Quizá fue por el ambiente distendido del local, o por ese instante en que el cansancio se mezcla con la lucidez de las últimas horas. Tal vez fue simplemente que Félix, después de tantos años de vueltas emocionales, sintió que debía cerrar definitivamente algunos círculos. Se acercó a Marisa, que charlaba con Sonia junto a la barra, y le susurró: —¿Te importaría venir un momento? Quiero presentarte a alguien. Ella lo miró con curiosidad, pero aceptó con una sonrisa leve, confiada en su paso. Lo acompañó unos metros más allá, donde Héctor bromeaba con Isabel y otro de los viejos amigos, copa en mano. Félix se detuvo frente a ellos y, con un gesto sobrio pero educado, dijo: —Héctor, te presento a Marisa, mi pareja. Héctor tardó un segundo en reaccionar. Después, como si activara un pil

