Sara
Nueve años atrás
El primer año de facultad termina y no podría haberme ido mejor. Bueno, si no fuera por el profesor Montalvo, que se empeña en arruinar todos mis fines de semana llenándome de literatura para estudiar e investigaciones para revisar.
-La espero mañana a primera hora en mi oficina. –Fueron sus palabras el jueves por la tarde, cuando vino a mi clase exclusivamente a buscarme para notificarme de la reunión.
Así que aquí estoy, dispuesta a tocar la puerta de su oficina una vez más, a las ocho en punto de la mañana.
La manifiesta rivalidad entre ambos se hace presente, por ejemplo, en este tema. Cuando él habla de “primera hora”, se refiere a las siete, lo cual me quedó claro desde nuestro primer encuentro, pero yo, para hacerle la contra, llego a las ocho, que es el horario de mi primera hora como estudiante.
Toco la puerta y él me indica que pase.
-Justo a tiempo. –Dice con una sonrisa victoriosa en los labios.
Respondo con una sonrisa fingida esmerándome en que note la ironía de mi gesto, lo cual es evidente que logro, ya que se ríe a carcajadas al ver mi expresión.
-Me alegro de resultarle divertida. –Digo sin ocultar mi enojo.
Él se para mirándome fijamente y camina hacia mí. Inmediatamente todos los músculos de mi cuerpo se tensan y mi respiración se acelera. Cuando llega frente a mí, quedamos a unos centímetros de distancia y su altura me inhibe aún más, pero no me muevo ni le aparto la mirada.
Montalvo sonríe y estira su brazo hacia la biblioteca que se extiende a mis espaldas para sacar del estante un libro muy grueso. Reconozco su encuadernado, es el primer tomo de una serie de manuales de lectura pesada y difícil, que todos los estudiantes intentamos evitar a como dé lugar.
-Lo quiero íntegramente estudiado para dentro de dos semanas, que será cuando arrancaremos el seminario de verano. –Dice con su mirada fija en mí.
Abro mucho los ojos mirando el manual que tiene en su mano y cuando devuelvo mi vista hacia él, veo la seriedad con que me está hablando.
–¿Algún problema Rodds? ¿Estas tratando de hilar más de dos palabras? –Sigue hablando con tono desafiante, mientras suelta el libro sobre la mesa y cruza sus brazos sobre su pecho.
La ira se apodera de mí y no puedo evitar que las palabras salgan de mi boca sin frenos.
-Sí, tengo no uno sino varios problemas con usted. No entiendo para qué estoy en su grupo de investigación si lo único que hago es estudiar, no me incluye en los proyectos, me aparta del grupo, me trata como una imbécil mientras los otros estudiantes son más bien sus amigos. ¿Qué le hice? ¿Cuál es el problema que tiene conmigo? –Pregunto elevando el tono de voz más de lo debido y generando una total sorpresa en su rostro, que es acompañada por un enojo igual o peor que el mío.
-¡Usted es el problema! –Exclama sin poder contenerse también. –Su boca. –Agrega acercándose y mirando mis labios fijamente, para luego seguir su recorrido por mi cuerpo a medida que habla. –Sus pechos, que no importa lo que se ponga, se marcan provocativamente. Sus caderas. Su olor. –Cuando me doy cuenta estoy completamente apoyada contra la biblioteca y él muy cerca de mí, rozando nuestros cuerpos. Mi centro palpita esperando el momento en que comience a sentirlo completamente apoyado en mí, termino la agonía de la espera llevando mis labios a los suyos, que responden iniciando un beso desenfrenado mientras me alza por los muslos y me sienta sobre el escritorio.
Nos besamos con toda la pasión contenida. Baja una de sus manos a mi pecho y lo masajea pellizcando delicadamente el pezón. Luego sigue bajando hasta llegar a mis bragas, completamente accesibles gracias a la pollera que, inconscientemente, decidí ponerme hoy. Lo imito llevando mi mano a su m*****o, que siento completamente duro y palpitante.
-Mierda. –Lo escucho decir mientras se aleja de mí hacia la puerta. Pone llave y vuelve a buscarme. Me alza nuevamente y me lleva al sillón de tres cuerpos de la oficina, el precioso rincón en que se sienta a leer, rodeado de la hermosa biblioteca repleta de libros hasta el alto techo.
Me acuesta y comienza a besarme nuevamente mientras desabotono su camisa. Cuando logro retirarla me dedico a pasar mis manos por su cuerpo desnudo, descubriendo que es aún más marcado y perfecto de lo que imaginaba. Él también retira mi camisa y se dedica a besar mis senos, lamiendo mis pezones con la intensidad perfecta para hacerme estallar de placer.
