Capítulo 3.
Entrega.
Ella le da un pequeño abrazo, siendo correspondida; se estrujan fuerte, ambos sintiendo el aroma del otro, lo que los une mucho más.
—Llámame o escríbeme si deseas hablar—le dice él al oído.
—Tú igual. Escríbeme cuando llegues a tu casa.
—Ok.
Ella se aleja y él espera hasta que ella entra a la casa. Una hora después, él le escribe para informarle de su llegada, lo que la hace suspirar, sin poder sacar de su mente su noche perfecta.
*
Días después.
Al pasar los días, todo vuelve a ser como antes, solo que ahora se escriben, incluso estando cerca, ella en su habitación y él en el jardín. Se cuentan todo, como van sus días y sus actividades; incluso él está cerca cuando ella practica su natación, ayudándola con su récord.
—Dos segundos más que la anterior princesa; deberías dejarlo ya, vamos, sal. —Él le ofrece su mano y ella la toma. de repente lo mira fijamente y sonríe con maldad, empujándolo a la piscina.
—No, no… —Ella se ríe, hasta que su sonrisa se borra al verlo intentando mantenerse a flote.
—¿No sabes nadar?
—Ayúdame, Cristal, ayuda… —Cristal se pone nervioso; de un movimiento, llega rápidamente hacia él, quien finge que se estaba ahogando.
—Respira, por favor, Edrian, perdóname, no lo sabías, Edrian, reacciona. —Su preocupación es notable, ella lo besa, intentando reanimarlo, cuando de repente él la sostiene, besándola con tanta pasión que le roba completamente el aliento.
sus labios se rozan ansiosamente, tanto que ella empieza a sentirse más ansiosa e intenta parar mirándolo impaciente.
—¿Por qué tan preocupada? —Ella nota que estaba jugando.
—Imbécil, si me asustaste. —Ella golpea su pecho siendo sujetada por Edrian.
—Me quieres, pececita, no puedes negarlo. —La vuelve a besar. Ella le corresponde a sus besos; abrazándolo, lo besa con pasión.
—Debes irte, mi nana vendrá y no quiero que nos vean, no quiero que te corran.— pide suplicante.
—Respóndeme y me voy, ¿me quieres? —Ella lo mira sonrojada a esos hermosos ojos color miel.
—Te quiero, Edrian. Ahora vete.
Edrian se aleja con una sonrisa, caminando hacia la casa del jardín donde tiene sus cosas para cambiarse.
Su atracción por Cristal cada vez es más fuerte; sabe que ella es una multimillonaria heredera, pero sus sentimientos por ella empiezan a florecer, lo que lo pone ansioso por cada encuentro.
Mientras que Cristal teme enamorarse, teme perderlo, sabe lo prejuicioso que es su padre y teme que les prohíban estar juntos.
*
Una semana después.
Intentando resistirse, ambos toman distancia, siendo discretos; se ven en lugares fuera de casa, él la lleva al cine, a comer helado, incluso le enseña los hot dogs, un mundo nuevo para ella, que los lleva a hacer locuras como la idea de que Edrian se escabulla a su habitación para ver películas juntos y hacerle compañía cuando ella más se siente sola.
—¿Tus padres dónde están? —le pregunta él, curioso.
—Se fueron a Nueva York, llegarán el lunes.
— Entonces solo estás con tu Nana.
—Sí, ¿por qué?
—Porque me quiero quedar contigo esta noche, claro, si tú quieres.
Ella sonríe.
—Sí quiero.
Edrian la besa, acariciando su piel blanca que se eriza con su toque, al igual que ella acaricia su pecho, desviando su atención de la película, “Tres metros sobre el cielo”, justo en la escena íntima de la película. Ellos empiezan a besarse; sus besos se vuelven más intensos a cada segundo. Cristal acaricia su cabello deslizando sus finos dedos por sus hebras, acariciando de él, mientras Edrian la acomoda debajo de él, haciéndola jadear al apretar el muslo de su pierna derecha, bajando con sus besos por su cuello a sus senos que se erizan por sus suaves besos.
—Edrian, yo… —Ella suspira deteniéndolo. Lo acomoda para que la vea. —Edrian, yo jamás he estado íntimamente con alguien.
Edrian se sorprende.
—¿De verdad?— Pregunta sin poder evitarlo.
Ella se sonroja apartando la mirada.
—Lo siento si te decepcioné. —Él sonríe dejando un corto beso en su cuello.
