
Reí y caminé hacia su auto, en donde estaba mi otra amiga, juntas me llevaron hacia ese mágico lugar, uno donde ya tenía todo lo que había pedido para dejarnos perder en las mieles del amor.
(***)
Killian:
Solo soy un hombre con miedo de no ser lo suficientemente bueno para una mujer como Amaranta, pero solo de saber que ella tomó un vuelo para ir a verme, eso no merecía menos que llevarle un oso gigante, rosas y chocolates, todo eso que es cliché, pero que ella amaba.
Gianna no tuvo otra elección que contarme lo que estaba pasando, maldije como siempre, pero no me quede de brazos cruzados, ahora el inconveniente era que había una estúpida tormenta que no dejaba abordar avión, en carro eran demasiadas horas, así que toco esperar un milagro para poder estar con mi chica especial y hacer el amor.
–Señor, ha cesado la tormenta, ya estamos listos para despegar– dijo el piloto, asentí y emprendimos el viaje, gracias a un ser supremo por hacer esto posible para ambos.
(***)
“Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que amar”
Esta frase era realmente justa para este momento, en el que por fin llegué a donde estaba mi amada, acostada en la cama de esa cálida cabaña, la misma que nos vio entregarnos en amor por primera vez, porque yo pude haber sido todo un mujeriego insaciable, pero ella llegó a mi vida, enseñándome a hacer el amor, a sentir por primera vez a recargar el alma de amor puro, no solamente llevarnos a juntar los cuerpos y saciar las necesidades carnales… eso fue amor.
Llegué un poco tarde, a la madrugada de ese día que había causado un desastre por no ver el presente, porque soy nuevo en esto y tengo miedo…
–Sigo siendo esclavo de tu cuerpo, de tu sonrisa y de tu piel… perdóname por hacer esto tan difícil en una fecha que, si para ti es importante, para mí también lo será, ma cheré– cerca de su oído, abrazando su cintura y derramando una sola lágrima.
–No puedo creer que estés aquí, mi amor… perdóname tú a mí por ser una inmadura y patética chica, tenías razón ese día en la discoteca… que era torpe para ser pelirroja– dijo citando lo primero que dije ese primer día, esa noche en la que estuve a punto de hacer la mía.
Se dio la vuelta e impregno un beso en mi mejilla, pero obviamente no iba a conformarme solo con un beso, eso era nada más la invitación para hacerle el amor, hacernos uno solo.
Se levantó de la cama y empezó a desvestirme, mientras yo me deje hacer, tocando su piel caliente y sintiendo sus pequeñas manos en mi piel, cada caricia quemaba, el hielo de la nieve que estaba rodeando la casa, ese frío se había disipado, mientras nosotros estábamos ardiendo en llamas, las llamas del amor, introduciéndome en ella de una estocada, sintiendo el latido de nuestros corazones al mismo tiempo, sabiendo que esto era el amor, la unión en cuerpo y alma de dos seres que se aman, sacando lo mejor de cada uno, besando sus labios, sus ojos y dejándome llevar a la luna, al sol, a Júpiter, a donde fuera, pero con ella, con el amor de mi vida, con la mujer que me hace sentir en las nubes.
–Te amo, Killian… ¡Gracias por ser mi San Valentín! –volvimos al vaivén de caderas, mientras lo que había empezado dulce y romántico se estaba tornando en oscuro y salvaje, sin detallar nada más que el amor te volvía ciego, pero de una forma hermosa.
Esa madrugada fue única. Una madrugada de las más lindas que tendríamos por toda la vida que nos esperaba juntos. Ni los obstáculos, peleas o berrinches iban a separarnos
Amanecimos abrazados, repitiéndonos lo mucho que nos amábamos.
–Sé porque era importante para ti no faltar a esta prueba, serás un gran papá, cuando nos llegue el momento, mi amor– dijo ella con su ronca voz matutina.
Sonreí y reafirmé que era la mujer perfecta para mí.
–Te amo, ¿te gustan tus regalos? –pregunte.
–Por supuesto que sí, gracias a Cupido por tenernos aquí a pesar de los obstáculos.
Asentí y volvimos a abrazarnos, reímos, ahora somos diferentes, somos una pareja que se ama y que ha luchado con los obstáculos del amor.
Hoy te deseo un feliz San Valentín, y te insto a que sigas luchando por la persona indicada, por el amor de tu vida y que sigas haciendo un trato con cupido, así como lo hice yo.
–Killian.