Había llegado el día. Hoy me convertiría en la señora Miller. Ya me había acostumbrado a ese apellido en los últimos meses, así que no sentía que fuera un gran cambio. Después de todo, Enzo me había presentado a casi todos como su esposa, y muchos ya me llamaban por su apellido. Aun así, me parecía increíble. En solo unos minutos, estaría casada con Enzo, en menos de una semana seríamos padres, y en unos meses me convertiría en médica. Todo parecía encajar, como si mis sueños estuvieran tomando forma. Señora Miller. Me sonaba bien, y pensé que sería hermoso que me llamaran así. Aunque siempre me había gustado mi nombre, había algo especial en llevar el apellido de la persona a la que amas. Sé que no todos lo ven de la misma manera, y lo entiendo perfectamente. Mi madre, por ejemplo,

