Sara
-La cuenta, por favor. -Digo a la cantinera sin mirarla a los ojos.
-Si quiere ver la carta de postres podría… -La interrumpo
-No, la cuenta, por favor. -La joven se retira y a los pocos minutos regresa con el papel que indica el monto a abonar. Le entrego los billetes y comienzo a caminar hacia el auto.
Cuando salgo del lugar veo un mercedes n***o deslizarse por la calzada y mi corazón se detiene por un segundo. Me giro instintivamente, tapando mi rostro con el cabello y levantando la solapa de la campera. Miro a todos lados, pensando hacia dónde podría correr, pero me quedo paralizada al advertir que el automóvil ingresa al estacionamiento.
“Se terminó. Hasta aquí llegué”… Pienso mientras cierro los ojos con fuerza, ya que mi cuerpo no responde a mi necesidad de correr.
Escucho que el mercedes se detiene a unos metros de mí y giro lentamente, esperando lo peor. Las puertas delanteras se abren y de su interior salen dos mujeres de edad media, vestidas en forma elegante.
El alivio recorre mi cuerpo y vuelvo a respirar de a poco. Cuando la ansiedad pasa un llanto incontenible comienza a mojar mis mejillas. Corro hacia el auto y cuando ingreso me permito seguir así por unos minutos.
El teléfono suena y miro la pantalla, esperando ver el nombre de Lorena. Mi hermana no sabe nada de lo que está pasando pero es la única persona que tiene este número. Sin embargo no es ella sino un teléfono desconocido.
Mi sangre se hiela y miro a todos lados, pensando por segunda vez en el día que finalmente fui descubierta. El teléfono sigue sonando y yo solo miro la pantalla sin poder reaccionar. Cuando finalmente termina el tono decido alejarme, ya no es seguro permanecer aquí.
Pasan unos minutos y ya estoy en la ruta cuando el teléfono vuelve a sonar, sacándome de la paz que por unos breves minutos había encontrado. En medio de mi enojo corto la comunicación pero me aparco al costado de la ruta pensando que tengo que definir qué hacer.
Repaso mentalmente y confirmo que no hay posibilidad de que alguien haya accedido a esta línea. Solamente Lorena. ¿Y si le pasó algo? Mi corazón comienza a la latir con fuerza nuevamente y decido mandar un mensaje.
>>¿Quién sos? -Veo que el mensaje es leído en forma inmediata y eso aumenta mi temor.
>>La única persona que hoy por hoy se está preocupando por tu hermana. -No dudo un segundo y llamo directamente.
-Hola. –Me dice la voz sexi de un hombre del otro lado y hace que todos mis nervios se calmen, sin que pueda explicar muy bien por qué.
Mi hermana necesita ayuda, sus problemas con el alcohol son peores de lo que yo pensaba. Mi fuga tendrá que esperar. La única persona que tengo en el mundo me necesita. La voy a ayudar y luego, ni bien pueda, retomo el plan de desaparecer para siempre.
Marcos
Mientras espero que Lorena se levante aprovecho para hacer ejercicio con la barra que tengo en el balcón. En eso estoy, cuando siento su voz y sonidos de pasos en el living. Me incorporo y la veo acercarse.
-Buenos días dormilona. -Digo con liviandad.
-¿Buenos días? Ya son casi las tres de la tarde y además la cabeza me está matando. –Se sienta en el sillón de exterior del balcón y cierra los ojos mientras se frota la sien.
-No es para menos… -La miro esperando que me pregunte por Ignacio, Camila o algo… pero no parece tener nada sobre lo que indagar. –Lorena… ¿Te acordas lo que pasó anoche? -Ella me mira sin entender, con total desconcierto.
-¿Qué pasó? -Pregunta con verdadera incertidumbre, pero al momento parece recordar algo -Ahora que lo pienso tengo un leve recuerdo de Ignacio gritándome en la terraza, pero nada más.
Le cuento a mi amiga sobre la noche y la veo realmente compungida al escuchar que Camila, al perder el trabajo podría perder también la adopción de su hijo.
-No sabía eso Marcos. ¿Por qué nadie me contó? -Pregunta angustiada.
-Supongo que no se dio, el punto es que ahora está bastante complicada la cosa por tu culpa y deberías… -Me interrumpe con un enojo que no esperaba.
-¿Mi culpa? Planeamos un plan horrible y vos lo llevaste a cabo, Ignacio me pone los cuernos con ella, ella se mete con un hombre comprometido al que está auditando… ¿y la que tiene la culpa soy yo? Qué fácil es para ustedes lavarse las manos. -Dice entrando al living y comenzando a juntar sus cosas para irse. Toma sus zapatos, guarda su teléfono en la cartera y cuando toma las pastillas para guardarlas también, aprovecho el momento.
-Justamente, no es tuya la culpa… sino de esto. -Digo tomando el blíster que sostiene entre sus dedos. Ella me mira sin entender. -Hace tiempo venís tomando de más, anoche mismo en la fiesta te advertí que pararas y no lo hiciste, y para colmo ahora veo que le sumas pastillas… Lorena, no estás bien, necesitas ayuda. -Sentencio, dejando ver mi preocupación.
