—Natasha, creí que eso ya estaba demasiado claro.
Las lágrimas salían de mis ojos y él me corrió hasta que quede encima de su paquete, y él se sentó en la cama y puso sus manos en mi cintura.
—Natasha, amor, yo a ti, te amo, ya te lo he dicho muchas veces eres el amor de mi vida, no sabes cuanto de amo, no dudes de mi amor, siempre estaré contigo, siempre lo estaré con ustedes, son mi vida, yo sin ti no sería nada, sin ti mi vida fuera muy oscura conocerte fue lo mejor que me ha pasado.
Cuando escuche su pequeño discurso de amor, me abalance sobre sus labios, yo a este hombre lo amo demasiado y sin él no podría ser feliz, él es mi felicidad, mi todo y no sé que haría sin él.
Nos separamos por falta de aire, nos miramos, él bajó sus manos de mi cintura hasta mis nalgas.
—Mario, te amo mucho amor, te amo.
Dije cerca de sus labios, el sonrió y me dio un beso, este hombre es increíble, pero no quiero perderlo, no quiero hacerlo, quiero estar junto a él, quiero tenerlo, quiero que él y yo estemos juntos hasta viejitos, ver crecer a nuestros hijos y nietos y morir juntos los dos.
—vamos, descansa amor, yo estaré acá cuando despiertes.
Él no me soltó y me quedé dormida en su pecho, me sentía protegida, sentía su calor, me sentía feliz.
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Me levanté con los rayos del sol en mi cara, tenía mucho sueño, las lágrimas me están cobrando factura.
Abrí los ojos, y miré a mi amado despierto, él me sonrió y yo le devolví la sonrisa.
—buen día, amor.
—Buen día, mi amor.
Me dio un beso en la frente y yo me acerqué a sus labios y le di uno muy apasionado.
Él bajó sus manos y apretó mi trasero, solté un gemido por ese contacto ardiente, nos separamos por falta de aire y porque la puerta sonó.
—levanta tu hermoso trasero, voy a ver.
—Hay no Mario.
Hice un puchero.
—amor, debe ser el desayuno.
Yo me di la vuelta y él se levantó, fue a abrir la puerta y entró un señor con un carrito, se veía muy hermoso, él le dio la propina y el señor salió.
—¿quieres desayunar?
Me arropé con la sabana de pies a cabeza, no quería ser tan aburrida.
—Natasha, ven a desayunar.
—oblígame.
Dije, sabiendo que me podía arrepentir de lo que dijera.
—Vamos, hoy visitaremos a tu madre.
Cuando dijo eso me levanté y lo vi, con una risa burlona, me tomo el pelo, mi madre no ha despertado todavía y él me está tomando el pelo, me crucé de brazos y empecé a caminar.
—tranquila, vamos a ir mañana, hoy te tengo una sorpresa.
Mi cara se iluminó, pero de miedo, no tengo buenas FAMAS con las sorpresas siempre terminan mal o bueno termino arruinando.
—¿qué es?
—come.
Me acerco al plato y encontré unas ricas y deliciosas tortillas con la palabra te amo escrita, mire a Mario a los ojos, y él levantó una tapa, la siguiente decía, eres el amor de mi vida, levanto la tercera y por eso te vengo a pedir y a rogar. Levantó la última y fue la que más me gustó.
—SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SIIIIIIIIII
Salté a sus brazos y le empecé a besar como si llevara tiempo sin hacerlo, estaba muy emocionada, no lo podía creer. La última decía
Cásate conmigo, Natasha.
El anillo estaba hay, era muy hermoso, me encanto, él agarró el anillo y se arrodilló y me lo puso en el dedo correcto. Quito él otro anillo y lo paso para la mano derecha.
Luego se levantó y me dio un gran beso, nos separamos por falta de aire.
—me haces el hombre más feliz amor, te amo.
No era necesario más, todas mis dudas de que si él me quería, se fueron ya no tenía miedo, ya no sentí ese temor de que me dejara porque si me pensaba dejar, me pidió matrimonio otra vez, pero esta vez no fue por obligación, sino porque el quiso, esta vez fue con amor, esta vez pasa a las que me pude imaginar, esta vez es mejor que cualquiera.
Nos empezamos a besar muy apasionadamente, un calor empezó a subir por mi entrepierna, pero Mario corto el beso.
—Vamos a comer.
Hice un puchero, no quería comerme esa declaración.
—tómale una foto.
Agarre el celular de Mario y lo desbloquee y por cierto me sé la contraseña, y tome muchas fotos y las subí a su f*******:, y todas las cuentas, para que sepan mujeres, este hombre me pidió matrimonio, otra vez.
No tardó menos de cinco minutos a llegar los mensajes, todos sorprendidos porque nos casamos hace dos meses y ya me pidió matrimonio otra vez, algunos me enoja de viejas regaladas, otras felicitaciones, estaba muy feliz, pero debía comer, ese almuerzo y él postre, así que comencé a devorar todo.
No lo puedo creer todo el daño que nos hizo, siempre lo quise demasiado, era una persona muy importante para mí y me daño, nos dañó, no lo puedo creer, cómo la gente puede llegar a hacer tales cosas, porque, algo me odia, nos odia.
odia a todos.