Chicago ya está calentándose; el calor de media mañana me pone pegajosa al instante. Pero el coche está en marcha, con el aire acondicionado puesto; Rocco me abre la puerta trasera con su amable sonrisa intacta. Me deslizo dentro del vehículo fresco intentando trazar un plan. Diré la verdad. Mi trabajo este semestre ha merecido aprobar. Si no me pone la nota que merezco, contaré a todos su proposición, presentaré mi trabajo y le pediré que justifique mis notas repentinas tan bajas. Es lo mejor que tengo. Me seco las palmas en el vestido, intento mantener la respiración regular, pero aprieto y suelto los puños en el regazo mientras el coche sale del parking. —¿Todo bien? —pregunta Rocco mirándome por el retrovisor. —Problemas con una asignatura —respondo mirando por la ventanilla mientr