Su mirada se enciende de odio y la veo inspirar profundo varias veces antes de retomar la conversación.
-No te vuelvas a meter en mis cosas. Mejor anda fíjate si Ignacio y Camila ya dejaron de reírse de vos. -Dice con todo el veneno de su alma y sale de mi departamento, dejándome helado con sus palabras.
En algún punto tiene razón. Se rieron de ella, de mí y ahora todos estamos pensando en Lorena como la victimaria de la historia. Mi odio hacia Ignacio se acrecienta y pienso que quizás se merece lo que le está pasando.
Ya me estoy yendo a acostar cuando recibo un mensaje de mi ex amigo invitándome a tomar un café mañana. Mi primer instinto es mandarlo a la mierda pero entonces pienso que tantos años de amistad no pueden terminar sin si quiera una conversación, así que contesto aceptando la invitación y le cuento a Sara que mañana nos veremos y buscaré la ayuda de Ignacio también.
>>Clavale el tenedor en la mano por mí. –Contesta con gracia. Es más que entendible que actualmente Ignacio no sea un santo de su devoción.
>>Con gusto lo haría, pero no quiero tener que atenderlo después. -Contesto
>>Por ahí tenemos suerte y tocas algún nervio y no puede operar más porque pierde la utilidad de la mano =).
>>Me asusta un poco tu crueldad, espero que nunca te enojes conmigo. –Me sorprendo al darme cuenta que me estoy riendo mientras mando el mensaje, entonces reparo en la conversación y advierto que llevamos el día entero hablando de todo, no solo de Lorena sino desde lo que comimos, tomamos y pensamos a lo largo de la tarde.
Instintivamente abro la imagen de su perfil pero no sirve de nada, es la imagen de una pluma. No entiendo para que lo abrí si es lo mismo que se veía en la imagen pequeña, pero no pierdo la esperanza de encontrar su imagen. ¿Cómo puede ser que tras tantos años de amistad no conozca a la hermana de Lorena? Repaso las r************* de mi amiga, pero con su afición por la fotografía las tiene llenas de imágenes impersonales. Llego a una imagen vieja, de varios años atrás, donde esta abrazada a una chica parecida a ella pero con muchos (muchísimos) kilos de más. Es más baja que Lorena y lleva el cabello rubio, pero el parecido en sus rostros, sumado al texto que la acompaña, no dejan dudas de que es su hermana. “S y L. Vos y yo desde siempre”. Un alivio se instala en mí al ver que nunca podría sentirme atraído físicamente por la chica de la imagen así que me relajo y sigo conversando con ella con total libertad.
>>Entonces portate bien. –Pone en su siguiente mensaje, sumado a la imagen de un cuchillo.
>>Siempre jajaja. Hasta mañana, que descanses. -Digo, despidiéndome y me estoy por dormir, cuando el teléfono vuelve a sonar.
Espero que sea ella, respondiendo a mi despedida, pero en su lugar veo un mensaje de Paula. Evalúo mentalmente si quiero salir de mi cama para ir a verla. Recordar sus pechos abultados me hace tener las fuerzas para decidirme por el sí. Me cambio y salgo hacia su departamento. Después de todo, un poco de amor no se le niega nadie.
Al día siguiente me despierto intrigado por lo que mi amigo me puede decir de toda esta situación ¿Inventará alguna excusa para intentar que le perdone? Vuelvo a mi departamento y me doy una ducha para alistarme y salir a su encuentro.
Me cuesta creer lo que Ignacio cuenta, si es una excusa, verdaderamente es una muy buena. Sentados en un bar mientras tomamos un café, me explica que Camila resulta ser la mujer de la que lleva enamorado diez años. Se habían conocido en un congreso, pasaron una noche juntos pero ella no quiso nada más por una loca idea de ir a misionar a África. En todo este tiempo fui testigo de cómo Ignacio la buscó en cada colega que conocía y hasta creo que su relación con Lorena nunca prosperó por el recuerdo de aquella noche.
No puedo seguir enojado con él, no cuando su vida se está desmoronando y la de la mujer que ama también. Así que me ofrezco a ayudarlo.
Por otro lado aprovecho el momento para contarle sobre Lorena, y no me sorprende ver que él también había notado algo, aunque al igual que yo, no le dio la importancia suficiente.
Pasamos el resto de la tarde eligiendo anillo, el plan para salvar la adopción del hijo de Camila (y quizás la relación de Ignacio con ella), incluye que se casen, así que ayudo a mi amigo en la elección y más tarde lo acompaño al departamento donde la rubia nos recibe con su peor pinta pero aparentemente con la apertura suficiente para conversar.
Me alegro sinceramente de que Ignacio tenga la oportunidad de enmendar sus errores. Volviendo a Lorena, acordamos que mañana mismo iremos él, Sara y yo a hablar con el psiquiatra. Así que me despido de todos y voy directo al aeropuerto a esperar a mi nueva amiga.