-Como estas, ya te sientes mejor. Enrique sin siquiera sospechar lo que Zenda estaba pasando, preocupado la apabullo de preguntas. Luego de un silencio y con la voz entrecortada Zenda respondió:-Aún sigo en la enfermería, podrías traer mi mochila…Ah y antes de venir hacia acá pasa por la oficina de la señorita Díaz, la consejera estudiantil. Colgó el móvil. Miro a la enfermera y le dijo: - No tiene que llamar a nadie, vendrá la consejera estudiantil.
De todos los maestros, Zenda tenía un aprecio especial con la señorita Díaz, pues siempre estaba al tanto de ella, sabía que Zenda era muy tímida y eso le ocasiono algún que otro problema al inicio de clases. Sus consejos siempre la ayudaron y esperaba fervientemente que en esta situación también lo hiciera. Al cabo de unos minutos, se escucharon unos golpecitos en la puerta de la enfermería. La enfermera invito a que ingresaran. La señorita Díaz, pidió a Enrique que la esperara un momento afuera de la enfermería. Sin embargo, la enfermera instó que él estaba más involucrado con lo que le pasaba a Zenda de lo que la señorita Díaz imaginaba, así que era mejor que esté presente también.
Zenda estaba sentada junto a la ventana, jugaba nerviosa con sus manos, mientras miraba perdida hacia la pared de enfrente. Enrique le entrego su mochila, ella al verlo rompió en llanto, cubriéndose la cara con ambas manos. Enrique se aproximó un poco más hacia ella, intentando buscar alguna respuesta. Mientras tanto la enfermera le informaba el diagnostico a la maestra.
-Zenda, cálmate. Toma un poco de agua. La consejera estudiantil le alcanzó un vaso a medio servir. Luego prosiguió: -Enrique, Zenda no tiene ningún mal estomacal. Ella está esperando un bebé. Enrique quedó paralizado ante la noticia. Supuso, al igual que Zenda, que en una primera vez no podría embarazarse una chica. Era un rumor que siempre escuchó. Se sentía culpable, quiso abrazar a Zenda y consolarla pero temía que ella lo rechace.
La maestra pidió a ambos que la acompañaran a su oficina. Caminaron sin decir palabra alguna por los pasillos, algunos estudiantes que aun pululaban por ahí, los observaban sin siquiera imaginar lo que estaban pasando en esos momentos.
-Bueno jovencitos. Ya no podemos dar marcha atrás a los hechos. Lo primero que deben hacer es ir a un centro médico, hay uno que pertenece a una asociación de apoyo social a madres adolescentes, no está muy lejos de donde estamos. Ahí le harán unos exámenes a Zenda, sobre todo para determinar el tipo de embarazo, hay algunos que son de riesgo y saber también el tiempo exacto de gestación. Luego de eso les indicaran que alternativas tienen. Cuando Zenda escuchó a la maestra hablar de alternativas, no entendió a que se refería. La profesora al ver la duda de Zenda, le indicó: -En nuestro estado es permitido el aborto, pero en tu caso debe ser con la autorización de tu tutor por ser menor de edad. La otra alternativa es que tengas al bebé y al nacer lo des en adopción. La asociación de apoyo a madres adolescentes, se encarga de todos los trámites. Por último, está la opción que tengas a tu bebé y lo críes. Todo depende de lo que decidan ambos, ya que los dos son responsables de esa criatura. Pero mi consejo es que no tomen una decisión sin tener en cuenta varios factores, como por ejemplo la edad de ambos. Zenda tienes 15 años y Enrique 16 años. Enrique está próximo a finalizar la secundaria, deberá ir a una universidad, en ese caso como te ayudaría a mantener a un bebé. Tú Zenda, lo más probable es que pierdas un año de estudio por tener a tu hijo y luego cuando quieras estudiar en la universidad como harías para asistir sin tener que descuidar a tu hijo.
Zenda escuchaba atenta a la señorita Díaz, tenía la impresión que quisiera que dijera que optaría por deshacerse del bebé en ese mismo instante. Observo de reojo a Enrique, quien no dejaba de golpear sin cesar el piso con la punta de su pie izquierdo, lo cual hacia cada vez que estaba nervioso. Trago un poco de saliva y cansada de escuchar todos los problemas que le vaticinaba la señorita Díaz, se puso de pie para luego solicitar enérgicamente: -¡Podría solo darme la dirección de aquella organización¡
La señorita Díaz, alcanzó un pequeño trozo de papel a Zenda, quien lo arrancó de sus manos y lo guardo en el bolsillo. Dio medio vuelta y salió sin decir nada. Enrique sin saber que hacer o decir, demoró unos minutos para decidirse ir tras Zenda. Ambos chicos caminaban en silencio, no se atrevían a mirarse, era como si de repente se hayan convertido en dos extraños. Llegaron a la dirección que les había proporcionado la consejera estudiantil, salían y entraban varias muchachas. Algunas con varios meses de gestación, otras al parecer no lo estaban. Zenda suspiro e ingreso. Enrique hizo lo mismo pero se colocó a unos metros de distancia de ella.