—Tú jamás me decepcionas, pececita. ¿Te gustaría que yo fuera tu primera vez? —Ella sonríe nerviosamente hasta que finalmente asiente.
—Te amo, Edrian, nada me haría más feliz que seas tú.
Edrian la besa, acomodándose junto a ella, lo que la extraña mucho.
—¿Dije algo malo?— Pregunta enfocándolo preocupada.
—No, pero será tu primera vez; lo haremos a su tiempo.
Ella se siente curiosa de sus pensamientos, pero no le lleva la contraria; tampoco se siente preparada ahora, solo se deja llevar y se acomoda descansando sobre su pecho.
*
Tres meses después
Encuentros, momentos, cuatro meses juntos, viéndose a escondidas, mientras se ganan la confianza de los padres de Cristal, quienes le empiezan a tomar cariño a Edrian así como a su padre, sobretodo la mamá de Cristal. Eso les da más libertad a Edrian y a Cristal, ya que su amistad los lleva a pasar mucho tiempo juntos, ella evitando a sus propios amigos y él evitando a los suyos; la ayuda en su entrenamiento y ella con algunos trabajos de su escuela mientras él trabaja. Juntos se han unido y eso empieza a incomodar al padre de Cristal.
—No me agrada nada esa amistad, pasan demasiado tiempo juntos, no creo que sea conveniente para nuestra hija.
—No te preocupes, son jóvenes, se llevan bien, son solo amigos.
— El muchacho no es malo, solo que no lo veo como pareja de nuestra hija; si es una amistad, entonces no será ningún problema.
—Vamos a la cena, se nos hace tarde.
Una vez más, dejan a Cristal sola, lo que le permite darle paso a Edrian a casa.
E: Estaré en la casa del jardín; ven cuando te lo pida.
C: ¿Qué estás planeando?
E: Una sorpresa.
Después de media hora, Cristal se prepara para verlo ante su llamado; su corazón se acelera caminando a escondidas a la casa del jardín, donde al entrar, Edrian la recibe en la entrada.
—Cierra los ojos—pide acomodando una venda en sus ojos.
—¿Qué haces?— Pregunta nerviosa.
—¿Confías en mí?
—Sí.
Ella se deja llevar, Edrian cierra la puerta con seguro, tomándola de la mano, la guía a la habitación, donde le quita la venda, permitiendo que ella pueda ver la hermosa decoración de pétalos de rosas en forma de corazón sobre la cama y velas a su alrededor, lo que la deja muy sorprendida y sin palabras.
Edrian se acerca a ella lentamente, ambos se miran, cortando la distancia involuntariamente, hasta unirse en un intenso beso. Él la guía a la cama sintiendo la adrenalina del momento; ambos están nerviosos, pero él la guía ayudándola a sentirse cómoda, la desnuda poco a poco, acomodándola sobre la cama y la hace sentir increíble con todo lo que él sabe hacer.
Cristal suspira, deslizando sus manos por la espalda de Edrian, quien poco a poco se desplaza dentro de ella, lo que la hace apretar su espalda, rasguñando la zona, de la misma manera que él la toma del muslo de su pierna derecha, apretando la zona, mientras la toma de su mano entrelazando sus dedos.
— Estás tan apretada, pececita.
— Te amo Edrian.— dice delirando de placer.
—Yo a ti, mi amor.
Edrian le hace el amor, la entrega es única y especial, realmente la hace sentir increíble; en todo momento lo disfrutan, se entregan totalmente y Edrian está hechizado con ella, deslumbrado por su belleza.
*
En medio de la noche, ambos esperan que todos estén en la casa para salir. Edrian le entrega una caja con unas pastillas y la besa.
—Te amo, nos vemos mañana, tómate las pastillas.
—Está bien, mi amor, por favor cuídate.
—No te preocupes, te llamo cuando llegue a la casa.
Ella lo ve marchar, llevando con él la bolsa con todo lo que trajo; ella no duda en volver lentamente a su casa, subiendo a su habitación por el balcón, lo que la deja libre de ser descubierta. Cristal sonríe ampliamente acostada en su cama, disfruta de su felicidad, ya que ha sido increíble su noche; solo falta tomar su pastilla y eso no duda en hacerlo antes de tomar una ducha recorriendo con sus manos su cuerpo recordando cada caricia.
*
Con esa noche empieza un juego entre los dos, siempre cuidándose, un meses entre sexo casual con preservativo. Ella ha aprendido de él y sabe todo lo que le gusta como él también la conoce a ella, descubriendo que ha desatado en ella sus más culposos deseos que la hace hacer Travesuras. Al ella, verlo trabajando en el jardín, se escabulle tras salir de su entrenamiento en la piscina y se mete a las duchas sin sostén, estando cerca de él, lo que lo pone celoso al verla.
