Capítulo 4.
Decisiones.
Edrian corre hacia la plaza, encontrándola en una banca, donde ella permanece sentada, intentando controlar su mente y sus pensamientos hasta que lo ve llegar.
—¿Por qué te fuiste de esa manera?
—Sé cuando mi presencia sobra; no quería interrumpir tu encuentro casual con tu Siena.
—No esperaba encontrarlos aquí, Cristal.
—Y menos presentarme; quizás no quieres que ellos sepan de nuestra relación.
—Pensé que eso era lo que hacíamos, lo manteníamos en secreto, tú no quieres que nadie lo sepa y yo respeto tu decisión, no entiendo por qué te molestas.
—Lo hago para proteger tu trabajo, no porque me avergüenza presentarte a mis amigos.
— Recordando que soy tu empleado, solo un jardinero a comparación de Liam… —Ella lo mira fijamente—. Las escuché hablar de mí la otra vez, soy guapo, pero nada rico para ser tu pareja.
— ¿Tú crees que a mí me importa eso? ¿Qué me importa lo que ellas digan? Si no le he dicho a nadie de nuestra relación es porque no quiero que mi papá te corra; ya está sospechando e incluso hace preguntas. No porque tú me avergüences, yo te amo y no me importaría dejarlo todo por ti. En cambio tú, vives en un mundo de secretos, tu vida es completamente ajena a la mía, no conozco a tu familia, ni tus amigos, no sé nada, y verte con ellos, verte con ella me hace pensar muchas cosas; es evidente que aún la quieres.
—No es así, yo te quiero a ti.
—Eso no fue lo que pareció hace un momento, la manera en la que ella me miraba, como te beso y te sujetaba, como te abrazo, no parece solo de amigos, Edrian, solo dime la verdad, ¿está pasando algo entre ustedes dos? —Edrian la mira serio, con el corazón acelerado, su mente se nubla pensando en lo que ha pasado. —¡Demonios! Pensé que era real esto, pero me equivoqué. —Ella toma su bolso de mano y camina para marcarse, siendo detenida por Edrian.
—Espera, por favor, no te vayas. — Ambos se miran estando muy cerca el uno del otro.
—Dime algo, Edrian, ¿me has respetado aunque sea un poco?
—Al principio todo fue un juego, solo era sexo con ella; habíamos terminado, pero nos seguíamos viendo. Después lo nuestro, la dejé de ver, me aparté, pero hace poco hubo una fiesta y… —Ella niega sintiéndose desecha, se aparta de él.
—No digas más, esto se terminó, no vuelvas a acercarte a mí.
—Te amo, Cristal.
—No, tú no me amas, solo has jugado conmigo, no quiero verte, se acabó. —Se suelta de su agarre muy dolida.
Ella camina cubriéndose con su abrigo, toma un taxi sabiendo en el sin mirar atrás.
Al llegar a casa, Cristal camina directamente a su habitación, ignorando a su nana para que no la vea llorar.
—¿Cristal? ¿Estás bien, cariño?
—Sí, Nana, solo estoy cansada. Feliz noche.
Cristal se encierra en su habitación, donde se desmorona sintiendo una mezcla de sentimientos y dolor que le causan náuseas, llevándola al baño a vomitar.
*
Días después.
No han vuelto a verse; Cristal evita por completo tropezar con él, incluso lo ha bloqueado de su celular. No sale de su habitación a menos que vaya a la secundaria, donde Edrian ha ido a buscarla en diferentes ocasiones, notando cómo ella huye de él escudándose con sus amigos o Liam. De ella se sabe poco y ya no entrena en la piscina, lo que dificulta verla. Sabe por los rumores de los empleados que ella está enferma; ha tenido mucho malestar, algo que no solo lo preocupa a él, sino también a la madre de cristal, quien persiste en llevarla a la clínica.
—Cariño, ¿estás segura de que no quieres ir al doctor? Te veo muy pálida.
—Estoy bien, mamá, solo es algo que me cayó mal en la escuela.
—¿No irás con Georgia a ver los vestidos para la graduación?
—No, elige tú uno en línea, mamá, no tengo ganas de salir.
—Cristal, hija, ya me está asustando, tú no eres así, por favor, dime qué pasa.
—Nada, mamá, ya te dije, solo estoy un poco cansada. ¿Me dejarías dormir, por favor?
