fui interrumpida por la voz de mi amado, me puso colorada, cuando lo vi.
—Na… Nada, Mario
el giro la cabeza de miedo lado y yo me empezaba avergonzar por mi mente retorcida.
—segura, porque estas coloradas, no me digas que fue porque dije que te iba a amarrar a la cama.
Mis mejillas estaban de un rojo carmesí, Mario soltó una carcajada y yo le pegue en el pecho, que se cree burlarse de mí, e hice la molesta y me levanté.
el se levantó y se colocó detrás de mí, se acercó a mi oreja y me susurro:
—hay, Natasha, no pienses en esas cosas porque pueda que te tome la palabra.
Me empezó a dar besos por el cuello y yo me dejé llevar por el momento, pero la puerta sonó, y el se separó de mí, dejándome con la cálida sensación de sus labios, fue a abrir la puerta y se puso a hablar con un hombre, por su vestimenta se notaba que era un guardia, no alcanzaba a escuchar nada, el hombre dirigió su mirada hacia mí y me miró de arriba para abajo, no sabía por qué hasta que me acordé.
Solo tengo mis bragas y la camisa de Mario
discretamente, me fui para el baño, qué vergüenza ese hombre me vio casi desnuda, pero que puede esperar de la esposa de su jefe, santos, no somos ninguno de los dos, cuando escuche que la puerta se cerraba, me asomé para ver si estábamos solos.
Luego de rectificar que estaba Mario solo, salí con cuidado del baño, para recostarme en la cama, no puedo creerlo un hombre me vio casi desnuda, como me pudo pasar este a mí, soy un caos, pero la culpa de todo esto la tiene Mario por abrir y no darme tiempo de taparme con algo mejor que su camiseta.
—amor, donde estabas.
Me pregunto cuando volvió del balcón.
—Estaba en el baño, ya que el hombre me vio semidesnuda, Mario por favor no te fijaste que solo traigo mis bragas y tu camisa.
Él se sentó al lado mío y comenzó a soltar cada botón.
—no, me había fijado, pero bueno, calma, estás conmigo, no estás con nadie más, es lógico, eres mi esposa, obvio que debes estar desnuda.
Yo negué, como puede pensar, eso está bien que sea su esposa, pero es incómodo.
—Mario…
—además, él no te vio.
—Mario por algo te lo digo, el me miro, se fijó que yo estaba casi desnuda.
el me pasó una mano por la espalda y me acerco a el. Para darme un beso en los labios.
—bueno amor para la próxima vez tendré más cuidado de no abrir la puerta si estás semidesnuda.
—Espero a Mario.
No puedo creer, a qué hombre se le ocurre hacer una cosa así, este es muy des complicado para abrir la puerta como si nada, el no vive solo, bueno al menos, no duerme solo, yo estoy con él, no puede hacer eso, como se le ocurre, necesita aprender, primero pregunta quién es, pero claro como no era él, el que estaba empezando a calentar que le puede importar, como solo tenía que abrir la puerta, que puede saber.
—Natasha, ¿qué hacemos hoy?
—pues, dime me trajiste ropa.
Él negó con la cabeza, que pensara que me voy a poner, tal vez la ropa invisible
—yo tampoco, traje cuando me enteré de todo salí, corriendo a llamar a mis guardias, arregle todo de camino acá.
Me está hablando en serio, es un hecho muy lindo de su parte, pero, no traer ropa, es demasiado tierno como para ponerme molesta.
—y entonces como saldremos de acá.
—enviar por ropa para ti y para mí.
—¿y qué esperas?
Sonrió y busco el teléfono.
Hola… necesito que vayas a la ciudad y consigas ropa para mi esposa y algo para mí.... Ropa suelta.... si está bien.... Si la subes a la habitación.... Está bien… No te preocupes acá te pago todo lo que gastes o si quieres te doy la tarjeta de mi esposa para que compres de haya… Bueno, está bien.... Si me traes la cuenta.
Mi tarjeta, yo no tengo tarjeta, él nunca me dio una tarjeta para nada, cuando colgó me dispuse a hablar.
—¿Cuál tarjeta?
—la que tienes la extensión de mi tarjeta.
Yo tengo la extensión de su tarjeta negra, yo porque no sé, el nunca me dijo.
—yo no tengo nada
—la que tienes en tu cartera.
me levanté para revisar mi cartera, y hay la vi una tarjeta de n***o ilimitada, desde cuando tengo eso metido en mi bolso.
—ese fue mi regalo para nuestra boda, pero nunca te lo dije, pensaba que la encontrarías hay, pero veo que no fue así.
—no, sabía nada.
—si eso sospeche cuando nunca la gastas, con eso podrás comprar tus cosas y la de los bebes, cualquier cosa por mínima que sea, usarla la tarjeta para que no tenga que depender de mí.
—Pero si yo trabajo para ti, tú me pagas, no necesito ese dinero.
—Natasha, amor tómalo como una cantidad de tu sueldo, que está ahorrado, amor por favor toma ese dinero y úsalo.
—Pero Mario.
—por favor, amor solo te estoy pidiendo que te lo gastes en ti y los bebés.
Solté un suspiro sabía que el no se iba a resignar y me tocaría ceder a sus peticiones, así que decidí aceptarla.
—está bien, Mario la voy a aceptar, pero no esperes que gaste millonadas como tú, escuchaste.
—Con solo que la uses para mí será suficiente amor, nada me importa más que tú y mis hijos.
—Te amo Mario, tú también me importas mucho.
—Yo también te amo mucho Natasha.
Nos dimos un dulce beso, no sé algo ha cambiado entre los dos, pero no fue para mal, sino para bien, estoy feliz con el, me siento completa tampoco me siento culpable de lo que siento por el, me siento libre contar toda la verdad me ayudo tanto como a mí, como a el, solos dos personas muy maduras que saben lo que hacen y yo sé lo que hago, estoy con el hombre que amo, eso estoy haciendo, con el hombre que tanto quiero que tanto espero con el hombre que más puedo amar en la vida, con la persona hecha para mí, me siento feliz al estar con el, y al saber que el lo estará conmigo, de saber que soy su esposa y la madre de sus hijos de saber qué pasaré con el, el resto de mi vida, gracias a un error en el contrato, por parte de la mamá que lo obligo a casarse por la iglesia y ese término es para siempre, no habrá divorcio ni nada de eso, todavía me acuerdo cuando me dijo, haremos lo que tú quieras, y pues conseguí más de lo que quise tengo todo, pero también hay cabos sueltos, como me gustaría acabar feliz en los brazos de el, pero todavía hay mucho que hacer, mucho por entender, no puedo dejarme derrotar tan fácil, que junto a el conseguiré todo soy la persona más valiente y no me da miedo enfrentarme a nada, ni a nadie porque sé que el estará para mí.