Henry regresa al dormitorio con dos copas de champán y tengo que reírme. Pide un deseo y, cuando estás con Henry, lo recibes. Ni siquiera lo dije en voz alta, pero de alguna forma él lo supo. También trae velas; las enciende en la mesilla y en la cómoda, apaga las luces y me entrega una copa. —Por nosotros y por nuestro futuro —dice mientras brindamos; el tintineo cristalino me hace cosquillas en los oídos. Bebo un sorbo y arrugo la nariz mirando mi copa. —¿Qué es esto? —Sidra espumosa —responde sentándose a mi lado en la cama. —Sabes que ya tengo más de veintiún años, ¿verdad? Se ríe. —Cierto. Pero también has tomado analgésicos fuertes hoy y tengo que asegurarme de cuidarte bien. El estómago se me cae un poco porque… sí… hace mucho que nadie se preocupaba por mi salud de es

