A la mañana siguiente, Corina había despertado después de las once puesto que había vuelto a casa de madrugada luego de una larga sesión de besos en el auto. Naomi asistía a la universidad los sábados y sus vecinos de arriba trabajaban por la mañana, el escaso ruido le había permitido dormir tranquilamente y abrazaba la felicidad que sentía en su pecho, lo malo de la serenidad era que la hacía meditar así que pronto se encontró sumergida en un mar de distintas emociones e inseguridades. Se lo pensó un poco, Lorein quizá querría olvidar todo como era su costumbre, pero ella quería seguir sintiendo el tacto de la ojiverde y degustando del sabor de sus labios, quería que volviera a mordisquear su cuello y ¡demonios! Se suponía que estaba melancólica y aún así ya se estaba excitando

