En unos días se llevaría a cabo el baile de primavera y Enrique no tuvo mejor idea que preguntarle a Zenda si quería acompañarlo, dada la circunstancia que Samantha no estaría presente. Cuando Zenda oyó la propuesta de Enrique, sintió tanta ira, que si se quedaba un minuto más frente a él, terminaría abofeteándolo. Se puso de pie dejando su bandeja de comida sobre la mesa y dándole la espalda a Enrique, le dijo: -Deberías saber que no me gustan ese tipo de eventos. Enrique quiso convencerla, pero Zenda siguió su marcha sin siquiera mirarlo. Al pasar por los pasillos de la escuela veía con una molestia exasperante los afiches que anunciaban el dichoso baile. Recordándole en todo momento que era la opción consuelo para Enrique: Como no podía ir con Samantha, entonces optaba por ella. Tanto era su malestar, que cuando se topó con Joshua, su compañero en la clase de ciencias, y este aprovechó para preguntarle si podía ir con él al baile, Zenda no tuvo reparo en gritar descontroladamente:-¡NO ME GUSTAN LOS BAILES¡ ¡NUNCA ME HAN GUSTADO Y TAMPOCO ME GUSTARAN¡. Descargando toda su ira contra Joshua, quien sin entender lo que le sucedía, pagó las consecuencias de los sentimientos encontrados de Zenda. Esa tarde Zenda decidió no salir de su habitación, necesitaba calmarse y olvidarse del dichoso baile de fin de semana. Enrique quien había visto la reacción de Zenda hacia Joshua, prefirió no molestarla. Pensó que tal vez Zenda extrañaba a Samantha y no tenía ganas de celebrar.
A la mañana siguiente, era sábado, no tenía escuela, así que Zenda se levantó un poco más tarde que de costumbre. Al bajar las escaleras para darle el encuentro a la señora Smith y desayunar juntas, Zenda escucho un sollozo proveniente de la sala. Despacio se aproximó, dándose con la sorpresa que la señora Smith estaba llorando. Zenda fue hacia ella y la abrazó para consolarla, la señora Smith extrañaba a Samantha y ese día sentía más su ausencia, pues por la noche se llevaría a cabo el baile de primavera y Samantha con la señora Smith habían planeado todo lo que harían para que Sam luciera espectacular para asistir al evento. Después de meditarlo por un tiempo y con la intención que la señora Smith se distrajera y dejara de pensar en Samantha por algunos minutos, Zenda propuso: -No te había dicho pero quisiera ir al baile. Todos mis compañeros irán y no quiero sentirme excluida. Así que si quieres me puedes ayudar.
La señora Smith alzo su mirada hacia Zenda y sonrió ante el ofrecimiento de ella, sabía muy bien que Zenda no era de asistir a ese tipo de reuniones pero lo estaba haciendo por ella, para que no este triste recordando a Samantha. Así que aceptó. Desayunaron, y fueron a recorrer las tiendas para ver algún vestido y zapatos adecuados para que Zenda asista al baile, por la tarde fueron al salón de belleza para que peinaran y maquillaran a Zenda, ella no quería pero la señora Smith insistió tanto que termino cediendo.
Al llegar a casa, Zenda se dirigió a su dormitorio para alistarse, la señora Smith la llevaría en una hora a la escuela. Zenda quería ir temprano para regresar lo más pronto posible y no tener que lidiar con algún momento incomodo que su inexperiencia social le ocasionara. Mientras tanto y a pesar de que Zenda le había dicho que ella podía manejarse bien en el baile, la señora Smith decidió llamar a Enrique para contarle que Zenda en un intento de ayudarla a distraerse, se animó a último momento en ir al baile de primavera, sabía que eran muy buenos amigos y por eso le pedía que por favor no la dejara sola mientras este en el baile. Era la primera vez que Zenda iba a una fiesta. Enrique, asombrado por la decisión de Zenda, aceptó cuidar de ella, era su amiga y no dejaría que pase malos ratos.
Dieron las nueve de la noche, la señora Smith apuraba a Zenda para que bajara de su dormitorio e ir al baile. Cuando Zenda le dijo a la señora Smith: -Ya estoy lista, vámonos. La señora Smith volteó a verla y sonrió satisfactoriamente, no se había equivocado en elegir el vestido que llevaba puesto Zenda, pues resaltaba su belleza oriental. Camino a la escuela, la señora Smith daba a Zenda una serie de recomendaciones, sobre la ingesta de alcohol, si se aburría que la llamara para que ella vaya a recogerla, que no intente regresarse sola, Zenda solo sonreía al parecer la señora Smith estaba más ansiosa que ella con esa salida. Cuando llegaron a la escuela, la señora Smith divisó a Enrique junto a la puerta principal. Ella decidió estacionarse cerca a la puerta para que él pudiera ver a Zenda cuando llegase y no dejarla sola. Enrique estaba conversando con Joshua, quien al ver bajar del auto a Zenda le dio un tirón a Enrique diciéndole asombrado: -¡Mira a Zenda¡. Enrique alzó la mirada para quedar sin palabra alguna, Zenda estaba más que bella, estaba extraordinaria. El vestido n***o ceñía su figura, dejando ver lo bien formada que estaba. Los tacones estilizaban sus piernas y su cabello recogido resaltaban sus enormes ojos negros adornados por sus espesas pestañas, contrastando con sus labios rojos. A lo lejos la señora Smith toco el claxon a modo de saludo, Enrique alzo sosamente la mano para no pecar de malcriado pero es que no podía evitar dejar de contemplar a Zenda.
