"No hay un rincón del mundo donde puedas esconderte de mí. No hay aliento que tomes que no me pertenezca. Tu voluntad es solo un espejismo, un juego cruel que permito para ver cómo te esfuerzas, cómo luchas contra lo que ya está destinado. Eres mía, en cuerpo, en alma, en cada grito que se ahoga en tu garganta. Y aunque sangres, aunque llores, aunque supliques… nunca te dejaré ir."
"Eres mi condena favorita, mi necesidad… y yo seré tu final inevitable."
La habitación se llena de una tensión densa, como si el aire mismo estuviera esperando la respuesta.
"¿Eres mío?"
Ella lo mira fijamente, sus ojos llenos de un fuego silencioso, aunque la sombra de su duda se cuela en su voz.
"Siempre lo he sido. Aunque me odies, aunque huyas... te pertenezco de alguna manera, más allá de lo que puedas entender. Estaré en tus pensamientos, en cada sombra que te aceche, en cada susurro que se arrastra hacia ti en la oscuridad. En cada herida que te deje, seré yo, reclamándote sin que puedas negarlo."
La tensión aumenta, la atmósfera pesada, cuando él da un paso más, su voz suave, pero venenosa.
"¿Por qué serías capaz de herirme?"
Ella no vacila, su mirada se endurece, como si las palabras que va a decir estuvieran impregnadas de algo más profundo que solo rabia.
"Porque solo en el dolor me recordarás. Porque, si no puedes amarme, al menos me maldecirás... y eso será suficiente. Eso significa que, sin importar cuánto lo intentes, nunca podrás olvidarme. Ni en tus sueños, ni en tu despertar."
Él la observa, un rastro de satisfacción en su rostro. La sonrisa que aparece es peligrosa, como una serpiente que espera a morder. En sus ojos hay una invitación, y al mismo tiempo, una amenaza que se esconde bajo la superficie.
"¿Aceptarías unirte a mi infierno?"
Ella lo mira de reojo, sus ojos vacilan solo por un segundo, pero cuando habla, su voz es calmada, como si sus palabras fueran una caricia fría.
"Mi alma no necesita llamas para sentir la vida. Prefiero la oscuridad que no consume, aquella que no grita, que solo observa en silencio. Y aunque todo lo que toco se queme, no necesito perderme en tu infierno para saber quién soy."
Sus palabras, delicadas pero cargadas de una tensión implacable, dejan una marca en el aire. Ambos saben que el juego acaba de comenzar, y que nadie será capaz de salir de él intacto.