Un nuevo día para mí, me dirijo al hospital, esta semana me tocará trabajar en el área de pediatría, es emocionante, me gusta y quizás haga mi especialidad en ello, me he encontrado con casos muy tristes, Rumi es un bebé que tiene principios de leucemia, es triste, los bebés no deberían enfermarse, aun así sus padres conservan el optimismo y luchan por mejores condiciones para su hijo es algo especial
-Tendrás una buena vida-afirmé mientras le daba mi dedo para que lo apretara con su pequeña manita.
Así entre pacientes y documentos mis horas en el hospital terminaron, fui a casa para descansar un poco pues mi turno sería el último del día en el palacio y saldría directa al hospital por lo que debía dormir lo mayor posible; mientras lograba conciliar el sueño vino a mi mente la sopa, si el me pidió que le hiciera sopa quiere decir que se comió aquella que llevé cuando estaba internado en el hospital, quién lo dijera, el señor perfecto rogando por mi sopa, reí en mis adentros. Llegó la hora de irme al palacio, como me desperté un poco tarde y me veía soñolienta durante el camino decidí tapar mi mala cara con maquillaje, dejé mi cabellera suelta y coloqué una boina para darle un poco de estética, decidí vestir cómoda, un vestido de algodón largo a la altura de la pantorrilla en color café oscuro pegado al cuerpo, unos botines beige con un tacón pequeño y mi bata típica. El último turno siempre es cubierto por dos médicos, lo cual es bueno porque quizás tendría oportunidad de dormir un poco si nos coordinábamos bien.
Cuando ingresé a la habitación el otro doctor ya estaba dentro, se veía joven, tenía unos hermosos ojos azules, quizás era un poco mayor que yo, en cuanto entré me miró de pies a cabeza y sonrió
-Soy el doctor Ferbuson, mucho gusto colega, luce muy bien para ser tan noche- exclamó
Ni siquiera pude articular palabras, el príncipe me miraba con desaprobación como si sus ojos fueran lanzas que quisieran atravesarme, agaché la cabeza, tomé mi estetoscopio y me acerqué a revisar sus signos vitales para hacer mi bitácora.
-Está muy bien, fuerte como un roble-mencioné
-Eso no es verdad, no se imagina cómo soy cuando realmente estoy fuerte como un roble, quizás algún día pueda comprobarlo usted misma-dijo con una cara extraña
No dije más, debía aprender a mantener la boca cerrada cuando me encontrara allí, volverme muda si quería sobrevivir al sarcasmo de ese idiota príncipe. Revisé sus heridas, estaban cicatrizando muy bien, estaban limpias, leí el reporte del médico anterior, ya había sido higienizado, así que ya solo era cuestión de administrar los medicamentos y estar pendiente de cualquier imprevisto.
-Toma el libro y lee-ordenó
Tomé el libro, continué desde donde lo dejé, no dijo nada, quiere decir que era la única obligada a leer para él, no me molestaba era ventajoso para mí. Después de leer un buen rato, el escribía en su teléfono de vez en cuando, noté que me miraba con intensidad, como juzgándome o sentenciándome
-¿Qué rayos le pasa?- salió de mi boca sin siquiera haberlo pensado, el tono era de molestia. ¿Qué he hecho mal ahora?
-Me molesta que vengas aquí con ese vestuario a distraer al personal que me asiste, he mandado a casa al doctor Ferbuson, será la consecuencia por pretender que aquí hay un desfile de moda, harás la guardia sola, para la próxima elige mejor tu vestuario, o acaso vienes vestida así con la intención de seducirme.
Iba a abofetearle pero creo que pensó más rápido que yo y detuvo mi mano con tal fuerza que no pude zafarme
-Conozco a las de su tipo, buscando siempre envolver con su belleza e irse con el mejor postor, son buenas por un tiempo y después desechables-afirmó con despotismo
-Se equivo…. –no terminé de hablar y me besó con fuerza, le empujé, no pudo luchar más pues sus piernas están inactivas por aparatos de soporte metálicos, mis ojos ya estaban llenos de lágrimas, logré soltarme y salí hecha un caos.
Me dirigí al sanitario, que pretendía al humillarme de esa manera, sequé mis lágrimas, me tranquilicé y bajé a la cocina, Cleotilde la cocinera con la que hablé el día anterior me reconoció de inmediato
-Pero que chula estás hoy- gritó- ¿Qué pasa has llorado?
-Problemas del trabajo- dije alzando los hombros
-El príncipe parece engreído- confesó- pero cuando lo conoces bien te das cuenta que es buena persona, no se rinda con él, ha comido su sopa durante todo el día- dijo guiñándome el ojo.
Definitivamente no lo entendía, ayer fue un poco amable, hoy me recibe con semejante actitud, encima se atrevió a besarme, si las circunstancias hubieran sido diferentes quizás ahora estaría con otro ánimo, era muy apuesto y cualquiera quisiera un beso suyo, pero no uno así, lleno de odio y repudio; mañana hablaré con el subdirector, no puedo seguirlo tolerando, no merezco ese trato. Comí un panecillo y un poco de leche tibia, cerré mi bata por completo y subí, tenía que administrar las medicinas faltaba mucho tiempo para mi salida, respiré profundo, entré y comencé a preparar las dosis para inyectar a su suero, el miraba hacia la ventana evitando verme a la cara, me acerqué e hice mi trabajo, por un momento nuestras miradas se encontraron, era inevitable que no se diera cuenta que había llorado, mis ojos se enrojecen mucho cuando lo hago y tardan un tiempo así, odiaba eso, no ayudaba, delataba.
-No es necesario que venga más, a partir de mañana cubrirá su horario normal en el hospital- expresó
-Entendido- susurré- estaba aliviada de no estar más allí pero no podía evitar sentirme decepcionada, me estaba echando, no me consideraba apta, siempre he sobresalido en mi trabajo y ahora solo era aborrecida por ese hombre, de alguna manera debía agradecer a mi vestuario haberme librado de él.