-Buenas tardes, quisiera sacarme unos exámenes para ver cuánto tiempo de gestación tengo. Zenda se dirigía a la señorita de la recepción, quien al escucharla le pidió que llenara una ficha para luego esperar su turno de atención. Antes que ingresara para que le tomen una muestra de sangre y luego pase por un ultrasonido, una enfermera acotó:-Este centro médico trabaja con una organización que ayuda a madres adolescentes desamparadas. En caso no fuera tu situación, solo esta primera cita es gratuita, el resto de los chequeos tendrán un costo. Zenda asintió con la cabeza. La enfermera la hizo pasar mientras que Enrique, absorto, supervisaba por donde se llevaban a Zenda. Al cabo de unos minutos la enfermera se aproximó a Enrique para invitarlo a que acompañe a Zenda: -Muy pocos chicos acompañan a sus novias a este lugar, si has venido es porque te interesa la chica. Vamos entra, tal vez alcances a oír a tu hijo. Cuando Enrique ingreso donde estaba Zenda, una doctora la atendía y le señalaba en una pantalla un pequeño punto, luego se escuchó algo parecido al cabalgar de un caballo. Zenda pregunto que era ese ruido. La doctora pidió que Enrique se aproximara y le dijo a ambos:-Ese ruido fuerte son los latidos del corazón del bebé. Esta sano. Todos sonrieron.
Luego de una breve charla con la doctora, Zenda y Enrique partieron hacia la casa de ella. Enrique algo medroso se aproximó para tomarla de la mano, Zenda al ver su intención solo atinó a abrazarlo. Necesitaba de esa sensación reconfortante, Enrique la rodeo con sus brazos y juntos derramaron lágrimas de miedo. Antes de despedirse Zenda le pidió que no le contase a nadie del embarazo. Enrique concordó que lo mas adecuado era poner en orden sus ideas y juntos decidir lo mas idóneo.
Cuando Zenda ingresó a su casa, la señora Smith a duras penas levantó la mano para responderle el saludo, estaba metida de lleno con la abogada y un policía viendo el caso de Samantha. Por un momento Zenda pensó en gritarle que estaba embarazada. Se quedó parada junto a la escalera imaginando la reacción que tendría su madre adoptiva, pero luego se arrepintió, ya estaba demasiado tensa con lo que le pasaba a Samantha, una noticia de esa índole tal vez terminaría por matarla de un infarto.
Se duchó para luego ponerse un camisón. Cogió un libro, luego otro y otro, para más tarde repasar aritmética y algebra. Avanzó un trabajo de investigación que debía presentar el mes siguiente. Hizo un análisis comparativo de la novela que estaban leyendo en la clase de literatura, con un ejemplar más moderno. Intentaba por todos los medios no tener espacio de tiempo que le permitiera pensar en lo acontecido. Cuando vio el reloj era casi la una de la mañana. Apagó las luces y se tumbó sobre su cama. Intentó conciliar el sueño pero fue imposible, cada vez que cerraba los ojos veía aquel pequeño punto dentro de su vientre que latía fuertemente. El sonido de la vida pensó y al hacerlo instintivamente posó sus manos sobre su abdomen. Lloró amargamente de tan solo haber pensado un instante de desaparecerlo. Su madre la tuvo ella cuando tenía 17 años, solo un par de años más de los que tenía ella, claro las realidades eran distintas, pero al fin y al cabo quien era ella para quitarle la oportunidad de vivir a alguien que representaba uno de los momentos más felices que había vivido, ya había sido demasiada egoísta pensó.
A la mañana siguiente Zenda se alisto casi al amanecer, ordenó los trabajos que había preparado la noche anterior y los coloco dentro de su mochila. Tomó su celular y envió un mensaje a Enrique: -Nos vemos en una hora en la puerta de la escuela.
