Ella subió al taxi muy preocupada, su esposo había perdido la cordura y no le había dado el derecho de hablar, ella no le daría el divorcio sin una conversación juntos.
—Señorita, ¿a dónde la llevo? —
Kassandra miro su casa por última vez y volteo su mirada al frente, ella no se dejaría tan fácil.
—A las empresas Godoy por favor—
El conductor asintió y empezó a conducir nuevamente, las manos de Kassandra temblaban cada vez más, no quería llorar, pero eran sus hormonas que no la ayudaban en nada, ella miró por la ventana mientras iban en todo el viaje hasta llegar a la gran torre.
—Señorita hemos llegado—
Kassandra reaccionó y abrió la pequeña bolsa que le había entregado Anastasia, saco un poco de dinero y le pagó al conductor.
—Gracias por la espera, por favor puede quedarse con el cambio—
—Que tenga suerte señorita—
Ella asintió y bajó del auto, la prensa estaba en la entrada, no tenía por donde más pasar, por lo que ella enderezó su cuerpo y caminó con su barbilla en alto, no se dejaría de nadie, aún estaba casada y era la dueña de la mitad de toda esa empresa.
La prensa se limitó a sacarle fotos, ella entró a la recepción y fue detenida por un par de hombres de seguridad.
—Señora no tiene permitido el paso—
Los ojos de ella se abrieron de par en par, ¿Cómo que no tenía permitida la entrada?
—háganse a un lado, voy a pasar—
Pero, aunque la voz de la mujer sonó fuerte y autoritaria, ellos no le cedieron el paso, la rabia de Kassandra iba en aumento, por lo que lucho con los hombres, obteniendo que solo la sacaran de la empresa.
Ella fue lanzada al suelo con fuerza, jamás en su vida pensó que su esposo ordenaría un trato tan agresivo hacia ella, la prensa era testigo al momento de grabar el momento humillante.
Ella sintió el golpe hasta el interior de su ser, con dificultad logró levantarse, las miradas de las personas y las risas se hicieron presente, todos y cada uno se burlaban de ella, pero a Kassandra no le importaba quien se burlaba de ella, solo le importaba el trato tan inhumano que su esposo designó para ella, por lo que fijó su vista a lo más alto de la torre, en donde estaba ubicada la oficina de su esposo, ella no podría verlo, pero estaba más que segura que él la estaba viendo de ahí.
Ella empezó a caminar con dificultad, su pies se había torcido de la caída, aunque el dolor era insoportables, más le duele su corazón, ella caminó con dificultad mientras lloraba, camino y camino hasta llegar al banco más cercano, en la bolsa que Anastasia le había entregado estaban sus tarjetas del banco, probaría a ver si aun el no las había congelado, por lo que al llegar al cajero automático y ver que podía aún sacar dinero de ella, respiró con alivio, no tenía a nadie en este mundo, ella necesitaba buscar donde vivir y un trabajo mientras lograba conseguir una conversación con su esposo.
Ella saco todo el dinero permitido de cada tarjeta y al terminar se asustó cuando una niña se acercó a ella.
—Señora, tiene sangre en sus pantalones—
Kassandra miró su parte baja y estaba manchada de sangre ella miró a la niña y corrió a la vía en busca de un taxi, no podía perder a su hijo, era lo último que podría pasarle para perder todo en su vida.
—Por favor al primer hospital—
El conductor era el mismo de la vez anterior, como era posible que la vida lo haya puesto en su camino por segunda vez.
—Señorita por favor no llore, todo saldrá bien—
El hombre observó cómo ella se agarraba su vientre en medio de la mancha de sangre.
—Por favor rápido—
El hombre condujo al hospital más cercano, por suerte era uno diferente al que ella ya había estado, al llegar al área de emergencia el la ayudo a bajar del auto hasta conseguir una silla de ruedas, ella entró en medio del llanto, era una mala señal esa sangre que había derramado, lo médico la enviaron al área de ginecología y luego de ver el aviso del piso, Kassandra cayó en un sueño profundo, estaba transitando por tanto en tan solo unas horas, había perdido todo en tan poco tipo, solo le rogaba a Dios que no la alejara de su bebé.
El conductor del taxi se percató que ella había dejado la bolsa en el asiento trasero, aunque él era un hombre con muchas necesidades en este mundo, no fue capaz de quedarse con ella, por lo que esperaría a que ella pudiese recibir visitas y entregarle personalmente la bolsa.
Los médicos la estabilizando, su presión había bajado por el susto, gracias a Dios su hijo estaba en buen estado.
Mientras ella estaba en esa sala de hospital asustada por la vida de su hijo, en una silla presidencial estaba Fernando, había observado todo lo sucedido, aunque le dolió más a él la caída que los de seguridad provocaron, sintió que era lo que ella se merece.
—Señor, le tengo una noticia—
Fernando giró la silla y volteo a mirar a Sebastián.
—Dime, ¿Qué sucede? —
—La señora utilizó las tarjetas del banco, ha saco dinero de ellas—
Fernando tiró todo lo que había encima del escritorio, él estaba dolido y no podía pensar con claridad, el solo quería hacerla sufrir, ella a sus ojos era una mentirosa.
—Cancela las tarjetas, no quiero a nadie a su alrededor ayudándola, quiero que cierres uno y cada uno de sus caminos, que no tenga oportunidades en esta vida, al fin y al cabo, ella es una buena amante, se encontrará a cualquier hombre para sacarle dinero—
—Si señor—
Sebastián salió de la oficina con un solo pensamiento, ella lo era todo en la vida de su jefe, solo un hombre con tanto amor odiaría con tanta fuerza, mientras que Fernando no podía evitar romper todo a su paso.