Capítulo 4

2754 Words
Sara Miro hipnotizada la espalda de Marcos, mientras se aleja por el pasillo. Desde que vi su perfil en las r************* me repito mentalmente que no puedo sentirme atraída por él, pero ¡Dios, que difícil!, ¿Cómo podría hacerlo, cuando el hombre en cuestión parece más un dios griego que un simple mortal? Repaso mentalmente todas las alertas que me puse sobre su persona: Un hombre increíblemente atractivo, con la mujer que quiera a sus pies y que conoce a la perfección esa realidad. Un hombre inteligente e interesante. Un hombre que me hace reír, que parece ser la perfecta recreación de todo lo que busco en un compañero… No, no puedo tropezar dos veces con la misma piedra, me recuerdo. No puedo caer nuevamente, cuando todavía estoy intentando juntar los pedazos que quedan de mí… si es que puedo considerar que queda alguno. Termino mi copa y junto las cosas llevándolas a la cocina. Las lavo, acomodo y finalmente me dirijo a la habitación. Veo la puerta de su dormitorio cerrada y me pregunto si seguirá despierto. Por enésima vez me recalco a mí misma que no puedo pensarlo más que como un amigo. Incluso más que amigo mío, es de Lorena, y todo esto es por ella. Ingreso a la habitación y me tumbo en la cómoda e inmensa cama, recordándome que ni bien podamos encaminar su recuperación, desapareceré de la vida de ambos para siempre. La mañana me encuentra descansada y relajada como hacía tiempo no me sentía. Sin dudas, poner distancia de mi pasado ayuda a calmar todas las ansiedades. O casi todas. Miro mi bolso, depositado sobre el sillón de un cuerpo ubicado en una esquina del dormitorio y pienso que definitivamente debería darme una ducha y comenzar a organizar mis ideas para la conversación que tenemos delante con el psiquiatra. Entro al baño y comienzo a disfrutar de un largo y reparador baño caliente. Al salir me coloco mi pijama favorito, se trata de un short rosa con corazones blancos y una remera musculosa también blanca, con los ojos y bigotes de un gato. Ya que tengo un par de horas para estar sola, voy a pasarlas lo más cómoda posible. Salgo del cuarto estrujando y fregando mi pelo con la toalla y cuando llego al living, la imagen de Marcos entrando del balcón me deja helada. Lleva un short n***o deportivo y una remera gris que se le pega al cuerpo dejando en claro que pasa muchas, muchísimas horas en el gimnasio. Junto fuerzas y respiro hondo para actuar con la mayor naturalidad posible, escondiendo mis pensamientos con chistes. -Buen día, cuando anoche dijiste que tenías que salir temprano pensé que sería más lejos que al balcón. –Levanta la mirada sorprendido y su sonrisa se borra cuando ve mi aspecto. Bajo la vista buscando la razón y me imagino que puede deberse a varias cosas, lo infantil de mi atuendo, la idea de que me haya bañado inmediatamente después de despertar, o la dureza de mis pezones que se notan a través de la tela, traicionando mi intento por disimular las ideas que me generó la imagen de Marcos. -Buen día. –Dice corriendo su vista, intentando disimular la incomodidad que generé involuntariamente. –Cambiaron mi horario de encuentro, tengo que ir antes de la visita al psiquiatra, así que lo ideal sería ir a la reunión y después seguir directamente a la clínica. -No te preocupes por mí, nos podemos ver en la consulta. -Me apresuro a desligarlo de la responsabilidad de buscarme para ir juntos. -En realidad la clínica es bastante lejos y mi reunión queda de camino. Si te parece podrías acompañarme, no me va a llevar más que unos minutos. -Dice con naturalidad. -Sí, claro, por mí no hay problema. -Respondo, pensando en lo mucho que odio esta falta de independencia. -Buenos días señorita, espero que le gusten los desayunos completos como al señor, porque hice para ambos. -La voz de una mujer me hace girar y encontrarme con unos amables ojos negros, de mirada muy profunda. La