Estoy exhausta después de no dormir anoche, pero aun así me quedo despierta media noche, llorando en mi almohada. A las tres de la mañana, finalmente abandono el intento y me levanto de la cama. Tomando aliento, abro mi puerta y salgo sigilosamente a la cocina para beber agua. Me muevo en silencio, sintiéndome incómoda por salir de mi habitación. Dante fue claro: ya no soy bienvenida aquí y se siente extraño moverme por su casa. Entro en la cocina y cojo un vaso de agua, tomando unos sorbos mientras vuelvo a la seguridad de mi habitación. Pero entonces oigo llorar a Lisa. Está mucho mejor, pero me preocupa que le duela el oído por la noche. Solo dudo un segundo antes de abrir su puerta. —Está bien, cariño —arrullo mientras se incorpora en la cama, extendiendo los brazos hacia mí. La a