Pienso que en cualquier momento pueden interrumpirnos, por lo que me apresuro a liberar su erección de sus pantalones. Es evidente que él comparte el apuro, porque me ayuda, volviendo a colocarse sobre mí, para esta vez comenzar a penetrarme despacio mientras mi mira fijamente.
No puedo evitar gemir despacio mientras me va invadiendo, cada vez con más fuerza. Arqueo la espalda y acompaño sus movimientos con mis cadenas a medida que aumentamos el ritmo y cuando por fin ambos llegamos al clímax aprieto su espalda con mis manos dejando toda mi intensidad aflorar junto con nuestros fluidos.
Él aleja un poco su rostro del mío y me dedica una sonrisa, a la que suma un dulce beso en mis labios.
Sumar a su imagen inmejorable este el sexo espectacular, me convence aún más que antes de que mi fascinación por este hombre es más peligrosa que el fuego.
Marcos
Mientras espero a Sara en el bar del aeropuerto, donde quedamos en encontrarnos, me ocupo de responder los mensajes de varias personas que se fueron acumulando en la tarde. Cuando me doy cuenta de que el tiempo de espera fue mayor a lo pensado miro el reloj y veo que, efectivamente, debería haber llegado hace casi dos horas. Justo cuando me paro, con la intención de consultar en la aerolínea, veo que un grupo de personas comienza a salir del sector reservado y pienso que quizás entre ellos se encuentra mi nueva amiga, por lo que miro detenidamente buscando identificar a alguna mujer que coincida con su descripción, repaso mentalmente la imagen que vi de ella y recuerdo a una mujer rubia, de estatura más bien baja y pasadita de peso. No encuentro a nadie por lo que me acerco a la ventanilla correspondiente, donde un joven me informa que el vuelo arribará en solo unos minutos. Me siento nuevamente y devuelvo mi atención a la pantalla del móvil.
-Hola Marcos. Perdón por la espera, me quedé sin batería y lo pude cargar recién en el avión, así que no te pude avisar que salimos tarde. –Dice una voz suave y melodiosa que me invita a levantar la vista hacia ella de inmediato.
Morena, tez trigeña y grandes ojos color miel, adornados con hermosas pestañas. “No puede ser”, pienso mientras recorro su cuerpo con la vista, asombrado por la hermosa figura, que por cierto no tiene ni medio kilo de más. ¿Dónde está la chica de la foto? No pudo haber cambiado tanto, definitivamente me tuve que confundir al suponer que era la de la foto.
-Soy Sara. –Dice, como si hubiera leído mis pensamientos y me doy cuenta que debería explicar mi desconcierto antes que piense mal y la situación se torne incómoda.
-Hola Sara. –Respondo desplegando mi mejor sonrisa, al tiempo que me incorporo y deposito un beso rápido en cada una de sus mejillas. -Perdón, estoy un poco confundido… Pensé que eras… diferente. -Veo sorpresa en su rostro, que ahora advierto que es mucho más similar al de Lorena que el de la chica de la foto.
-¿Ah sí?... ¿Por? -Pregunta, mientras ladea la cabeza mirándome con intriga.
Dudo un momento para que las palabras no me traicionen y mientras las pienso llevo ambas manos a los bolsillos del jean. Me doy cuenta que sigue mi movimiento con su mirada y me siento analizado por lo que me arrepiento del gesto y decido cruzar mis brazos sobre mi pecho y retomar la palabra con más firmeza.
-Pensé que tenías un aspecto diferente. Alguna vez, casualmente, vi una foto de Lorena con una chica que deduje que eras vos. -Digo, rogando que me crea la mentira. Pero una pequeña sonrisa en sus labios me da a entender que no fue así.
-Menos mal que yo te busqué en las r************* así al menos uno sabía cómo se veía el otro. –Dice con naturalidad, ensanchando su sonrisa.
-Menos más que uno de nosotros tiene r************* . –Retruco la apuesta devolviéndole mi mejor y más amplia sonrisa.
Por un minuto ambos nos quedamos en silencio y me doy cuenta que si a la hermosa mujer que tengo en frente, le sumo la frescura de nuestras conversaciones de los últimos días, posiblemente me esté llevando la soga al cuello al mejor estilo de Ignacio con Camila.
El teléfono de Sara interrumpe el cómodo silencio entre ambos y en su rostro se dibuja una expresión de fastidio. Lee un mensaje en el móvil y lo bloquea para luego colocarlo en el bolsillo trasero de su pantalón.
-Como el vuelo se retrasó me dieron de baja la reserva, espero que conozcas un hospedaje de camino, porque si no duermo rápido no voy a servir de nada mañana. –Su mirada de perrito mojado me da ganas de decirle que en mi cama hay suficiente espacio, pero me castigo mentalmente recordándome que es la hermana de Lorena y lo último que necesito en este momento es sumar problemas a su historia. Aunque la opción de mi departamento no tiene porqué ser un problema.
