Sara
Bajo de la moto con toda la felicidad que la adrenalina del vehículo me generó. Nunca me hubiera imaginado que me iba a gustar tanto. Cuando Marcos me invitó a subir sentí un pánico terrible, pero la cercanía con su cuerpo, su olor invadiendo mi mente, el viento jugando con mi cabello y el sol pegando de lleno en mi rostro hicieron que me olvidara, en el primer tramo del viaje, de los miedos, y en el segundo, de la molestia que me generó verlo mirar con deseo a la mujer que me estaba tratando como una estatua. Lo peor es que estoy segura que él se dio cuenta, y fue por eso que dijo que era su prometida… Obviamente me encantó fingirlo, y tengo que reconocer que estaba rogando que la situación me obligara a tocarlo más. Pero no se dio, de hecho el único contacto, lejos de ser algo sensual, fue más bien de compañerismo.
Llegamos al estacionamiento de la clínica de salud mental y veo bajar de un auto a Ignacio. Si bien hace tres años sale con mi hermana, no lo había visto nunca en persona, y justamente ahora no tengo la mejor predisposición hacia él, pero intento controlarme, en todo caso, si esta acá es porque algo le importa Lorena, y después de lo que me contaron que ella hizo en la gala, entiendo que, en algún punto, le tengo que agradecer a Ignacio por estar acá.
-Hola Sara. ¿Cómo estás? -Dice él, con un aire serio, que contrasta a la legua con la chispa y vitalidad de su amigo.
Objetivamente, no puedo negar que Lorena tiene buen gusto, después de Marcos, es el hombre más lindo que vi en los últimos tiempos.
-Hola Ignacio. Bien. Gracias por venir. -Respondo con educación.
Ellos también se saludan y entramos al despacho.
El psiquiatra comienza a explicarnos que, según lo que Marcos le contó de la situación, existen varias posibilidades de intervención, pero la que nos sugiere, como ya me veía venir, es la internación. Detalla los motivos y fundamentos y cuando termina comienzo con las preguntas que tenía pensadas. El profesional las responde pacientemente y creo que nota que hablamos el mismo idioma, porque se dirige a mí con términos técnicos y específicos, haciendo alusión a cuestiones propias de la psicología que no cualquiera entendería.
Terminamos la reunión muy pasado el mediodía. Ignacio se despide prácticamente a las corridas y Marcos y yo nos quedamos en el estacionamiento, solos y en silencio.
Cuando lo miro veo reflejados en él mis propios sentimientos de tristeza y desilusión.
Por sugerencia del médico, tenemos que ser Marcos y yo quienes hablemos con Lorena, por lo que ahora mismo iremos a su departamento. Siento que las piernas se me aflojan de solo pensar cómo lo va a tomar. Lorena no es una mujer fácil, tiene un carácter complicado y siempre logró intimidarme. Pareciera que Marcos lee mi pensamiento porque se para frente a mí, pone sus manos en mis hombros y busca mi mirada con sus ojos, cuando la encuentra me dice con voz segura.
-Estamos juntos en esto, vas a ver que todo va a salir bien. -No puedo evitar que sus palabras me conmuevan y unas lágrimas silenciosas comienzan a recorrer mis mejillas. Él me abraza y deposita un beso en mi cabeza. Respondo a su gesto y me quedo unos minutos sintiendo su corazón latir acelerado, lo que me recuerda que él también está pasando por un momento difícil, después de todo Lorena es su mejor amiga y por lo que puedo ver ambos se tienen un cariño muy importante. Me alejo y junto fuerzas para apoyarlo yo también.
-Sí, es lo mejor para ella… Gracias a esto va a estar bien. Vamos. -Sentencio, poniéndome el casco.
Llegamos al departamento de Lorena y justo cuando vamos a tocar el timbre de la planta baja una pareja está saliendo y nos permite ingresar, por lo que subimos directamente. Como se trata de un segundo piso decidimos usar las escaleras y al llegar tocamos el timbre y esperamos en silencio.
No hay respuesta así que volvemos a tocar. Por el silencio que se percibe no parece haber nadie del otro lado. Marcos toma su móvil y comienza a llamar a Lorena y escuchamos su teléfono sonar adentro del departamento. Nos miramos con preocupación y luego de unos minutos Marcos habla.
-¿Qué hacemos? ¿Forzamos la puerta?
-No se… supongo que no habrá más opción.
