Sebastián salió de la casa rumbo a su casa, necesitaba redactar el documento para luego ir al hospital, él necesitaba saber qué había pasado para que Kassandra terminará en la misma cama que el señor Daniel.
Dos horas después el ya tenía el documento redactado, no había vuelta atrás, se necesitaba la firma de ella y sería un divorcio válido, Sebastián corrió hacia el hospital y no sería difícil entrar sin ser visto, desde que la pareja había llegado hasta ahí y los paparazzi pagaban por una foto exclusiva, él pagaría por una entrada sin ser visto.
Fue así como llegó a la habitación en donde estaban ambos, Kassandra estaba tumbada en esa cama de hospital totalmente asquerosa, no era una cama aseada, se podía ver las costuras a manos de los años, por lo que se acercó a ella para despertarla.
—Señora Kassandra, por favor despierte—
Sebastián llevaba consigo el documento, conoce muy bien la manera de actuar de su jefe y era obvio que al momento de entregarlo debía de estar firmado de antemano por ella.
Kassandra que estaba en medio de un sueño profundo, la medicación que le habían colocado para poder desintoxicar sin afectar la vida del bebé era impredecible, ella logró abrir sus ojos y sintió mucha emoción al ver a Sebastián ahí, era seguro que lo había enviado por ella, pero escuchar las duras palabras del asistente le dolieron profundamente en el corazón.
—Dime Sebastián, me siento bien, solo quiero regresar a casa—
El corazón del asistente se arrugó, él sabía que ella no podría regresar a casa, ya no había nada para ella ahí, su jefe lo mandó a quemar todo, no tenía duda que con la cantidad de alcohol consumido quemaría su corazón.
—Señora, él jefe a enviado un contrato de divorcio, él tiene las pruebas para llevarla a juicio y aun así dejarla sin nada, le pido que se libre que todo ese drama y firme el documento—
Kassandra estaba tan desorientada que ella no entiende lo que está sucediendo acaso él dijo ¿divorcio? Ella no se divorciaría de su esposo, ella lo amaba con todo su corazón, además dentro de ella venía el fruto de su amor, debían de investigar lo que sucedió en ese evento.
—No voy a firmar, si él quiere el divorcio que venga a mí personalmente—
Ella se dio la vuelta en la cama para darle la espalda, estaba totalmente molesta, como él podría abandonarla en su estado, aunque era una sorpresa o el regalo para después del evento, ella no tenía duda que él se emocionara al saberlo, era lo que ambos soñaban y ahora estarían más felices que nunca.
Sebastián al percatarse que ella no firmaría, decidió volver a casa, ya estaba amaneciendo y su cuerpo agotado necesitaba descansar, no tenía duda que sería él quien sacara la empresa adelante, al menos hasta que Fernando se sintiera acto para hacerlo.
Kassandra no paro de llorar, ella no entiende lo que le está sucediendo, ¿Quién atentó en contra de su felicidad? ¿con que derecho? ¿Qué ganarían con esto? Esas fueron sus preguntas mentales antes de quedarse dormida nuevamente, no fue sino hasta que el sol chocó en su rostro directamente que ella despertó, pero, ¿Qué estaba sucediendo? Ahora estaba en otra habitación y Daniel no estaba ahí.
Un médico entró por la puerta él la miró con mala cara, las noticias vuelan y en la vida hay muchos hombres machistas, ese médico se tomó a pecho la situación que ella estaba viviendo, la aborrece por haber engañado a su esposo, era una pecadora a sus ojos.
—Doctor por favor, podría decirme, ¿dónde está mi compañero de habitación? —
El hombre mayor se acercó a ella de manera amenazantes, sus palabras fueron duras y directas.
—¿Cree que este hospital es un hotel de mala muerte? No vas a compartir la misma habitación que tu amante, ya te veo bien, puedes levantarte y irte cuando lo desees, pero si me preguntas a mí, prefiero que te vayas ya mismo—
Kassandra abrió sus ojos de par en par, ¿qué les pasaba a las personas? Recordó al hombre del hotel y él tampoco quiso ayudarla, ella se levantó de la cama y miró su aspecto, estaba hecha un asco, gracias a Dios aún estaba embarazada, ella podía sentirlo en sus entrañas, debía ir a casa y saber de él, pero estaba sin su cartera, ¿Dónde había quedado? Antes de desmayarse la llevaba consigo.
