Llega el doctor y menos mal que es discreto. Hemos traído a Rocco desde el garaje, con un corte feo en la cabeza, David todavía sangra por la nariz, y Amy ha pasado de pálida a cenicienta. He visto peleas con menos heridas. Y todo esto antes de tener la reunión con las cuatro familias. Una reunión donde necesito toda la confianza y poder posibles, y por dentro estoy muriendo mientras veo a Amy sufrir. Esa sensación de querer destrozar a mi hermano llena de nuevo mi pecho. Ella está desplomada en el sofá, con el rostro en una mueca perpetua. Me acerco a ella mientras el doctor revisa su hombro. No es de hacer escándalos, así que me deja tomar su mano en la mía. —¿Estás bien, bebé? —pregunto. —Yo… —su rostro se tensa más—. Me duele mucho. Llevo su mano a mis labios, besándola mie