—Está bien, cariño, si necesitas algo, me llamas.
Cristal siente ese beso de su madre en la frente y cierra los ojos entre lágrimas. Ella está muy enamorada de Edrian y sentirse engañada ha sido un golpe que no esperaba, al igual que los síntomas que empiezan a ser mucho más evidentes, lo que le impide escaparse de la visita del doctor de la familia.
—No, por favor, no es necesario, estoy bien—dice mirando la inyección a la que le tiene pavor.
—Debemos evaluarla mediante análisis; creo que puede tener un virus —dice el doctor, sacándole sangre.
Tras pasar varias horas, los exámenes llegan, y entre ellos una prueba de embarazo que el doctor mandó hacer discretamente, confirmando sus sospechas.
— Señora Perales, señor Aguirre, debo informarles que hemos confirmado, por medio de los análisis médicos, que su hija está embarazada.
—¿Qué dijo, doctor? —Daniela mira con seriedad al doctor.
— ¿Qué locura está diciendo, doctor? —Mi hija no puede estar embarazada, ella ni siquiera tiene novio. —Afirma Victor, quien enfurece con la noticia.
—Me temo que la información va acorde con los síntomas; su hija está embarazada.
Al volver a escuchar al doctor, Victor pasa por su lado directamente hacia Cristal, que se atemoriza al verlo frente a ella.
—Cristal, ¿estás escuchando? —Cristal está en shock, ella recuerda haberse cuidado todo este tiempo, ¿qué pudo salir mal? —Cristal, ¿estás teniendo intimidad? —pregunta Daniela, tratando de intervenir antes que Victor.
—HABLÁ, DI ALGO, ¿ESTÁS TENIENDO INTIMIDAD? —pregunta ferozmente Victor.
Ella por fin levanta su mirada entre lágrimas, mirando a su padre en una mezcla de dolor y miedo.
—Sí, papá, estoy teniendo intimidad.
—¿Qué? —su madre se escandaliza.
—¿Quién es el padre de este bebé? Dime, Cristal, ¿con quién te estás acostando?
—No puedo decírtelo, papá. —Responde temblorosa.
—Me lo vas a decir ahora mismo… —Victor la toma de los hombros, batuqueándola, frenético—. Quien te embarazó, tendrá que hacerse responsable de ti.
—No, papá, no puedo decírtelo, por favor, perdóname.
—¿Perdonarte? Estás embarazada, has roto mi confianza, has destruido tu vida, ¿cómo has podido? Dime quién es el padre de este bebé.
—No, papá, no puedo.
—Cristal, ¿A quién intentas proteger? —Cristal se queda en silencio; ella llora, lo que pone a pensar a su padre.
—No, no puede ser, Cristal, ¿es ese jardinero? Dime, ¿es el jardinero?
—No, no, es él, no yo… —su padre interrumpe.
—¿No vas a decirme? Vamos a ver si él se atreve a negar que se burló de ti.
—No, no, papá, papá… —Ella se levanta para perseguirlo.
—CRISTAL, NO CORRAS, CRISTAL… —El escándalo retumba en toda la casa.
Cristal se atraviesa frente a su padre, mientras que Edrian, al verla correr, se levanta firme para enfrentar a su jefe.
—HIJO DE PUTA, TE ATREVISTE A DESAFIAR MI CONFIANZA Y TE ACOSTASTE CON MI HIJA, NIÉGALO.
Cristal se voltea a verlo después de varios días sin verse.
—Cállate, tú y yo no tenemos nada, nunca hubo nada. —Edrian la mira serio y luego a su jefe.
—Sí, yo tengo una relación con su hija.
—Entonces sí tienes pantalones para admitir que ese hijo es tuyo.
Edrian se sorprende y la mira impactado.
—¿Estás embarazada? —pregunta desconcertado.
—No, todo esto es un error.
—¿Por qué mientes, Cristal? Él está afrontando la situación, mira la prueba, ¿hasta dónde quieres llegar? ¿Por qué lo proteges?
—Yo no lo protejo, papá, simplemente lo que haya ocurrido entre los dos se acabó, yo no quiero estar con él y no pienso obligarlo a hacerse responsable de nada, no lo necesito. —Le dice ella mirándolo a la cara.
—Me importa un demonio lo que tú quieras; si él te embarazó, él se hará responsable de ti.
—No, papá, no me hagas esto.
