Cuando Samantha llegó a su casa, Zenda estaba en el dormitorio leyendo un libro. Samantha se colocó cerca de ella sobre la cama y con todo el remordimiento que le embargaba le dijo: -Zenda, por favor déjame que te explique. Zenda tratando de mantener la calma, esbozo una ligera sonrisa y respondió: - Sam, no tienes nada que explicar. Está claro que la antisocial soy yo. Tú no debes perjudicarte por mi falta de capacidad para interrelacionarme con otras personas. Fui muy egoísta al pedirte que no vayas al baile.
Samantha quería hablar pero Zenda no la dejó, para ella el tema ya estaba zanjado y no quería darle más vueltas al asunto. Los días posteriores Zenda se limitaba a acompañar a Enrique y a Samantha en silencio, no sabía cómo explicarlo pero tenía una tristeza profunda en todo momento. Enrique la observaba de reojo sin comprender aquel mutismo sepulcral de Zenda, la sentía distante y eso le incomodaba.
El día de su cumpleaños, Zenda decidió faltar a la escuela. Sus calificaciones eran buenas y ya había presentado los trabajos pendientes, así que aludió estar indispuesta y no hizo el más mínimo esfuerzo por levantarse. En realidad Zenda lo que buscaba era no estar triste en el único día del año que era de ella. Sabía que si iba a la escuela y veía a Enrique reír por los pasillos con Samantha, planeando como irían al baile de primavera, se deprimiría. Por eso optó en no verlos y la única manera de hacerlo era no asistiendo a estudiar.
Zenda recibió un lindo cofre por parte de la señora Smith quien le preparó tostadas francesas para el desayuno. Decidieron esperar a Samantha para almorzar juntas, la señora Smith les permitió beber una copa der vino español a cada una para brindar por la felicidad de Zenda y preparó un pastel de manzana para cantar el cumpleaños feliz, al atardecer.
Estaba Zenda con la señora Smith conversando amenamente, Samantha había ido a descansar un momento a su dormitorio, cuando sonó el timbre de la casa. La señorita Smith se dispuso a abrir la puerta, citando que tal vez sería la directora del albergue a quién había invitado para que salude a Zenda.
Zenda contemplaba las rosas de su jardín cuando ingreso la señorita Smith acompañada de la señora Monteagudo, quien al verla la saludo efusivamente con su peculiar voz: - ¡Mi querida Zenda, la princesa del medio oriente, convertida en toda una señorita¡. Zenda no pudo evitar reír al escuchar a la señora Aurora, quién al entregarle una pequeña caja de regalo, agregó:-Por cierto no vine sola, en la puerta me encontré con este joven. Y ante el asombro de Zenda, detrás de la directora del orfanato apareció Enrique. Vestía una camiseta roja y un pantalón jean, cargaba en sus manos un gran león de peluche y un girasol. Se aproximó a Zenda y con una sonrisa le dijo: -Como no te vi en la escuela, decidí pasar a saludarte. No todos los días tu mejor amiga cumple 15 años. Le entregó el muñeco y el girasol a Zenda, quien más que anonadada, los recibió como si le entregaran el premio mayor de la lotería. Enrique no dejaba de mirar la sonrisa de Zenda y al hacerlo se sentía peculiarmente feliz.
-¡Enrique, a qué hora llegaste¡. Entre gritos Samantha bajó la escalera presurosa al ver a Enrique y de un salto se abalanzó sobre él. Éste sorprendido, solo atinó a abrazarla para evitar que cayera por el salto que dio. Zenda pasó de estar contenta a sentir esa rabia incontrolable cada vez que Samantha acaparaba la atención de Enrique. Para no tratar de pensar en ello, se acercó hacia la señorita Smith y pidió que le cantaran la canción de cumpleaños, pensó que tal vez así todos terminarían por irse y no tendría que ver a Samantha tan confianzuda con Enrique.
-Por favor todos por acá. Es momento de que la cumpleañera sople las velas. La señora Smith solicitó a todos los asistentes que se coloquen alrededor de la mesa sobre la cual dispuso la tarta de manzana con una chispeante vela rosada de cumpleaños. Todos cantaban alegres, deseándole felicidad a Zenda, mientras que ella deseaba que la tortura de ver a Samantha tomada del brazo de Enrique se acabara.
-¡A la cuenta de tres, Zenda sopla la vela y pide un deseo¡. Samantha le dio un grito a Zenda cuando finalizaron de cantar. Mientras tanto ella no le quitaba la mirada a las manos de Samantha que se posaban sobre los hombros de Enrique. Y por más que no quería pensar en los sentimientos que esa escena le provocaba, a la hora de soplar la vela cerró los ojos y evocó el ritual de Ostara y deseó con todas sus fuerzas que sus anhelos más profundos florecieran, deseó que la atención de Enrique solo fuera para ella, deseó que él la amara, deseó que Samantha no estuviera ahí para apartarla de él. Apagó la vela, sintiendo que en ese halo de aire emitido iban puestas todas las esperanzas para que ese amor no correspondido por fin fuera tomado en cuenta.
La señorita Smith repartió pastel a todos los asistentes. Enrique se sentó frente a Zenda y mientras comía observaba con detalle como ella no dejaba de acariciar el muñeco que le había regalado. Samantha lo sacó de sus pensamientos cuando le ofreció un vaso de refresco para acompañar con el postre.
Enrique termino de beber y se puso de pie para despedirse de todos. Samantha iba a acompañarlo hasta la puerta, pero la señora Monteagudo interrumpió: -Sam deja que Zenda acompañe al chico. Ella es la cumpleañera y es su deber despedir a sus invitados. Zenda se sonrojo sin saber qué hacer. Pensó que tal vez la señora Aurora se habría dado cuenta de lo que sentía por Enrique. Samantha se encogió de hombros y cedió al paso a Zenda. Quien en un intento de aparentar no estar nerviosa, trastabillo al chocar con una pata de la mesa. Ya en la puerta Enrique se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla izquierda para luego decirle: -Nos vemos mañana en la escuela Zenda. Ella sonrió y tímidamente respondió: -Gracias por venir. Al cerrar la puerta, se asomó rápidamente por la ventana para observar como Enrique caminaba calle abajo, hasta perderse en el horizonte.