El sello roto; Tammy nunca había tenido reparos en conseguir lo que quería. No se obsesionaba consigo misma, pero sabía que era una chica guapa y que, de cuello para abajo, tenía mucho que ofrecer, sobre todo sus impresionantes pechos, que se esforzaban por reventar bajo el ajustado microvestido n***o que había llevado a la fiesta. Las "chicas" eran un rompehielos tremendo en fiestas y discotecas, o en cualquier otro sitio. Tammy no tenía reparos en presumirlas dondequiera que hubiera alguna posibilidad de encontrar a alguien con quien valiera la pena dar un paseo. "Los malditos padres de Mitch", murmuró mientras se recostaba en el mullido sofá y estiraba sus largas piernas. "Media hora más y un par de tragos más, estos te habrían envuelto, Kirk", frunció el ceño. "¿Kenny? ¿Kyle?" Soltó

