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El domingo Andrés me entregó en efectivo los 400 dólares. Le prometí devolvérselos en dos quincenas y mi primo me llevó hasta mi casa. Luego del masaje, pues no pasó nada relevante. Él me dijo que tenía que salir luego de un rato y una hora después regresó para buscarme. Cuando lo hizo, su cuarto ya estaba limpio y reluciente. Por suerte, también me dio el almuerzo. Me dio comida china, así que comí con rapidez. Ese mismo día, le envié un mensaje al tal Carlo. “Ya tengo el dinero. Es Sara” El hombre, me respondió tres horas después lo siguiente: “Ok, te avisaré el día y el lugar para que me lo entregues pronto”. Ni el lunes, ni el martes tuve noticias del susodicho. Mantenía el dinero en lo profundo de mi cartera para evitar gastarlo. Me limité a seguir mi rutina diaria y a estar t

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