Aquel espacio en el que ella frecuentaba para limpiar, ahora todo eso le parecía distinto, transformado por la luz tenue de las velas, por la intimidad del momento y por la presencia abrumadora del hombre que aún sostenía su mano. Estaba demasiado consciente del contacto de Cassian. Sus dedos, entrelazados con los suyos, parecían marcar su piel con cada latido de su pulso. El calor de su mano la llenaba de sensaciones, se movía por su brazo, llegaba a su pecho y hacía que su corazón latiera más rápido de lo que creía posible. «Esta mañana creí que sería un día normal como cualquier otro», pensó, mientras sus ojos recorrían la habitación sin realmente verla; «me levanté, me vestí y bajé a las cocinas. Planché el vestido de Selene y preparé su baño. Soñé con una vida modesta, con mis ahorr

