Esa normalidad de porcelana se hizo añicos hace apenas tres días. Todo comenzó con una llamada del agente Miller. Su voz sonaba plana, casi aburrida, como quien anuncia el fin de una jornada laboral. —Gordon lo apuñalaron ayer en el patio de la prisión, Amanda. No sobrevivió. Su muerte desató una guerra interna inmediata allá afuera; uno de sus hijos, Hunter, movió sus hilos y mandó a matar a su propio padre. Al enterarse de esto, su otro hijo, Caleb, esa misma noche emboscó y mató a Hunter. Unas cámaras de seguridad de una tienda captaron todo claramente el ataque, sin dejarle ninguna vía de escape; Caleb fue arrestado el mismo día. Se están matando entre ellos, borrando cualquier rastro de lealtad que quedara. Ya no son una organización, son un nido de ratas despedazándose. Miller fue

