Me despierto con golpes en mi puerta. Abro los ojos confundida. No puede ser Henry, él siempre entra sin más. —¿Amy? —pregunta desde el otro lado. Aparentemente, ahora toca antes de entrar. ¿Aceptar ser su “amiga con derecho” me ascendió al nivel de que toque la puerta? Pensé que tendríamos que haber hecho el acto para ese tipo de consideración. —¿Sí? —respondo. —La estilista estará aquí en una hora. El desayuno casi está listo. —Ya voy —me levanto de la cama y camino hacia el baño. Escucho la puerta del dormitorio abrirse y me detengo a mitad de camino porque dormí otra vez con su camiseta. Puede que esté adicta. Aún huele a él, o al menos a su detergente, y la tela es tan suave. Pero más que eso, me hace sentir más cerca de él. Esa camiseta estuvo en su cuerpo y ahora está en