Se concentró y salió con su frente en alto por los pasillos, el médico la miró con una mirada de desprecio y odio.
Lo que ella jamás pensó, fue lo que encontró a la salida del lugar, los medios de comunicación estaban ahí esperando su salida triunfal, a ella no le importo y puso un pie a las afuera del hospital, solo miro atrás con una sola pregunta, ¿Dónde estaba Daniel? Ella estaba segura que él como su amigo no la dejaría votada, ella no lo hizo con él.
La prensa la rodeo con muchas preguntas a la vez.
“Kassandra, ¿es usted la amante del empresario Daniel”
“¿Desde cuándo le monta los cuernos a su esposo?”
“¿Acaso tiene planes de divorciarse y irse a vivir con el señor Daniel?”
Ella estaba mareada y con poco espacio para respirar, no iba a contestar ninguna pregunta de ellos, ella no era la amante de nadie, además que ella era la señora Godoy para cualquier persona que se quisiera referir a ella.
Ella los evito a toda costa caminando a cortos pasos hasta llegar a una parada de taxi, en donde se subió a uno.
—Por favor a la calle Pedregal—
El conductor asintió y ella iba asqueada del hospital, no fueron capaz de quitarle la vía de su mano, por lo que ella cogió de los pañitos que el taxista tenía disponible para el público, apretó con fuerza y tiró de ella, se pudo ver como una mancha de sangre aparece debajo del pañuelo, el hombre se percató y no dudó en brindarle ayuda.
—Señorita, ¿necesita que la ayude? —
Kassandra le regaló una linda sonrisa, la llamó señorita, estaba más que segura que ese hombre no estaba al pendiente de las noticias chismosas que pasaban en la tv.
—Estoy bien muchas gracias por preguntar—
La belleza y la dulzura de Kassandra era una característica que la hacían reluciente ante el mundo entero, el hombre siguió conduciendo hacia su destino, bastó que ella llegara y se quedará de boca abierta al ver como el humo salía de lo que estaban quemando, era su juego de cuartos que arde en candela en ese preciso momento, no lo podía creer, ella se paro enfrente de la entrada de su casa y coloco la clave de seguridad para poder entrar fácilmente, pero por más que la repitió en varias ocasiones, le decía que era errónea.
Una voz familiar la hizo detenerse.
—Señora, no lo intente más, el Señor ha ordenado cambiar la clave de seguridad—
Kassandra miró el rostro hinchado de la anciana, quien había llorado toda la noche y orado por ella.
—Deja que entre y me cambie, necesito ir a la empresa y conversar con él, no sé qué está sucediendo, solo sé que alguien me tendió una trampa, te juro que jamás le he sido infiel—
Las lágrimas de Kassandra eran constantes, ella necesitaba recuperar a su esposo, además debía buscar dinero para pagar el taxi.
Con todo el dolor del alma Anastasia repitió las palabras que dejo dichas su jefe.
—Señora, él quemó todas sus pertenencias, el le dejo dicho que, si llegase a regresar hasta acá, que lo mejor que podía hacer era desaparecer de su vida—
—Pero sabes que no tengo a donde ir, además no sé dónde están mis documentos, no tengo dinero para pagar el taxi—
Anastasia se acercó hacia ella, quedando en un ángulo en donde la cámara no pudiese capturar lo que ella estaba por hacer.
—Tome, logre guardar esta pequeña cartera, ahí está lo que logre recolectar para usted, espero le sirva de algo, corra y huya, él señor es capaz de acabar con usted—
Kassandra cogió la cartera y agradece a la anciana, ella regresó al taxi quien esperaba por su paga, ella no le tenía miedo a su esposo, menos ahora que la había hecho enojar a ella.