Me aprieta la mano antes de abrir mis dedos, tomar el anillo y volver a ponerlo en mi dedo. —Me estoy casando contigo, Ravenna. Miro fijamente, con la boca abierta. —Pero... —Tú eres la excepción a mi regla. ¿De verdad piensas que me casaría con una mujer cualquiera después de esperar tanto tiempo para encontrarte? —resopla. —Solo me caso contigo porque eres excepcional. El trato puede irse al carajo, por lo que a mí respecta. Esta fue la elección de mi hermano. —El trato puede irse al carajo... Pensé que era lo que querías. Por lo que has estado trabajando. —Quiero trabajar. Ser productivo. Trabajar con y para mi familia. Pero lo haré con alegría de ahora en adelante, y honestamente, no a costa de mi felicidad. Ni de la tuya tampoco. Burbujas de esperanza comienzan a surgir en mi pec

