Papá tiembla y cierra los ojos como si sintiera dolor. "Jesús, Shayenne", gruñe casi con rabia, pero luego sus ojos casi negros se abren de golpe para mirarme con una mirada de hambre que jamás le había visto mostrar a mi madre. "Me equivoqué. Esa respuesta era correcta. Jodidamente correcta", afirma bruscamente, luego se aclara la garganta y extiende la mano fuera de mi vista para, supongo, ajustarse el pene. "Cómete la comida. Te explicaré dónde estamos". Hago pucheros. "No tengo hambre." Pone los ojos en blanco, tranquilo de nuevo. "¿Comida o casa? ¿Sin explicación?" Hago pucheros otra vez, pero agarro la tapa de mi bandeja; huele de maravilla, así que gimo y busco los cubiertos. Me doy cuenta de que mi padre me está mirando fijamente, entonces comprendo por qué y me río a carcajadas