-Vamos a casa, tengo habitación de huéspedes. –Mientras lo digo voy agarrando su bolso. Me sorprende ver que es pequeño, Lorena hubiera traído el ropero entero. -¿Y el resto dónde está? -Digo mirando para todos lados en tono de chiste, pero veo incomodidad en su rostro y eso me hace dudar y retomar rápidamente la conversación mientras camino hacia la salida. -Espero que te gusten los tacos porque encargué las tres mejores variedades de mi lugar favorito y estamos llegando justo a tiempo para buscarlas. -Su mirada se enciende de alegría nuevamente y camina al lado mío mientras iniciamos un diálogo animado como los que hasta ahora teníamos de manera virtual.
De camino al lugar de comidas conversamos de todo y no puedo evitar notar que no me molesta en lo más mínimo escucharla durante varios minutos, cosa que normalmente no me pasa más que con Ignacio y, solo en parte, con Lorena.
-¿Me estas escuchando? –Dice, interrumpiendo mis pensamientos. Al ver mi gesto de asombro me da un pequeño golpecito en el brazo y sigue. -Ya veo con qué atención habrás leído todo lo que te escribí en estos días. –Dice con el mismo tono divertido de siempre.
-Si no los leía, ¿cómo hubiera contestado? –El semáforo da en rojo y aprovecho para detenerme a observarla mientras parece buscar una respuesta en el techo del auto pero se distrae con el techo corredizo y su sonrisa nuevamente aparece en todo su esplendor.
-Amo este techo. ¿Lo podemos abrir? –Para cuando hizo la pregunta ya había leído su intención así que el techo comenzó a abrirse antes que termine de formularla. Se recuesta entre el respaldo del asiento y la puerta y mira fascinada el cielo… mientras yo la miro fascinado a ella, tratando de asimilar que por más que me tiente no puedo decirle todas las cosas que en este mismo momento me está generando.
Una bocina me saca de mi ensoñación y recién ahí noto que el semáforo volvió a verde. “Estoy jodido”, es lo único que puedo pensar.
La cena parece durar solo unos minutos entre las risas y las ocurrencias de Sara. Es evidente que ambos preferimos evitar el tema que nos reúne pero finalmente ella decide tocarlo.
-Gracias por ayudar a Lorena. No sé cómo hubiera hecho sin vos. -Extiende su mano y la apoya sobre la mía. –Aunque nos conocemos hace poco, te considero un verdadero amigo, ¿sabes?
Sus palabras son como dagas en mi ego. Repaso un momento y me doy cuenta que no sentí el menor intento de coqueteo de su parte. Tampoco le sonó rara la idea de venir a mi casa, como si hubiera dado por sentado desde el primer momento que no implicaba una propuesta más allá del hospedaje. “Mejor”, me recalco, recordando que es la hermana de Lorena y estamos acá por ella. No puedo permitirme ver a Sara con otros ojos… Pero sentados los dos en la alfombra, con una copa de vino en la mano y habiéndonos reído por horas que parecieron minutos, la premisa no parece tan sencilla.
-Igualmente Sara, amigos. -Digo colocando mi otra mano sobre la suya. Pero no puedo dejar de reconocer que algo adentro mío se apaga al ver que no hay desilusión en su rostro. Me paro dando por finalizado el momento. –Mañana tengo que salir temprano, en el recibidor tenes una copia de las llaves. Vuelvo a horario para buscarte para la cita con el psiquiatra. –Digo, mientras me voy alejando por el pasillo hacia mi habitación, masticando la frustración que me genera encontrarme nuevamente con una mujer que parece no inmutarse ante mí, solo que esta vez mis instintos sí se están inmutando ante ella. Y demasiado.
Cuando llego a mi habitación miro la pantalla del móvil y veo una notificación. Abro el mensaje y veo una sugerente invitación de Karina. Su marido aún no llegó y espera contar con mi compañía. Decido que no sería una mala manera de escapar de toda la tensión acumulada en los últimos días, así que vuelvo a salir esperando encontrarme con Sara, me freno un momento pensando qué le diría pero me recuerdo a mí mismo que no tengo que explicarle nada. Cuando estoy llegando a la puerta del departamento la escucho cantando en la cocina. Por un momento me tienta entrar y seguir conversando con ella, pero evalúo la situación y decido seguir mi camino, así que lo hago y me dirijo al departamento de Karina sin pensar más.