portadora de ellos es una mujer regordeta y bajita, que lleva el pelo completamente cubierto de canas, recogido en un prolijo rodete y un batón a cuadros con un delantal informal y zapatos planos. Miro la bandeja que deposita sobre la mesa y la boca se me hace agua con todo lo que contiene. -¿A quién podría no gustarle esto? Usted es lo mejor que me pasó en los últimos tiempos… -Digo bromeando a la señora, mientras comienzo a ayudarla a sacar las cosas de la bandeja y depositarlas en la mesa. -Gracias por lo que me toca. -Dice Marcos, acercándose a nosotras. Pasa por atrás mío y llega hacia la señora, la rodea poniendo un brazo sobre sus hombros y besa su cabello con dulzura. -Te presento a Ema, mi futura esposa. -Dice con gesto de orgullo mientras ella golpea su abdomen con el repasador que tiene en la mano. -No me darían las fuerzas para pelear contra tantas contrincantes… -Ríe ella, mientras lo mira con amor. Vuelve su mirada hacia mí y sigue. -Soy algo así como la “ama de llaves” del señor Marcos. -Me conoce desde los 3 años y no puedo conseguir que deje de decirme así. -Agrega Marcos, mientras se sienta a la mesa y comienza a servirse el café. Yo lo imito y desayunamos mientras conversamos animadamente, dejando toda incomodidad atrás. Terminamos de desayunar y mientras Marcos va a bañarse yo me dispongo a buscar una vestimenta adecuada para la cita con el doctor. Caminamos por el pasillo que lleva a las habitaciones mientras seguimos conversando y la naturalidad entre ambos me impacta una vez más, tanto que separarnos al llegar a los dormitorios parece una molestia, quisiera seguir el camino hacia su habitación, hacia el baño, entrar con él a la ducha… Nuevamente me veo obligada a reprimir toda idea s****l que pueda asomar en mi mente y me apresuro a ingresar a mi habitación. Me cambio y voy nuevamente al living, con una libreta y un bolígrafo. Repaso mentalmente lo que sé de trastornos de adicción y anoto las preguntas que quiero aclarar con el profesional que tomará el caso de mi hermana. Estoy completamente abstraída hasta que el chasquido de unos dedos frente a mi rostro me hace volver a la realidad. Levanto la mirada y por segunda vez en el día me impacta la sensualidad del hombre que tengo en frente… Pantalón de vestir a medida, camisa elegante, prolijamente arremangada sobre los codos y con los primeros botones abiertos y el pelo prolijamente peinado. Nuevamente disimulo desde el chiste, ocultando mi excitación. -Pensé que eras médico, no agente bolsa. -Se ríe mientras prende la malla del reloj formal que acompaña a la perfección su vestimenta. -La reunión a la que vamos implica usar este disfraz. -Inmediatamente pienso que quizás yo no este vestida para la ocasión. Me miro instintivamente y repaso mi atuendo: jeans azul oscuro rotos en las rodillas, zapatillas bajas y una remera con el logo de “Guns N’ Roses”… Definitivamente no pega con su aspecto. -Creo que me voy a cambiar. -Digo, incorporándome del sillón. Pero él me interrumpe tomándome del brazo. -No hace falta, estas perfecta. -Sus últimas palabras calan en mi mente y me suelto rápidamente de su agarre para evitar que note la corriente eléctrica que me genera su contacto. -¿Seguro? Si es por la hora prometo que no tardo nada. -Añado con preocupación. -Seguro, vamos… -Dice con una sonrisa muy dulce, mientras ingresa al ascensor. Dudo un momento pero finalmente lo sigo. Mientras bajamos guardo mi anotador en la mochila y la cuelgo al hombro. Él sigue mis movimientos con la mirada y me dedica una sonrisa tierna como la de antes, el gesto me intriga, pero realmente no logro descifrar por qué. Marcos La veo colocarse la mochila al hombro y reparo nuevamente en su cabello castaño oscuro, con ondas naturales, que tanto me gusta. Me impacta una vez más lo distinta que es a Lorena. Su hermana siempre se ocupa de estar despampanante, con el maquillaje obligatoriamente