Se saca la campera y empuja la puerta con un golpe seco de su hombro. Como si nada, la puerta se abre al primer intento. Me mira y es evidente que la sorpresa que me generó se tradujo en mi rostro ya que se ríe antes de hablar.
-No me tengas tanta fe, por favor. -Dice risueño
-No es eso… -Comienzo a decir, pero la voz de Lorena me interrumpe.
-¿Qué están haciendo ustedes acá?
Miro al interior del departamento y la veo incorporarse en el sillón de tres cuerpos donde, evidentemente, pasó la noche… y las muchas horas que ya van de este día. Recorro con la vista el lugar. En cada rincón hay cajas de comida rápida apiladas, vasos sucios y copas, muchas copas. Incluso sobre la mesa hay tres botellas de vino tinto vacías, al lado de una montaña de ropa aparentemente sucia.
Busco con la vista a Marcos y cuando nuestras miradas se cruzan entiendo que los dos estamos pensando lo mismo: Definitivamente sí, Lorena necesita con urgencia nuestra ayuda.
-Lorena, venimos a hablar con vos. -Dice Marcos con voz decidida, cerrando la puerta a su espalda.
-¿Cuándo llegaste? -Me dice ella a mí, sin una pizca de cariño.
-Hola hermana, que lindo verte después de tanto tiempo… te extrañé. -Digo como si la estuviera imitando, en tono de reproche y me acerco para abrazarla pero ella se retira evitando el contacto y mira a Marcos con determinación.
-Sos igual a Ignacio, una noche nos besamos y a la siguiente estas agarrándote a mi hermana. -Dice ella con furia y veo el rostro de él transformarse.
Siento mi corazón detenerse por un momento, no puedo digerir la idea de Lorena y Marcos besándose, y eso sin dudas cambia toda mi perspectiva sobre esto, sobre él, sobre la relación entre ellos… Ya no estoy tan convencida de hacer esto como hasta hace solo unos segundos.
-Lorena, eso no… -Comienza a decir él pero ella no le deja terminar.
-No se preocupen, yo me imagino para lo que vinieron. Los dos están confundidos, no tengo ningún problema con el alcohol ni las pastillas, como ambos me sugirieron.
-Quizás es verdad. -Digo, y veo por el rabillo del ojo que Marcos me clava la mirada como dagas mientras la expresión de Lorena se suaviza.
-Sara… -Dice él dirigiéndose a mí.
-No… tiene razón. Soy su hermana, por lo menos tendría que escucharla. Dejanos solas por favor. -Veo el desconcierto en su rostro pero no puedo mantenerle la mirada. El baja la mirada y niega ofuscado pero luego suspira y sale del lugar.
Cuando se va Lorena se calma finalmente. Se acerca a mí y me abraza. Nos quedamos así unos minutos y la siento llorar así que acaricio su espalda y su cabeza. Cuando noto que se calma la siento en el sillón nuevamente y me ubico al lado, mirando hacia ella.
Conversamos durante varios minutos, en los que me cuenta nuevamente todo lo que vivió en las últimas semanas. Su novio de hace tres años, con quien pensaba que algún día se casaría y tendría una familia la dejó sorpresivamente y ahora la odia. Su trabajo está en la cuerda floja y no se siente capaz de ser la profesional que debería ser para el puesto. Su mejor amigo y ella se besaron y ahora no entiende cómo quedó la relación. Es demasiado para cualquier persona.
En medio del relato espero escuchar que reconozca estar tomando de más o consumiendo algún tipo de medicación innecesaria, pero no lo hace. Lo que me da la pauta de que todo su relato está teñido de su falta de percepción de la realidad, así que decido que lo mejor será incorporar a Marcos a la conversación, aunque en este momento, verlo es lo último que quiero.
Salgo del departamento, bajo y lo encuentro recostado por la moto, con un cigarrillo en una mano y la otra en el bolsillo delantero. Se ve tan bien que maldigo por tener que odiarlo. Es verdad que es un hombre soltero y libre, pero besar a mi hermana sabiendo por todo lo que está pasando, y siendo la ex de su mejor amigo, realmente es bajo, muy bajo.
-¿Queres subir? -Digo con tono de pocos amigos. Él me dedica una mirada llena de furia. Tira el cigarrillo al piso y pasa por al lado mío sin decir una palabra.
