Mi hermana era la madre de todas las chupapollas. Era la mejor del mundo. No podía creer lo rápido y profundo que me chupaba, y lo rápido que llegaba al orgasmo. Intentó gemir con la cabeza ondulando sobre la mitad de mi polla hinchada, haciendo todo lo posible para que me excitara aún más, lo cual funcionó de maravilla. Me sacó la polla y me embestía rápidamente mientras meneaba la lengua sobre la cabeza estimulada. "Cuarenta y cinco segundos", jadeó antes de embestirme hasta su garganta con la cabeza moviéndose frenéticamente. Tras cinco segundos de intensa garganta profunda, me deslizó fuera para escupir en mi raja y me metió de nuevo en su cálida boca, soplándome con una sensación de inmediatez. "Córrete, nena... córrete en mi boca. Quiero que te corras con fuerza". Me chupó hasta la