colocado y la ropa de última moda, jamás saldría a la calle con el pelo sin arreglar o unas zapatillas bajas. Nuevamente la imagen de Karina, con el camisón de encaje y transparencias, en contraste con el pijama de gatito que Sara tenía hoy, vienen a mi mente… ¿Cómo puede ser que lo segundo me parezca mil veces más sexi? ¿Desde cuándo perdí el gusto por la lencería fina? En ese momento Sara se agacha a atarse los cordones y el recuerdo de anoche, cuando imaginé que era ella quien me hacía sexo oral, hace que me vea obligado a girar para disimular la erección que inconscientemente comienza a asomar. Las puertas del ascensor se abren y camino hacia el auto. Abro el baúl y saco dos cascos. Cuando giro para darle uno a Sara la veo parada al lado de la puerta del acompañante. -No, vamos a ir en moto. -Le digo, mientras extiendo el brazo acercándole el casco. Abre los ojos y la boca con evidente sorpresa y puedo notar su nerviosismo así que sigo. -No hay problema, si no te gustan las motos podemos ir en auto. -No, sí me gustan… creo… nunca subí a una. Pero me gustaría probar. -La miro nuevamente y veo sus mejillas más rosadas que antes, lo que hace que no pueda evitar sonreír con dulzura hacia ella una vez más. Le coloco el casco y lo ajusto mientras desde donde estoy puedo advertir que su corazón late más fuerte llenándome de ternura. Subo a la moto, la enciendo y espero que ella suba también. Su reflejo en el auto mientras sube la pierna con gracia y facilidad para quedar sentada detrás de mí me hace pasar de la ternura a la excitación en solo un segundo. -¿Lista? -Pregunto mientras la siento apoyar su cuerpo sobre mi espalda para hablar sobre el ruido del motor. -¿De dónde se supone que tengo que agarrarme? -Dice con nerviosismo y no puedo evitar soltar una carcajada. Tomo sus manos y las entrelazo a mi cintura. La siento dudar pero cuando arranco aprieta más fuerte y veo que sus dudas ceden ante el temor que le genera la nueva experiencia. En el camino puedo notar que sus miedos van disminuyendo medida que logra disfrutar del paseo y hasta la veo sonreír por el espejo retrovisor. No es raro que me sienta tan bien haciendo sentir bien a otra persona, eso está en mi naturaleza… pero esta sensación de plenitud con solo ver a otra persona reír, sin dudas es nueva. Llegamos al lugar de la reunión, una cafetería elegante con muchas plantas que cuelgan desde el techo y le dan un aire de exterior que suma hospitalidad al ambiente. Me anuncio con el recepcionista y éste nos dirige a una mesa donde una elegante y atractiva mujer de cabello rojizo está leyendo algo en una Tablet. Al advertir que nos acercamos, la pelirroja levanta la mirada y por un segundo veo sorpresa en sus ojos. Es entendible, esperaba encontrarse con mi padre… aunque juraría que no es ese el motivo de su expresión, ya que algo parece haber despertado una especial ferocidad en ella. -Buenos días. Marcos Álvarez, mucho gusto. -Digo, mientras extiendo una mano hacia ella, que se incorpora y me devuelve el gesto sonriendo excesivamente sin apartar su vista de mí. -Buenos días. Romina Ibarra, igualmente. –Su vista pasa inmediatamente a Sara, que está acomodando su pelo revuelto por culpa del casco. Yo también la miro y cuando ella advierte que ambos tenemos la atención sobre ella se sonroja nuevamente. Veo que sus hermosos ojos color miel se humedecen levemente mientras mira a Romina así que también desvío mí vista hacia ella. Para mi sorpresa, veo a la pelirroja mirar a mi acompañante con indisimulado desdén y mi sangre hierve ante su actitud. -Perdón, ella es Sara. -Dudo un momento en cómo presentarla pero decido que esta mujer merece una lección de humildad. -Mi futura esposa. -Digo con seguridad, mientras hago un guiño de ojo imperceptible para Romina pero más que claro para Sara. Ésta me devuelve una sonrisa de lado demostrándome que captó la idea. -De hecho, ella va a decidir si contratamos a su empresa o no.