—No quiero que nadie te vea, cúbrete.
—Nadie me va a ver, solo estamos tú y yo en esta área...— Ella sale a buscarlo y lo atrae tomando su mano.— ¿no quieres jugar? —Ella lo incita a entrar a la regadera donde se entrega a él.
Ambos están muy excitados disfrutando de su gran momento.
—Joder, espera, el preservativo, no lo siento.— Exclama nervioso.
—Aquí está. —Ella lo jala, volviendo a besarlo. Llegan a su clímax, lo que los une totalmente.
— Te amo muchísimo.— Le dice ella besando intensamente.
*
Dos semanas después.
En su habitación, haciéndolo una vez más, ella siente algo extraño que la hace detenerse.
—¿Qué pasa cariño? —pregunta él, al ver lo pálida que se pone.
—No lo sé, me siento un poco mareada.
Él la revisa pero ella no se lo hace fácil, lo lleva a su orgasmo que ambos comparten, cayendo agotados a la cama.
—Descansa, me iré.—dice intentando moverse.
—Quédate.— le pide deteniéndolo.
—No puedo, hoy es el cumpleaños de mi abuela, tengo que ir con ellos.
Ella corresponde a su beso despidiéndose de él; en cuanto él se marcha, ella se va al baño, notando que está manchado. Se siente emocionada porque por fin llegó su periodo que se había retrasado dos semanas.
*
Días después.
E: Sal, estoy afuera.
C: Voy, mi amor.
—Me voy, iré al cine con las chicas.
—Cuídate, cariño, no llegues tarde.
—No lo haré, mamá.
Cristal sale subiéndose a un taxi, encontrándose con Edrien, quien la lleva al cine y luego ambos pasan a una tienda de tatuajes. Él tiene algunos y hoy se hará otro, los ojos de Cristal en su hombro izquierdo.
—¿De verdad harás esto? —pregunta ella mirando a la cámara para la fotografía.
—Ya lo estoy haciendo.
Ella sonríe, tomando su mano, mientras el tatuador hace su trabajo.
—¿Duele? —pregunta ella, curiosa.
—No, solo es parte de tu mente; tienes que solo relajarte y no pensar demasiado en ello.
—Quiero intentarlo.— dice curiosa.
—¿Así? ¿Qué quiere hacerse la pececita?
—Nuestras iniciales en chino.
Edrian sonríe ligeramente besando su mano.
— Agregaré las iniciales a ese tatuaje, Riki.
— Bien, pero no te muevas si quieres que te quede bien este tatuaje.
Después de varios minutos, ambos se tatúan, ella sus iniciales en el costado de sus caderas con un pequeño pez, y él sus ojos y sus iniciales en el hombro. Van saliendo emocionados, cuando de repente tropiezan con varios chicos que vienen entrando.
—EDRIAN, HERMANO. —Un joven moreno lo abraza y él le corresponde, enfocando a una hermosa chica de tez clara, ojos color miel y cabello n***o que lo mira intrigante.
—¿Qué haces aquí, brother?
— Venía de paso, ¿Y ustedes a qué vienen? — Responde ignorando a Cristal, quien espera apartada.
—Venimos a acompañar a Siena con su tatuaje.
—Edrian. —La chica se acerca saludándolo con un beso en la mejilla casi en los labios, mientras enfoca a Cristal con una mirada fría. —No esperaba verte de nuevo hoy, me hubieras dicho que venías y te hubiera pedido que me acompañaras.
—Estaba ocupado… —Cristal camina a la salida, al notar que él no tiene intención de presentarla, prefiere retirarse, llamando la atención de todos los presentes.
—¿Ella viene contigo? —pregunta Siena.
—Qué belleza, ¿esa es la chica de la que me hablaste, hermano?— Luis uno de sus amigos más cercanos.
—No tengo tiempo ahora, los veré en otro momento.
Edrian sale buscándola; Cristal no está a simple vista, lo que lo lleva a llamarla, siendo ignorado, gesto que lo pone ansioso.
—¿Buscas a la rubia que vino contigo? —pregunta uno de los tatuadores que está calando un cigarrillo en la entrada del lugar.
—Sí, ¿la has visto?
—Se fue a la plaza, por allá. Buena suerte viejo, creo que iba llorando.