Camino hasta la habitación de mi primo de puntillas. No sé por qué me siento tan nerviosa o por qué en el fondo deseo que se vaya a alguna parte. Me siento tensa, inquieta, los vellos se me erizan. Para ser más clara, mientras limpiaba, en algún momento escuché el sonido de la regadera. ¿Y si está desnudo? La sola idea me estremece, así que sí, avanzo sigilosa para ver si mis ojos pueden captar su cuerpo entero sin nada de ropa. La puerta está entre abierta, así que la abro con lentitud, mis ojos se acostumbran a la oscuridad y lo detallo acostado boca abajo curioseando su móvil. Solo lleva una toalla alrededor de su cadera. «Diablos», balbucea mi cabeza mientras mis pupilas estudian el contorno de su espalda. Se ve tan firme, tan tersa… —Menos mal que apareces esclava —comenta él en