- La pelirroja vuelve a mirarme con un total asombro y lo disimula dirigiendo con una fingida sonrisa a Sara. -Un gusto Sara. Va a ser un placer explicarles todo. -Nos sentamos y la mujer comienza a exponer los beneficios de contratar a la empresa para la que trabaja. En seis meses mi madre cumple sesenta años y mi padre está preparando una fiesta sorpresa pero como hoy se le complicaba venir a ver el servicio, me pidió que lo hiciera yo. No puedo evitar reírme para mis adentros cuando veo que la pelirroja le explica millones de cuestiones a Sara, mientras que la cara de espanto de ella deja en evidencia que le parecen completamente inútiles o inentendibles. Es evidente que Sara no es el estilo de mujeres que se desmayen por organizar un evento. Viene a mi mente que esta es otra de las características que la diferencia de Lorena, que estaría encantada de hacerlo. -Creo que Lorena te podría ayudar mejor que yo en esto… -Dice Sara mientras me mira con cara de espanto. Reflexiono por un momento, es imposible que hayamos estado pensando lo mismo y al mismo tiempo… Pero prefiero no decirlo. -Si quieren me pasan el número de esa persona… Lorena, y me comunico con ella mañana mismo. -Dice la organizadora, habiendo escuchado el comentario. La expresión en el rostro de Sara cambia drásticamente. Baja los ojos y puedo advertir que intenta ocultar una profunda tristeza. -Para dentro de unas horas no creo que tenga teléfono. -Dice casi sin voz. Paso un brazo sobre su hombro y la atraigo hacia mí. Ella responde sin dudar apoyándose en mi pecho y nos quedamos unos minutos así, en completo silencio. -Bueno. Si les parece les paso el presupuesto por escrito y cuando puedan me confirman. -Dice la pelirroja con aires de pocos amigos. -Perfecto. A este mail, por favor. -Contesto pasándole una tarjeta. Veo que la sonrisa de la mujer vuelve a asomar junto a una mirada sugestiva y maldigo mentalmente pensando que pudo interpretar algo diferente de mi intención, que era solamente recibir el presupuesto en mi correo personal y no el de la empresa, desde donde la contactó mi padre inicialmente. -Adiós. -Se despide ignorando nuevamente a Sara, lo que hace que mi enojo hacia ella aumente. Sin embargo, cuando la veo caminar hacia la salida, no puedo evitar dirigir mi mirada hacia su trasero, que se marca a la perfección con el vestido ceñido que lleva puesto. -¿Si ya terminaste de mirar, nos podríamos ir nosotros también? -Dice Sara retirándose de mi lado. Si fuera Lorena o Lucía me estaría riendo de que me haya descubierto, no logro entender porque con ella no me pasa… “Amiga, es solo una amiga”, me recuerdo mentalmente y decido descomprimir la situación con una broma. -No te pongas celosa, el tuyo no tiene nada que envidiarle. -Digo con una sonrisa ancha y espero una respuesta ingeniosa de su parte pero en vez de eso veo una expresión de enojo y furia que me saca totalmente de juego. –Era chiste. -Se cruza de brazos y levanta una ceja, parece que lo empeoré. -No digo que sea chiste porque no tengas buena cola sino que… -Mejor vamos. -Dice dirigiéndose hacia la puerta, más enojada que antes. Subimos a la moto, hacemos un par de cuadras a una velocidad baja por la cercanía de un semáforo y no puedo evitar notar que no me abraza, solamente se limita a agarrarse de mi camisa, evitando todo lo posible el contacto. Entonces decido darle una lección y cuando el semáforo da verde comienzo a manejar a más velocidad. Eso la obliga a acercarse y abrazarme y saboreo la victoria mientras veo por el retrovisor que su enojo va cediendo ante el placer que le genera el viento en la cara, sumado a la luz del sol. Sonrío sin disimulo cuando veo su expresión relajada nuevamente y me sorprendo una vez más al reconocer la plenitud que genera en mí ver esa sonrisa.
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