En un momento de tranquilidad, la madre de Lorein hablaba con ella, la mujer mencionaba un par de cosas que sobraban pero la ojiverde no debía renegar nada a su madre. — ¿Y cómo está Lizy cariño? —cuestionó. —Vaya, creí que ya se te había olvidado su existencia. Su madre soltó una risilla. — Créeme que eso jamas podría pasar, ambas están cada noche en mis oraciones. Lorein sabía muy bien a qué se refería su madre, no solamente oraba por ellas de la manera que lo hacía por sus hermanos, por ellas pedía siempre perdón por un pecado que no estaban cometiendo, sin embargo la gerente decidió ignorar ese comentario y a la vez evitar una discusión. —Tú también estás en mis plegarias, mamá —dijo con aparente inocencia. — Como debe ser. Mantente en Dios