Al bajar se dio cuenta que la señorita Smith había dormido en el sofá. Le coloco una manta sobre hombros y rogo con todas sus fuerzas que Samantha apareciera. Se preparó un vaso de leche con chocolate y alisto un pan con mermelada de fresa que fue comiendo durante el camino. Al llegar a la escuela se sentó en una de las escalinatas junto a la puerta, al poco rato llego Enrique. Ella al verlo se puso de pie esbozando un hola. Enrique se quedó parado a su lado, extrañado. Empezaron a llegar algunos alumnos y maestros, Zenda no dejaba de mirar el horizonte hasta que vio aparecer la figura de la señorita Díaz. Apresuro el paso para darle el alcance, Enrique hizo lo mismo. Una vez frente a ella, Zenda tomó la palabra:-Señorita Díaz puedo hablar con usted un instante. La maestra detuvo su andar para escucharla. Zenda prosiguió:-Siempre voy a estar agradecida por la ayuda que me brindo cuando recién llegue a la escuela. Pero la estima que le tenía ya no es la misma. Ayer recibí una noticia, que a mi corta edad no supe cómo manejarla. Su papel era guiarme, hacerme sentir segura, pero por el contrario con lo que me dijo, solo me lleno de más temor del que ya tengo. No puedo cambiar los hechos es verdad, pero tampoco puedo apagar una vida por mi falta de experiencia. Sabe, ayer escuche como latía el corazón de mi bebé y no me importa si demoro en ir a la universidad o si tengo que trabajar el doble para alcanzar lo que deseo. Pues hace 15 años una chiquilla, solo un par de años más que yo, hizo lo mismo por mí. Este bebé representa uno de los mejores días que pude haber vivido desde que perdí a mi familia en Irán. No me arrepiento de lo que hice y si me deshiciera de él o lo diera en adopción, entonces estaría negando lo más bonito que he vivido. Solo quería decirle que ya tome una decisión y sin importar lo que pase tendré a mi bebé y lo criare. La orientadora estudiantil quiso opinar pero Enrique se le adelanto diciendo: -Estas equivocada Zenda, no es tu bebé, es nuestro. Ambos chicos sonrieron y tomados de la mano dejaron a la maestra sin opción de poder refutar, dirigiéndose a las clases.
En un instante todo volvió a ser como antes, Zenda y Enrique, decidieron seguir juntos pase lo que pase. Zenda pidió a Enrique que aún no dijera nada a sus padres hasta que ella lograse hablar con la señorita Smith, quería encontrar el momento oportuno para no generarle más estrés del que ya tenía por no encontrar a Samantha.
Sin pensar en otra cosa que el estar juntos, ambos muchachos aprovechaban cualquier oportunidad de ganar dinero para las consultas de Zenda, sus ultra sonidos y comprar algunas cosas para el bebé. En la feria escolar juntaron una buena cantidad con la venta de postres que Zenda preparó y Enrique se encargó de promocionarlos. Cuando tenían tiempo después de clases, y si Enrique no tenía que entrenar, iban al lago a pescar o a nadar, realizaban contiendas de videojuegos y algún fin de semana se colaban a los conciertos en la plaza central para luego ir a comer pizza, aunque Zenda prefería más las ensaladas de frutas. Había optado, como le aconsejo una chica del centro de ayuda para madres adolescentes, comer solo frutas, verduras y carnes al vapor; de esa manera se alimentaba adecuadamente, lo cual era beneficioso para el bebe y no subiría mucho de peso y nadie notaria su estado. Pero el lugar que se había convertido el preferido por la pareja, era el acantilado que habían descubierto hacia la orilla este del lago. Aunque el camino era abrupto y algo peligroso, cada vez que Zenda sentía que debía desahogarse, le pedía a Enrique que la acompañara hacia allí, para gritar y sentirse liberada. Enrique acoplaba sus gritos a los de Zenda, pues había momentos en los que la presión de estar más cerca la llegada del bebé, los llevaba a la desesperación.
Habían trascurrido ya siete meses desde que Zenda y Enrique se enteraron que serían padres y si bien no había sido fácil, sentían que estaban más compenetrados que antes, de pronto pasaron a pensar en particular a conjunto. Si Enrique planeaba algo lo hacía teniendo en cuenta a Zenda y al bebé, lo mismo sucedía con ella. El no haberle contado a nadie sobre la llegada de su hijo, provocó que ellos crearan su propio mundo, con sus propias reglas y forma de ver la vida. Zenda había decidido postular a una escuela para madres adolescentes a distancia, así podría estudiar mientras cuidaba al bebé. Enrique debía ir a la universidad pero para no generar gastos, estaba optando por una beca deportiva de esa manera lo que sus padres iban a darle para pagar sus estudios tal vez puedan dárselo para el bebé.