— Esto te lo hiciste tú sola. Laila, baja las cosas de Cristal; se va con el jardinero.
—NO, NO, Victor, no, por favor, no le hagas esto a nuestra hija, Victor, es solo una niña.
—Eso lo debió pensar cuando abrió las piernas; en ese momento no pensó que era una niña. Si él la embarazó, él se va a hacer cargo.
Daniela se atraviesa y lo toma de las mejillas.
—Por favor, por favor, mi amor, hablemos a solas, te lo pido.
—Daniela, no voy a cambiar de opinión.
—Solo un momento, por favor, Victor.
Al ver la escena, Edrian, aunque está en shock y un poco asustado, reacciona en su defensa.
—Señora, no necesito que nos defienda; si su hija está embarazada, ese bebé es mío, y yo estoy dispuesto a hacerme responsable.
Cristal voltea a verlo.
—No, yo no quiero estar contigo, tú me has mentido, me has engañado, no me iré contigo.
Edrian la aborda.
—Escúchame, cariño, no tengas miedo, tú no estás sola, no pienso dejarte, ¿me escuchaste? No pienso hacerme a un lado. Cuando tú lleves a mi hijo, te prometo que voy a hacer todo lo posible por protegerlos, cuidar de ti y del bebé. Por favor, Cristal, dame la oportunidad, déjame ser parte de tu vida y la de este bebé. Te lo pido, cariño, perdóname, no puedo estar sin ti, te necesito.
Edrian la abraza y ella llora.
La escena es vista por todos los presentes; él la reconforta intentando calmarla, lo que lleva a Víctor a verlo con odio.
—Perfecto, si él está dispuesto a ponerse los pantalones y sacarla adelante, pues que se vaya; verá que la vida fuera con este tipo no es lo que piensa, se arrepentirá por defraudarnos.
—Victor, mi amor, por favor, te lo pido, habla conmigo.
—No hay más nada que decir, Daniela.
—Entonces, si piensas darle la espalda a nuestra hija, yo no lo haré; ella nos necesita ahora más que nunca. Mis padres nunca me dieron la espalda cuando quedé embarazada por primera vez… —Victor interrumpe.
—Pero yo tenía con qué mantenerte; este jardinero apenas tiene para sobrevivir.
—No le permito que me falte al respeto; si bien no tengo los millones que usted tiene, puedo perfectamente hacerme cargo de su hija. No podré darle lujos, pero no le faltará nada; yo la amo, señor.
—De amor no se vive, niño, ustedes no tienen idea de lo que significa tener una familia, un hijo. Solo espero que Cristal no pase por los problemas de salud que pasó su madre. Vas a tener que partirte el lomo para pagar los gastos médicos; dudo mucho que ese bebé nazca. En tu mundo, morirá como lo hizo su hermano.
—¡BASTA! VICTOR, YA TE LO DIJE, SI LA NIÑA SE VA, YO ME VOY CON ELLA.
—¿Qué estás diciendo, Daniela?
—Lo que escuchaste, me llevaré a la niña a vivir a otro lugar, no a ese barrio; ella me necesita, es lo único que tengo y no pienso dejarla sola por un error. Ella está a semanas de graduarse, puede hacer esto, aún es joven y yo la ayudaré.
—Tú no vas a ser nada, no vas a seguir mirándola; por tu culpa es que ella está así.
—Ambos tenemos la culpa, los dos la descuidamos; tú menos, has dejado mucho tiempo solas, simplemente no tienes idea de nada. Un error no puede marcar a mi hija, no lo voy a permitir mientras yo pueda, así que tú decides: si la niña se va, me voy con ella.
—Vamos a hablar de esto en el estudio; tú no estás pensando de manera razonable.
Ambos se retiran, dejando a Cristal junto a Laila, que le trae agua con azúcar para que se calme.
—Cristal… —Cristal, al escucharlo, se aleja de él.
—No quiero escucharte, esto no debió pasar, pero pasó y me arrepiento de haber estado contigo; solo he sido un juego para ti, nunca te importé realmente.
—Eso no es cierto, cariño, yo me enamoré de ti, te amo, Cristal.
—¿Me amas? Cuando yo no podía darte sexo, lo buscabas en Siena. No quiero ser la culpable de tu fracaso; voy a tener a este bebé. Tú puedes hacer lo que quieras.