Después de la despedida un poco incómoda de Patty y Yara de ayer, hoy hemos pasado varias horas más hablando por teléfono. Por supuesto, ambas me insistieron mucho y esta vez no había manera de eludir los detalles. Enzo estaba de viaje otra vez. Esta vez no era por trabajo, sino para traerme algo de comer. A los bebés y a mí se nos antojaba mucho una buena cubeta de muslitos de pollo. Lamentablemente, no teníamos nada en casa, como era de esperarse, así que Enzo se fue a la ciudad solo para traerme algo. La vida realmente había sido generosa conmigo al poner a Enzo en mi camino. Él era tan atento y cariñoso, aunque de vez en cuando podía mostrar un lado más frío o despectivo. Me alegraba no tener que verlo muy seguido, y mucho menos en los últimos días. Al fin podía llamarlo "novio"

