Sergio vino, pero tenía miedo de encontrarse con mamá. Lo vi en el pasillo y le señalé con la mano para que entrara en la sala de aromaterapia. Él sin protestar entró. - Mamá, voy a tomar un poco más el aroma de limón, me relaja mucho y tú, mientras tanto, toma la cola para el masaje. - dije. - Vale, pero no tardes mucho, - me avisó. Fui a la sala, encontré a Sergio y me acerqué al hombre, que estaba sentado en un sillón con una máscara con olor a pino. - No sé si puedes perdonarme por Timoteo, - empezó él, quitándose la máscara. - Sergio Vladimirovich, no le estoy acusando de nada, lo que pasó era un error mío, ni usted, ni mamá tienen nada que ver con esto. Por eso no vamos a hablar de lo que pasó, mejor pensemos en el futuro. Le llamé, porque sé que usted ama a mi madre y ella tam

