Adios

690 Words
Mis pies apenas tocan el suelo cuando el infierno se desata. Un estruendo de disparos resuena en la fábrica, el eco de las balas rebotando contra las paredes de metal oxidado, mi equipo responde de inmediato, manteniendo la formación, pero entonces, una voz en el comunicador me congela por una fracción de segundo: —¡Agente herido! El tiempo se ralentiza, pero no me permito distraerme, aprieto la mandíbula y ajusto mi agarre en el arma, no hay tiempo para duda, sin pensarlo dos veces, disparo a los escoltas del objetivo con precisión letal, el primero cae de inmediato, un tiro limpio a la cabeza el segundo apenas tiene tiempo de reaccionar antes de que una bala le atraviese el pecho, el tercero intenta sacar su arma, pero un disparo bien colocado lo silencia. El objetivo, un hombre de complexión media y cabello oscuro, apenas tiene tiempo de procesar lo que está pasando cuando me abalanzo sobre él, con movimientos rápidos y eficientes, lo fuerzo al suelo y saco las esposas. Pero justo cuando estoy a punto de sujetarlo… Unas manos brutales me agarran por los brazos y me levantan del suelo como si no pesara nada, intento girarme, pelear, soltarme, pero son cuatro, cuatro hombres enormes que bloquean cada uno de mis movimientos con precisión militar. Mierda. —¡No! —gruño, retorciéndome con todas mis fuerzas. Uno de ellos me sujeta por la cintura, otro por los brazos y los otros dos por las piernas, me arrastran hacia atrás sin darme oportunidad de reaccionar, intento patear, golpear, morder si es necesario, pero no me dan espacio, no me pueden capturar con vida, si me sacan de aquí tengo que acabar con mi vida como dicta nuestro entrenamiento Esto no puede estar pasando. Y entonces, entre el caos, una figura imponente se acerca. El objetivo de nuestra misión. Él es quien planeó esto. Un rugido de motor detrás de mí hace que mi corazón martillee en mi pecho, un todoterreno n***o se detiene bruscamente, la puerta trasera ya abierta, esperando para llevarme lejos. —¡Suéltenme, hijos de puta! —gruño, mi voz cargada de furia. Pero no me escuchan. Me levantan con más fuerza, me arrastran con b********d, estoy perdiendo terreno, y lo odio. Y entonces, una voz atraviesa el caos. —¡NIKAAAA! Mi mundo se detiene por un instante. Mi cabeza gira de golpe y mi corazón se paraliza cuando lo veo. Mi padre. Mi comandante. Su rostro está desencajado, sus ojos abiertos con desesperación, el, el hombre más fuerte que he conocido, el soldado más imponente, ahora me está mirando como si estuviera perdiéndome para siempre, aquel hombre frio y sin sentimientos me mira como si le estuvieran arrebatando lo más preciado de su vida Mis fuerzas se redoblan, lucho, me retuerzo, intento morder la mano de uno de los hombres que me sujeta, pero su agarre es firme. —¡NO! —grito, sintiendo la impotencia quemándome por dentro. Zar. Silbo con todas mis fuerzas, y mi fiel compañero reacciona al instante, su figura oscura surge de entre las sombras, corriendo a toda velocidad hacia el todoterreno, con un salto ágil, se lanza al vehículo, sus colmillos brillando bajo la tenue luz de la fábrica, los hombres se sobresaltan, uno de ellos saca un arma y apunta directamente a Zar. —¡NO! —grito desesperada— ¡DETENTE, ZAR! Zar se queda quieto, obedece. Se sienta sobre la alfombra del auto, su respiración agitada, pero su mirada fija en los hombres que me sujetan, me tiemblan las manos, la adrenalina quema en mis venas mientras veo cómo mi padre y mi equipo quedan atrás, se están alejando, los estoy perdiendo, y se que jamás los volveré a ver. —¡NIKAAAA! El sonido de su voz se ahoga entre los disparos y el rugido del motor cuando las puertas del todoterreno se cierran de golpe. Y entonces… La oscuridad se cierra a mi alrededor, porque no lo perdido todo, no sé qué quieren estos sujetos conmigo, pero sea lo que sea, no es nada bueno, si no puedo escapar entonces tengo que morir.
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