No tenía nada que hacer en casa y siempre la pasaba encerrada, la nieve afuera caía como atrayéndome y decidí que debería dar una vuelta y quizá cenar fuera era una buena opción, me puse mis botas de nieve y un cálido abrigo, una mascarilla y un gorro para evitar las miradas indiscretas de la gente, Sali de casa y cerré la puerta con seguro tras de mí, mire a mis costados y no vi nada inusual, coches lujosos estaban aparcados pegados a la acera y poca gente paseando en medio la noche.
Podía estar tranquila y comenzar mi camino, las risas de la gente retumbaban en mis oídos y extrañe a mi yo del pasado, si las cosas no hubieran cambiado tan rápido al menos me habría despedido… Camine durante unos 20 minutos, observando las luces, los locales y en general la ciudad, ¿hace cuanto que no salía? Me quito la nieve de los hombros y me adentro en un pequeño lugar de comida rápida.
-Una hamburguesa y una botella de agua por favor.
-Claro, ¿puedo ayudarte con algo más?
El menú muestra la imagen de un helado de durazno y ni siquiera disimulo lo mucho que lo quiero.
-¿Puedo obtener el helado?
-Lo agregare a su orden.
-Gracias, entonces seria todo.
Me siento en una de las mesas a esperar mi orden y el área de juegos que debería estar llena de niños está vacía y se ve triste sin un propósito.
-¿Merida Black?
Un tipo diferente al que tomo mi orden me llama y me apresuro a tomar la bolsa de papel en el mostrador, salgo del lugar y continuo mi camino, atravieso la calle que esta repleta de bares y clubes nocturnos, el olor a tabaco y alcohol me hace querer vomitar, pero me gustaba ver a la gente divertirse, yo no podía darme el lujo de hacerlo así que me conformaba con eso.
Los cristales de mi lugar favorito para observar me permitían echarle un vistazo mas de cerca a la pista de baile en el interior la gente bailaba y se retorcía unos cuantos mas se besaban, era un mundo completamente nuevo y desconocido, del otro lado de la pista había un hombre alto que no pasaba desapercibido iba vestido formal e incluso a la distancia podía ver que era muy guapo, ignore su mirada cuando creí haberla cruzado con él, continue mi camino y cuando estaba por llegar al otro extremo para girar y volver a mi casa, ahí estaba.
El amor de mi vida.
Abrazado a una chica deslumbrante, cabello castaño a los hombros sonriendo y hablando detrás de ellos pude ver al resto de mis enemigos.
Vance y Saylan.
Intente agachar la cabeza y caminar a su lado como si nada pasara, nunca me imaginé que los vería aquí y tal vez era por eso por lo que me la pasaba encerrada en casa todo el tiempo, no quería verlos, no podía.
Casi lo lograba, pasarlos de largo, pero era imposible, mi pasado estaba parado justo a mi lado, listo para darme un ultimo tiro en medio de la frente.
-Vaya… pensé por un momento que mis ojos estaban engañándome, ¿pero eres tú no es así?
Me quedo parada en medio de la fría calle, con la nieve cayendo sobre mi cuerpo, su voz era fría y se colaba por mis poros, olía a lo mismo que los chicos en esa calle, alcohol, tabaco y quizá ¿jabón? Estaba prácticamente igual que cuando éramos pequeños, a excepción de que ya no era el hombre que conocí.
-Gabriel… cuanto tiempo sin verlos.- hablo y me doy media vuelta para encararlos.
Ellos no lo sabían, no tenían ni idea de lo que paso en realidad y por eso me odiaban, los recuerdos en mi mente se reproducen como una película torturándome cada que se repetía.
***
4 años atrás.
-Por favor no… no lo hagas.
Mi primer y único amor estaba arrodillado frente a mí, sus lagrimas golpeaban el concreto con rapidez y mi corazón estaba destrozándose.
-Suéltame.- no quería dejarlo, pero tampoco podía arruinarle la vida.
Tenia que decidir.
Amor o dolor.
-¿Por qué nos haces esto? pensé que era real… yo… nosotros… te amamos Mer.
Había ensayado con ellos durante 2 años, debutaríamos juntos y seriamos felices, ellos eran mi familia, una a la que debía proteger a como diera lugar y si no me iba con mi padre quien estaba al otro lado de la calle los destruiría, sus sueños y metas quedarían rotos por mi culpa.
-¿Amor? Debo ser realmente convincente, ustedes no me importan y su maldito sentimentalismo me da asco, aunque debo admitir que fue divertido mientras duro, verlos correr por ahí cuando les daba ordenes… debieron verse… tan lamentables.- Me rio cuando termino de atacar.
Deben odiarme o nunca me dejaran ir.
-Se los dije, es una perra.- Escupe Saylan, nunca le agrade.
-¿Eso es un cumplido Saylan?.- No se como he logrado contener mis lágrimas, pero aquí estaba soportándolo.
-Si te vas, nunca volveremos a verte Merida.- Vance quien era el mas pequeño del grupo estaba detrás de Gabriel tomando su hombro.
Me quedo callada pensando en que decir a continuación necesitaba destrozarles el corazón para que funcionara, le arrebato la mano a Gabriel y doy un paso atrás, alejándome cada vez más.
-No pienso verlos de nuevo, los objetos que se botan al basurero se quedaran ahí, por siempre, Vance.
Me doy la vuelta escapando de la vieja empresa, atravieso la calle y subo al auto de mi padre, las lagrimas comienzan a caer por mis mejillas y mi padre ni siquiera se inmuta, estaba feliz de verme en esa posición, no era nada mas que un objeto que podía utilizar a su conveniencia.
-No intentes escapar de nuevo, o tus amigos terminaran pagando por tus errores Merida.
Aprieto los puños escuchando las palabras de mi padre y me retuerzo por dentro.
No tenia escapatoria, los protegería y amaría a Gabriel en silencio.
Por el resto de mi vida.