Zenda por un momento pensó pasar de largo, aún estaba molesta con Enrique por haberla considerado como una segunda opción, pero luego cayó en la cuenta que por más que quisiera no podía pasar mucho tiempo sin estar cerca de él, así que fue a saludar: -Hola chicos. Me decidí en último momento. Joshua y Enrique, agradecieron ambos para sus adentros que lo haya hecho. Al ingresar al auditorio de la escuela, Zenda sentía que estaba en otro mundo. La decoración era fantástica, las luces brillaban al compás de la música contagiosa. Convenció a Enrique y a Joshua para sentarse cerca de un cisne decorativo de hielo, con el que luego se tomaron algunas fotos. Joshua trajo unas bebidas a la mesa para brindar por estar ahí presentes, Enrique tomo el suyo de un sopetón para relajarse pues sin explicación alguna se sentía nervioso al tener a Zenda cerca de él. Un grupo novel de rock toco unas tonadas para animar la fiesta. Zenda, quien había bebido un par de vasos de ponche rojo al que al parecer más de un muchacho había vertido alcohol para hacer la fiesta más amena, llena de júbilo y euforia convenció a Enrique y a Joshua para ir a la pista de baile y saltar cantando a todo pulmón junto a la banda de música. Luego de unos canticos, Zenda tropezó al intentar seguir brincando, para evitar que cayera Enrique la cogió por la cintura quedando pegada a él. Los latidos acelerados de ambos chicos, provocó en Zenda que se apartara rápidamente con la excusa que debía ir al baño. Enrique más que inquieto, pretendió ir por agua pues estaba transpirando. Al llegar al excusado de damas, había tal fila en la puerta que Zenda termino por desistir en entrar. Enrique bebió un sorbo de agua, se estaba dirigiendo a la pista de baile para encontrarse con Zenda y Joshua, pero vio que Zenda salía del auditorio hacia los pasillos de la escuela, decidió ir tras ella.
-Zenda ¿qué haces por acá?. Enrique sorprendió a Zenda caminando en busca de algo. Zenda volteó hacia él y avergonzada respondió:-Estoy buscando el baño. La fila que hay para entrar a los servicios que están en el auditorio, es inmensa y la verdad no creo que aguante tanto. Enrique al escucharla empezó a reír, ella también lo hizo al imaginarse la situación. Luego Enrique le tomo la mano y dijo: - Creo que aun sigues algo mareada por el ponche y no logras ubicarte. Estamos cerca a los vestidores de los deportistas. Conozco bien el camino por que vengo luego de entrenar básquet. Ven sígueme.
Luego de unos minutos de caminar cuidando que ningún profesor que fungiera de chaperón los viera, llegaron al vestidor de varones. Zenda dudó en ingresar por unos minutos pero Enrique le recordó que no tenía otra opción si no quería mojar sus pantalonetas. Zenda empezó a reír nuevamente y fue a miccionar. Finalmente Zenda fue a lavarse las manos, estaba a punto de salir, cuando imprevistamente Enrique ingresó a toda carrera llevándola hacia una de las duchas. Le pidió que no hiciera ruido, pues había visto al profesor de algebra acercarse hacia el vestidor. Si los encontraban ahí, lo más probable es que no les creyeran que habían ido en busca de un baño y se meterían en problemas. Eran conocidas las historias de alumnos encontrados en los alrededores de la fiesta fumando o bebiendo. Arrinconados en una esquina, esperando que el profesor se vaya, Zenda sentía su respiración agitarse, mientras que Enrique sentía hervir la sangre por sus venas. Escucharon al profesor marcharse, Enrique volteo hacia Zenda instintivamente, sentía la necesidad de verla. Con la voz entre cortada le dijo que ya podían retirarse. Sin embargo, tanto él como ella no hicieron la más mínima intención de moverse. Separados por unos escasos centímetros no dejaban de mirarse, con el corazón bombeando la sangre a una velocidad inverosímil. Enrique tiernamente acarició el rostro de Zenda, ella cerró los ojos y sentía quemarse por dentro con las puntas de los dedos de él recorriendo su piel. Lentamente Enrique posó sus labios sobre los de Zenda, mientras sus manos la pegaban tanto a él que parecía que en cualquier momento sus cuerpos se fusionarían. Zenda abrazo con todas sus fuerzas a Enrique no pretendía ni quería separarse, se sentía tan bien con sus besos y caricias que pensó que si ese fuese su última día de vida, podría morir una y otra vez. Zenda no supo en que momento termino contra la pared con el vestido por los suelos, con los pechos al descubierto y Enrique sobre ella sin camisa besándola extasiado. En un momento