No puedo entender que encima de todo, sea él quien se enoja conmigo… realmente es increíble. Pasa por mi lado sin mirarme y sube. Lo sigo con paso acelerado y entro al departamento tras él.
Lorena esta parada en el marco de la puerta ventana que da al balcón y tiene en sus manos un vaso de agua.
-No sé de qué hablaron, así que no tengo idea de lo que está pasando. -Dice Marcos, claramente molesto. Lo miro con incredulidad pero entiendo que tiene razón. Inspiro hondo y suelto el aire lentamente hasta que por fin miro a Lorena y hablo con toda la suavidad que puedo.
-Lore… Creemos que necesitas una internación. -Veo de reojo a Marcos acomodar su postura y mirarme ya sin enojo sino más bien con precaución. Corre su mirada a Lorena que nos ignora totalmente. -Lorena…
-Ya te escuché. -Si gira quedando de frente a los dos y para nuestra sorpresa dice. -¿Saben que es esto? -Mostrando un blíster vacío de una sola pastilla. Mi corazón se encoje pensando qué puede llegar a ser. -Un anticonceptivo de emergencia. Lo tuve que tomar porque no tengo idea de lo que hice anoche ni con quién. No me acuerdo de nada después de las cuatro y me desperté acá hoy, a las dos de la tarde. Supongo que tendría que hacerme también el análisis de HIV y demás, porque no es la primera vez que me pasa esto en los últimos días. -Mientras habla algunas lágrimas comienzan a mojar mis mejillas nuevamente, mientras me asombra ver que la expresión de Lorena es fría e inmutable. –Así que, quizás sí. Necesito una internación. -Concluye.
Marcos y yo nos miramos por un minuto pero corto la conexión reaccionando enseguida.
-Voy a juntar tus cosas mientras ustedes conversan. -Digo dirigiéndome a la habitación y en solo unos minutos ya recogí todo lo que nos indicaron que iba a necesitar. Antes de salir aprovecho para pedir un taxi que nos pueda llevar a Lorena y a mí hasta la clínica.
Cuando vuelvo al living ellos están abrazados y veo como él deposita un beso en su cabeza. Igual que antes hizo conmigo. Porque ambas somos sus amigas… Y si hay algo más, es algo que, evidentemente, hay con todas las mujeres que se cruzan en su camino.
-El taxi está llegando. -Digo con un hilo de voz.
-Me gustaría bañarme antes… -Dice Lorena. Asiento y ella se dirige al baño, dejándonos solos a Marcos y a mí.
Él sale al balcón compungido y prende otro cigarrillo. Algo en su expresión me genera mucha tristeza, así que decido dejar mi enojo de lado y voy a buscarlo.
-No sabía que fumabas. -Digo, mirando el cigarrillo.
-En general no lo hago, solo cuando estoy muy nervioso. -Dice sin devolverme la mirada.
-¿Estas dudando de esto? -Suelta una risita y me mira con incredulidad.
-No estoy dudando de que la solución sea internar a Lorena, si es eso lo que me preguntas.
-En parte. -Contesto sin pensar en las palabras, que en realidad ni yo misma comprendo adecuadamente. Él me mira esperando una explicación que no le puedo dar, porque no tengo.
-No te entiendo. -Dice con resignación.
-Lo que quiero decir es…
-No, no te entiendo a vos, en general. Quedamos en que hablaríamos juntos y al entrar, lo primero que haces es apartarme. Cuando “decidís” que puedo volver, largas la bomba sin adelantarme nada. Supongo que solamente pensé que nos manejaríamos diferente, que teníamos otra coordinación, pero me equivoqué.
Sus palabras hacen que algo se rompa en mi interior. Yo también siento que hay una conexión entre ambos, pero no creo que se haya roto, ni mucho menos quiero que sea así.
-Me chocó mucho escuchar sobre el beso. -Escupo las palabras antes de arrepentirme de pronunciarlas. Y me alegro de haberlo hecho cuando veo que sus hombros se relajan y me dedica una mirada sonriente llena de entusiasmo.
-Estoy lista. -La voz de Lorena interrumpe el momento y aprovecho para poner la distancia que tanto necesito.
-Bajamos los tres en silencio y una hora después ya dejamos a Lorena en la clínica y emprendemos el regreso al departamento. No hablamos en todo el camino y la tristeza que nos invade hace que esta noche no haya risas ni conversaciones interminables.