-He intentado hablar con la señorita Smith, pero es imposible. Cada vez que voy a abordar el tema, comienza a traer los recuerdos de Samantha. Está concentrada en recuperarla como sea. Zenda sentada sobre una de las bancas de la escuela, al terminar de hablar, dio un mordisco a la manzana roja que llevaba en su bolsillo. Mientras que Enrique recostado sobre su regazo ponía toda la atención que podía en el abdomen de Zenda y llegar a sentir una patada del bebé.
-Creo que hoy no quiere moverse, intentare más tarde a ver si tengo suerte. Bueno Zenda no vamos a poder seguir ocultando que tendremos un bebé, ya oíste lo que dijo la doctora en la última ecografía, a partir del séptimo mes en cualquier momento puede nacer. Así que tendremos que contárselo a nuestros padres lo más pronto posible. Enrique se puso de pie, debía ir a los entrenamientos de baloncesto, se venían partidos importantes a los que asistirían algunos representantes universitarios, si tenía suerte podría ser visto para que le den la tan ansiada beca de estudios. Cogió su patineta y antes de montarse en ella le dio un beso en la frente a Zenda y luego acaricio su vientre, finalmente le recordó que esa tarde iniciaría el campeonato de basquetbol y quería que lo acompañe desde las tribunas. Zenda lo vio alejarse, cogió su mochila y enrumbo hacia su casa, quería descansar un momento, antes de realizar la tarea de física y buscar algún curso gratuito relacionado a realizar publicidad por r************* . Había pensado que también podría realizar trabajos vía internet para pequeños negocios. Así laboraría desde casa sin tener que descuidar a su bebé cuando nazca.
-¡Zenda, donde has estado¡ La voz desesperada de la señorita Smith, despertó a Zenda quien se había quedado dormida mientras estudiaba. Se sobresaltó al escuchar el llamado agobiado de su madre, pensó que tal vez había descubierto lo de su embarazo. Rápidamente se colocó una de sus blusas más holgadas para disimular. Abrió la puerta de su dormitorio quedando frente a una señora Smith abrumada. Zenda recién pudo notar lo demacrada que se encontraba su madre, todo ese tiempo que había pasado buscando a su hermana habían cargado en ella unos 10 años. Zenda la observaba, tratando de descifrar que es lo que aturdía tanto a la señorita Smith. Se sentó en la orilla de su cama, esperando escuchar una reprimenda por haber estado tan ausente en su casa en los últimos días. Pero su raciocinio nuevamente fue errado. Los gritos de su madre para saber su paradero no se debían a que hubiera estado preocupada por ella, se debían para saber si es que había tenido contacto nuevamente con Samantha. Con una mezcla entre rabia y melancolía, Zenda se limitó a decir lo que había dicho reiteradamente en los últimos meses: Samantha no había hablado con ella.
-Lamento no poder ayudarte, pero no he hablado con Samantha desde aquella vez. Bueno si ya no hay más preguntas, voy a cambiarme porque saldré. Hoy es el juego de baloncesto, Enrique jugara. La señorita Smith sin decir nada dio medio vuelta y se retiró de la habitación. Mientras tanto Zenda lloraba en silencio mientras buscaba un vestido que ponerse, sentía que había perdido por completo el cariño de su madre. Su celular sonó, era Enrique diciéndole que ya quería verla alentándola en el juego. Zenda secó sus lágrimas para sonreír mientras se arreglaba frente al espejo.
