Transpiraba de los nervios, ahora me daba cuenta de la mala idea que tuve y que mis acciones habían sido muy precipitadas. Escaparme del instituto para ir a la urbanización privada, en el que se suponía protegía al hombre lobo de la mansión, me había parecido excitante, pero llegado al punto en el que tuve que entrar en acción parecía no serlo. Aunque no fue difícil acceder al recinto privado, porque ya había entrado con anterioridad y solo basto con decir mi nombre, sin olvidar de resaltar mi apellido Tabelait.
Ni siquiera fue complicado encontrar los almacenes, solo pregunte a un señor mayor y me indico la dirección. Lo complicado fue pasar al recinto, dado que no había nadie cuando llegué, tuve que ir a la parte de atrás del edificio, esperar una hora hasta que alguien salió por la puerta trasera, dejándola abierta, corrí hasta acceder y mirando a todos lados me escondí detrás de una mercancía, bolsas rellenas con lo que sea que fuese, los nervios por resultar descubierta me estaban afectando un poco.
Sin embargo, cuando empezaron a descargar los camiones que llegaban, me fije que el cargamento, eran unas cajas negras, perfectamente selladas, un hombre rubio, con una cicatriz en la mitad de su rostro se encargaba de dirigir a los demás, me pareció un poco aterrador, su atuendo n***o y un arma a la vista no me enfundaron más tranquilidad.
Ahora que me fijaba en cada persona de aquí, todos tenían armas. Excepto mi padre Robert, que portaba su bastón con orgullo, porque incluso Marcus tenía una, y parecían tener una confianza grande en el hombre rubio, hablaron bastante sobre el producto en cuestión, y Ronald, el hombre con la cicatriz, les enseño un frasco de color azul.
- Las pociones, ayudaran su proceso de curación, traje todo lo que me pediste, pero si necesitas más, debes avisar para que Cadmus vuelva a traerte un nuevo cargamento – dijo con una sonrisa.
Una poción curativa, eso sonaba muy interesante.
- Por supuesto, Ronald. Te mantendré informado, mándale mis saludos a Cadmus – dijo mi padre Robert, luego haciendo una seña, Marcus le entrego tres maletas negras.
*Dinero* pensé.
- Gracias a ti, señor Robert. Siempre es un placer hacer negocios contigo – asintió Ronald.
Me exalté, cuando tomaron con fuerza mis hombros.
¡Oh no! Me descubrieron.
- ¿Qué hacen? – reclame con un chillido, dos hombres me sujetaron con fuerza.
Y me arrastraron hasta quedar en presencia de mi padre, Marcus y Ronald. A juzgar por la mirada que los dos primeros me dirigieron estaba en problemas.
- ¡Scarlett! – exclamó mi padre Robert enojado - ¿Qué haces aquí? Deberías estar en el instituto.
- Hola papá- saludo incómoda, realmente fue lo único que se me ocurrió.
Mi padre se acercó y levantando su bastón lo coloco en el pecho de uno de los hombres gigantes que me sujetaban.
- Suéltala- exigió, inmediatamente le hicieron caso.
- No conocía a tu hija, señor Robert - menciono Ronald.
- Porque no debería estar aquí- Acuso mi padre con sus ojos entrecerrados. Sonreí incómoda.
- Señor Robert, ya sabe cómo son los jóvenes de curiosos a su edad- intervino Marcus - Déjeme y la guío a la salida, yo mismo me encargaré de llevarla a la mansión.
- Si, llévatela- acepto, Marcus me señaló la salida - En la mansión hablaremos jovencita- advirtió, asentí y dando una última mirada a Ronald, seguí a Marcus hasta la salida.
En su carro, me llevo a la Mansión, en el camino no converso conmigo, parecía pensativo. Y no insistí, porque yo estaba igual, sabía que estaba en problemas, pero no me arrepentía.
Apenas llegamos, baje del carro, y caminando a su lado, me agarró del brazo, deteniendome.
- Lo que hiciste, fue imprudente- dijo Marcus serio- No has hecho más que afirmar que sospechas cosas, tus padre no quieres que te enteres de nada. Y ahora te pondrán el camino de la verdad más difícil.
Me enoje ¿cuál verdad? que había un hombre lobo. Y que lo protegían.
- ¿Por qué no me dices tú la verdad? En vez de darme solo pista que no me llevan a ningún lado- acuse con molestia.
- Ya lo hice Scarlett - respondió con tranquilidad, sus ojos marrones dándome una última mirada, para luego entrar a la mansión- Te recomiendo esperar en tu habitación.
Suspiré ruidosamente, mientras lo dejaba atrás.
Llegando a mi habitación, tire mi mochila a un lado, gritando de rabia. Pensando en lo prepotente que me resultaba Marcus, creyéndose muy inteligente con sus adivinanzas, sentandome en mi cama, saque de mi bolsillo algo que había logrado obtener.
Un frasco. Una poción que agarre apenas dejaron un cargamento cerca de mí.
Por esto, quedé visible y me atraparon, pero valdría la pena. Porque por fin, entendería a qué se refieren con que es, curativa.
Sonreí con suficiencia.
Estaba cada día más cerca de la dichosa verdad.
Y con una idea en mente, me dirigí a mi escritorio, buscando entre las gavetas, un objeto punzante. Encontrando un "exacto" que era un objeto que servía para cortar, y era muy filoso.
Ellos dijeron que era curativa la poción, así que si me lastima a, era posible que esto me ayudara a recuperarme. Agarrando el exacto con fuerza, lo dirigí a mi palma, abriendome la piel con decisión, para muchos parecería loca, y tal vez lo estaba.
Me trague mi dolor, sujetando el frasco con otra mano, lo destape y bebiendo un poco, espere. Hasta que escuche un ruido, alguien abrió mi puerta, Marcus me veía asustado, corrió hasta estar enfrente de mí y quitándome el exacto lo tiró a un lado.
- ¡Scarlett! Acaso te has vuelto loca- regaño furioso, tanto que sus ojos se habían vuelto amarillos- ¿Cómo te lastimas de esa manera?
- ¡Porque puedo!- conteste enojada.
Y cuando agarro mi palma con delicadeza para examinar la herida, me quedé muda.
Ya no estaba, mi mano estaba sana, mi piel perfecta.