Las puertas del ascensor se abren y veo la figura esbelta, con la cascada de cabello rubio cayendo sensualmente por el borde del sillón. Se incorpora con una sonrisa seductora y me permite apreciar su camisón sexi, de encaje combinado con transparencias. Me alegro inmediatamente de haber venido y me acerco con decisión. Ella se para y comenzamos un beso ansioso y profundo. Nuestras lenguas se entienden a la perfección y por un momento me pregunto si con Sara sería igual. Son tan distintas que quizás llevarme tan bien con Karina significa que con ella costaría más.
-¿Te pasa algo?
La voz de Karina me devuelve a la realidad, no entiendo en que momento pasé de disfrutar el inicio de un momento s****l con ella, a pensar en cómo sería besar a la mujer que me espera en mi departamento. Error: ella no me espera. Somos solo amigos. Me obligo a volver a la sintonía en que estaba y vuelvo a tomar a Karina sin si quiera responderle, igualmente “hablar” nunca fue lo nuestro.
Nos desvestimos con urgencia y ella se arrodilla ante mí llevando mi m*****o a su boca. Los movimientos expertos de su lengua me hacen disfrutar y mi mente por fin para de pensar, solo puedo concentrarme en lo bien que se siente la succión de su cavidad y lo preciso de la presión que ejercen sus labios. Abro los ojos, miro hacia abajo y el rubio de su cabello me sorprende… ¿En qué momento comencé a imaginar que era una morena quien me generaba todas estas sensaciones?
Me enojo conmigo mismo y una vez más la frustración está a punto de arruinarme la noche, así que aprovechando la fuerza que genera en mí esa molestia que me invade y la levanto con brusquedad, aprisionándola contra el ventanal de vidrio que nos separa del balcón. Beso sus labios una vez más y decido que no estoy disponible para conectar con nadie hoy, así que la pongo de espaldas. Tomo rápidamente el preservativo, lo abro y coloco con agilidad y vuelvo a concentrarme en ella, que me espera paciente. Recorro el contorno de su cuerpo con las manos y dedico especial atención a sus trabajados muslos. Acerco mi m*****o a su entrada y cierro los ojos mientras comienzo a penetrarla, primero despacio y luego cada vez con más fuerza.
Llevo una mano a uno de los pechos de Karina y me imagino masajeando los pezones de Sara. Maldigo internamente porque ahora entiendo que cerrar los ojos fue una pésima elección, pero las embestidas hacen que me sienta cada vez mejor, que no quiera parar ni recapacitar sobre nada en este preciso momento, así que me relajo y me permito disfrutar de la situación, con las alteraciones que mi mente elige. Con la otra mano me sostengo del vidrio para poder imprimir más fuerza a mis movimientos y comienzo a sentir que los músculos de mi compañera se contraen con más fuerza así que decido que es momento de acabar. Vuelvo a dejar mi mente volar y nuevamente imagino que es Sara quien está gimiendo por el placer que le causo y así llego al orgasmo justo a tiempo para coincidir con… Karina.
La sonrisa mental que había surgido se borra al volver a la realidad y ver a la rubia frente a mí. Mientras nos vestimos despacio la veo pensativa y de pronto su voz me sorprende.
-No es que me queje, pero hoy estuviste más… agresivo, que de costumbre. ¿Seguro que está todo bien? -Un pensamiento me viene a la mente al escuchar su pregunta: Si me pasara algo no se lo contaría, porque ella no es mi amiga ¿O sí? Quizás eso de ser amigo de Sara tampoco sea tan inocente como me lo estoy planteando.
-¿Vos dirías que nosotros somos amigos? -Pregunto cambiando de tema y veo una expresión de total desconcierto en su rostro. Abre y cierra la boca hasta que decido sacarla del trance, parece que las neuronas no logran la conexión necesaria para razonar una respuesta a mi pregunta. –Deja, no me hagas caso. –Me dedica una sonrisa de agradecimiento mientras termina de vestirse y yo emprendo el regreso al departamento, más consternado de lo que llegué. Esta sensación de vacío después de unos buenos minutos de sexo y un orgasmo envidiable no es propia de mí.
El departamento ya está a oscuras y cuando llego a la puerta de mi habitación miro por un segundo la de enfrente, sabiendo que Sara está del otro lado. Me recuesto un momento pensando en tocar la puerta e invitarla a probar otro tipo de amistad, pero mi teléfono interrumpe toda idea cuando vibra en el bolsillo interno de mi pantalón. Es una notificación sobre Lorena. Configuré mis r************* para enterarme al momento de todo lo que ella publica así que en este momento veo que subió una foto cenando y en su mesa hay un vino. La sola idea de pensar que volvió a tomar tan pronto, después de todo lo que pasó, hace que me sienta el peor amigo del mundo, en vez de recordar que estamos en esto por ella, estoy tanteando mi masculinidad con su hermana. Solo nos tiene a los dos, claramente no es momento para complicar nada, me repito una vez más y entro a mi cuarto dispuesto a dormir.