Las tribunas estaban repletas, la algarabía de la multitud hacían que el ambiente sea toda una fiesta. Zenda se había sentado en las primeras filas, desde allí aplaudía con fervor cada pase que realizaba Enrique, quien se había robado el juego con las tres canastas que anotó. Sus padres y hermana se encontraban sentados unos asientos más arriba que Zenda, habían acordado salir todos juntos para celebrar el gran juego de Enrique. El juego ya estaba por finalizar, Zenda se apresuró en ir a los servicios y regresar a tiempo para ver la última jugada de Enrique. Para no demorar se lavó las manos a tal velocidad que olvido colocarse el pequeño chaleco que cubría el escote de su vestido, luciendo sus prominentes pechos producto del embarazo que nadie había notado a pesar de los 7 meses que ya llevaba. Al regresar se quedó de pie junto a la puerta de ingreso a los camerinos. Enrique estaba a punto de lanzar un tiro libre, faltando solo 10 segundos para finalizar el juego. Antes de realizar el tiro, Enrique alza la mirada para ver a Zenda, ella sonríe y en ese preciso instante un jugador del equipo contrario que se encontraba a unos metros de Enrique, lo provocó gritándole: -Deja de mirar los senos de tu novia, ya luego del juego puedes ir a amamantarlos. Enrique vio como Zenda se retiraba del lugar llorando avergonzada. Él no pudo contener su ira, lanzó la pelota hacia un lado para abalanzarse sobre el jugador y propinarle un par de puñetes en el suelo. Tuvieron que detenerlo entre varios, el entrenador lo envió a los camerinos para que se duchara y se calmara. Por su actitud le restaron puntos a su equipo aunque de igual forma ganaron. Sin embargo, su comportamiento provocó que la única oferta de beca de estudios que recibiera sea de la universidad local, cosa que a él no pareció molestarle, a diferencia de su padre quien fue hasta los camerinos para reclamarle: -¡Enrique no pudiste controlarte¡ ¡por tu comportamiento has perdido las ofertas de becas de universidades como la universidad privada Central¡ ¡En que estabas pensando¡
Enrique parecía no escuchar a su padre, para él estaba bien estudiar en la localidad, así no se alejaba de Zenda y de su hijo. En esos momentos solo quería buscar a Zenda, quien se vio afectada con el comentario del muchacho ese. Sin embargo ante el reproche constante de su padre que lo exasperaba, Enrique gritó: -¡No podía dejar que le falten el respeto a la madre de mi hijo¡ Diciendo esto cogió su maletín y salió en busca de Zenda. Estaba parada en la puerta del coliseo. Enrique se acercó para abrazarla. El padre de Enrique se aproximó hacia ellos buscando una explicación sobre lo que escucho de los labios de su hijo minutos antes. Contemplo detenidamente a Zenda poniendo atención en su fisonomía, comprobando su duda, estaba embarazada. La madre y hermana de Enrique se acercaron para ver lo ocurrido con Enrique, el padre las interceptó para indicarles que Enrique tenía que ponerlas al tanto no solo de lo sucedido sino de algo mucho mayor. Enrique supo que había llegado el momento de la verdad, fue hacia un lado con su familia para hablar, Zenda se quedó distante para no interrumpir.
-Mamá me han dado una beca en la Universidad local y estoy dispuesto a aceptarla. Enrique prefirió iniciar la conversación por el lado positivo de toda la situación, pensó que tal vez así aminoraba un poco la tensión. Tomo un poco de aire, para no sentirse tan nervioso y prosiguió: - Sé que actué de forma violenta con el jugador del equipo contrario, pero el hizo un comentario soez sobre el cuerpo de Zenda … Enrique hizo una pequeña pausa, mientras su madre abría los ojos enormemente esperando que terminara de contar lo ocurrido, su instinto de madre le decía que había algo más que debía saber. Enrique alzo la mirada, vio a Zenda parada en una esquina, se veía tan indefensa, solo tenía a él para protegerla. Volvió a respirar hondo y mirando fijamente a su madre y hermana, dijo: -Zenda tiene 7 meses de embarazo, tendrá un hijo mío. Ambas mujeres se quedaron estáticas, posando inmediatamente su mirada sobre el vientre de Zenda, quien solo atinó a colocar sus manos sobre él, protegiendo al bebé que llevaba dentro.
Los padres de Enrique se aproximaron a Zenda, ella se sentía avergonzada aunque no sabía realmente porque. La invitaron para que vaya a cenar a su casa, Enrique tomó su mano fuertemente y le susurro:-No te preocupes, estoy contigo. El trayecto hacia la casa de Enrique estuvo acompañado de un silencio incómodo. Durante la cena, los padres de Enrique pusieron las cartas sobre la mesa, lanzando preguntas, propuestas y comentarios para los cuales Enrique y Zenda tenían una solución. Parecía que hubieran planeado el ser padres a tan temprana edad. Finalmente el padre de Enrique hizo la pregunta que Zenda no quería escuchar: -Y tu madre que opina Zenda?. Ella bajó la mirada y mustiamente respondió: -Aun no se lo he dicho. Antes que sus padres recriminaran, Enrique se apresuró en justificar:-La señora Smith ha estado un poco ausente por la desaparición de la hermana de Zenda, por eso ella no ha querido preocuparla más. Pero esta semana Zenda ya ha decidido contarle. La familia de Enrique argumentó que era necesario tener una reunión con la madre de Zenda y no podían dejar pasar más tiempo. Zenda por no darle la contra a los padres de Enrique y complicar más su vida, se comprometió para que su madre se reúna con ellos lo más pronto posible. De regreso a su casa, Enrique la abrazo dándole la seguridad que todo saldría bien.