El contrato 29

1412 Words

Fue una invención lenta, calculada. La vela, lisa y redonda, penetró su ano virgen con una facilidad que la espantó a ella misma. No hubo dolor, solo una sensación extraña, una plenidad obscena, un estiramiento que la hizo sentirse poseída de una manera completamente nueva. El número diecisiete sobresalía de ella, un marcador absurdo y terriblemente erótico. -Ahora... -dijo él, su voz un trueno ronco-. Cántame el cumpleaños feliz, mamá. Susana sintió el universo entero detenerse. Estaba a cuatro patas sobre una mesa, con la frente pegada a un mantel de papel, una vela de cumpleaños metida en el culo y su hijo pidiéndole que cantara. La denigración era total, un abismo sin fondo. Y en ese abismo, dos cosas florecieron en su corazón: una, que le gustaba. Una bestia adormecida en ella se de

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