de lucidez, Zenda murmuro jadeante: -Enrique, es mi primera vez. Él hizo una pausa, solo para contemplar firmemente los ojos de Zenda. Ella trató de cubrirse, pero él la detuvo para luego lentamente vestirla, al hacerlo jugueteo con su cabello. Y cuando trato de acomodarlo, su mano rozó con una de las mejillas húmedas de Zenda. Volvió su rostro hacia ella y notó que Zenda lloraba. El intentó abrazarla pero ella lo alejó, Zenda salió corriendo y Enrique fue tras de ella. La tomó por el antebrazo y aproximándola a él dijo: - Zenda perdóname, no quise faltarte el respeto. Zenda puso su rostro sobre el pecho de Enrique y rompió en llanto. Mientras Enrique la abrazaba tratando de calmar su desazón, Zenda entre sollozos dijo: -Discúlpame a mí por no ser Samantha. Zenda se apartó de Enrique secó sus lágrimas, respiro hondo y prosiguió: - Sé que te sientes atraído por Samantha y que hubieras querido estar con ella esta noche. Pero tuviste que estar conmigo, con la aburrida de Zenda. Como sea, creo que ya es hora de irme, me despides de Joshua. Llamaré a la señorita Smith para que me recoja. Zenda comenzó a rebuscar en el pequeño bolso que llevaba su celular, pero Enrique de manera intempestiva la detuvo. Entre sus manos tomo el rostro de Zenda para darle el más apasionado de los besos. Al finalizar le dijo: -Zenda siempre fuiste tú. Tú eres quien me interesa, tú eres a quien me provoca besar, tú eras con quien me imaginaba en el baile. Crees que si no me interesaras, hubiera recordado que te gustan los leones y que siempre pintas un girasol cuando estas contenta.
Zenda quedó boquiabierta ante la confesión de Enrique, si era cierto lo que decía entonces porque invitó a Samantha al baile y no a ella. Enrique confesó que ella lo ponía nervioso, en sus 16 años no había conocido a una chica que lo hiciese sentir de tal manera. Por eso era muy cuidadoso cuando estaba con ella, no quería hacer algo que la incomodara. Pensó en invitarla al baile, pero recordó que fue la misma Zenda quien le dijo que ese tipo de celebraciones le parecían banales. Entonces decidió invitar a Samantha con la finalidad de que la animase en ir. Incluso estuvo dispuesto a soportar que vaya con Joshua, con tal de tener una oportunidad de bailar con ella. Zenda se complació al escuchar la declaración de Enrique. El entrelazó su mano con la de ella y le dijo: -Vamos. Ingresaron al baile, se acercaron a Joshua, quien al verlos llegar de la mano intentó reclamarle a Enrique. Pero antes que sucediera eso, Enrique se adelantó: -Joshua, felicítanos. Zenda y yo somos novios. Joshua observó impávido a Enrique, no dijo nada solo se retiró a beber más ponche. Enrique solo sonrió, abrazó a Zenda luego tomó su celular y llamó a la señorita Smith, le dijo que no se preocupara que él llevaría a Zenda a casa. Enrumbaron, caminando abrazados uno del otro, disfrutando de la brisa de la media noche y del sentirse tan cerca. Al llegar a la puerta de la casa de Zenda, Enrique se aproximó hacia ella para despedirse. Pero Zenda volvió a tomar la mano de Enrique y le dijo: -Acompáñame. Fueron a la parte trasera de la casa de Zenda. Había un jardín lleno de rosas con una pequeña barraca. En algún momento la señora Smith la había utilizado para almacenar las herramientas de jardinería, pero desde que llegaron Zenda y Samantha se convirtió en su cuarto de los secretos. Ahí iban cuando querían compartir algún problema o simplemente pasar un rato juntas planeando tonterías. Lo habían decorado con almohadones y una vieja alfombra en el centro. En las paredes habían afiches de las cosas que más le gustaban y al fondo una radio antigua. Pero lo más interesante es que en el techo había un gran ventanal por donde se podía ver el cielo. Cuando Enrique entro en aquel lugar sintió que Zenda le abría la puerta a su propio mundo y la conexión hacia ella se intensificó. Zenda se sentó en uno de los almohadones y llamo a Enrique para que se colocara a su lado. Cuando Enrique lo hizo, ella se recostó sobre su hombro y dijo: - Mira hacia arriba, se puede contemplar todas las estrellas. Sabes, siempre pensé que no había nada más romántico que mirar las estrellas junto a quien le gustas. Samantha decía que eso era demasiado cursi. Mientras Zenda hablaba, Enrique fascinado repasaba cada uno de sus gestos. Se aproximó lentamente hacia ella, acomodo su cabello y luego la beso. Esa noche bajo las estrellas completaron lo que dejaron a medias, horas antes en los vestidores de la escuela.