Capítulo 5.
Vivencias.
Tras pasar varios minutos, Edrian espera paciente a que salga Victor, aunque Cristal, aunque está enojada por lo sucedido y se siente engañada, él no piensa dejarla; aunque ella insista en que se vaya, él no piensa retroceder.
—Vete, vete ya; si te hubieras quedado callado, no tendrías que perder tu trabajo, podrías seguir tu vida como si nada.
—¿Y hacer como si ese bebé que llevas en tu vientre no fuera mío? Ni hablar, mis padres me enseñaron a ser responsable de mis actos, no voy a retroceder, Cristal . Así como una vez mi padre se hizo cargo de mi madre, así lo haré yo contigo; me quieras o no, te amo y no voy a rendirme tan fácil.
Ambos se miran muy agitados; él no retrocede y ella tampoco, siendo interrumpidos por Víctor y Daniela, que aparecen ante ellos.
— Qué bien que están los dos.— Ambos voltean en dirección de Víctor, notando que Daniela llora desconsolada.— Hemos tomado una decisión respecto a ustedes, ya que quieren jugar a ser adultos, van a tener que hacerse responsables de sus actos, a partir de ahora van a vivir los dos, como pareja en la casa del jardín, tú muchachito, voy a ir personalmente hablar con tus padres y le informare de la situación, desde mañana vas a dejar de trabajar en el jardín y te asignare un puesto de asistente en la empresa, en cuanto a Cristal, se hará cargo de sus responsabilidades como tú mujer, después de venir de la escuela atenderá tú casa, lo quiero todo limpio, te atenderá y cocinara para ti, no recibirá ayuda de nadie y tendrán que empezar a formar su propia familia, no pienso sobreprotegerlos, ¿Quieren ser adultos? Van a tener responsabilidades como adultos, enfocándose en las cosas reales de la vida; más que sexo, ese bebé es su responsabilidad. Como el hombre de la casa, vas a proporcionar el sustento de Cristal. Laila, baja las cosas de Cristal a la casa del jardín.
—Sí, señor.
—En cuanto a ti, muchachito, camina, tengo una seria conversación con tu padre.
Edrian se aleja de Cristal; ninguno de los dos dice nada. En cuanto ellos se marchan, Cristal se abraza a su madre, quien la consuela.
—Todo va a estar bien, no estás sola. Estando aquí yo podré ayudarte. Tu papá te cortará el dinero y ha suspendido tus cuentas, pero no te preocupes, yo te ayudaré si lo necesitas. Por favor, Cristal, cuida mucho tu embarazo y lucha, cariño, que tener un bebé no es impedimento para avanzar. Ahora este bebé es tu fortaleza y tienes que salir adelante por él. Termina tu escuela y, cuando te gradúes, puedes tomarte un tiempo para que te encargues del bebé. Tienes 16 años, aún eres joven y la universidad la puedes empezar más adelante.
—La natación, mamá, perderé todo lo que había logrado.
—Pero tendrás un premio mayor; sé que amas a ese muchacho, lo vi en tus ojos cuando intentabas protegerlo. Solo lucha por eso, cariño.
Cristal la abraza, siendo consolada por su madre, mientras que, por otro lado, Edrian se enfrenta a su familia.
—Has deshonrado a su hija, ¿cómo pudiste? —Edrian permanece en silencio mientras su padre lo reprende—. Has convertido a nuestra familia en una vergüenza, ahora tendrás que hacerte responsable, toma tus cosas y ve con la joven Cristal, tendrás que hacerte cargo de ella, aprovecha la oportunidad que te están ofreciendo, solo piensa en que has dañado tu futuro, todo lo lanzaste por la borda, tendrás que cargar con el peso de tus decisiones.
—Y lo haré, papá, no la dejaré sola; espero puedan perdonarme algún día.
Edrian recoge lo poco que tiene y sigue a Victor al auto. Al marchar, él ve a su familia despedirlo en la entrada, sin saber lo que le espera.
—¿Crees que te lo pondré tan fácil después de deshonrar a mi familia? —Vas a tener que trabajar muy duro, niño, tú no sabes con quién te has metido. —Edrian no le da respuesta, permanece en silencio, hasta llegar a la casa. —Ve, instálate; si quieres que te pague el trabajo que estabas haciendo, vas a tener que terminar hoy mismo. Date prisa, vas a necesitar el dinero.
—Como ordene, señor. —Edrian camina a la casa donde ya Cristal espera, organizando todas sus cosas. —Déjame ayuda. —Edrian la ayuda quitándole la ropa y la organiza en el armario. —Él se encarga de todo, mientras que ella permanece distante, en silencio.— Voy a terminar la obra del jardín, no hay nada en la despensa, pero lo resolveré.
Ella no le da respuesta; Edrian la mira por unos segundos antes de salir de la casa.
Las horas pasan y él aún no llega; cae la noche y puede ver que Laila le trae de comer a ella, pero no a él.
—Tu padre dijo que te trajera esto; debes comerlo, mi niña, no has comido bien en días y eso no le hace bien al bebé.
—Lo comeré, nana, no te preocupes. —Cristal la ve moverse para irse y la detiene. —¿Sabes de Edrian?
—Sí, está afuera; tu padre ha exigido que termine el trabajo que le ha dado si quiere que le pague.
—Es un trabajo de varios días, no podrá terminarlo.
—Tendrá que hacerlo, ya que mañana irá a trabajar a la empresa y tu padre exige que termine el trabajo, ya que le había dado un abono antes; debe cumplir, mi niña.
—Aquí solo hay comida para mí.
—Así es, cariño, tu padre ordenó que no le demos nada a él. Permiso, mi niña, no puedo demorar; come, por favor.
Cristal permanece en silencio. Edrian no llega hasta las tres de la mañana, no descansa nada y tiene heridas incómodas en sus manos.
—¿Qué haces despierta? Debes descansar.
Cristal lo mira intentando vendar la herida en su mano.
—¿Terminaste?
—Lo hice. Voy a bañarme.
Cristal lo ve alejarse; pasan varios minutos antes de que salga, notándola aún sentada en el sofá.
—Ven a la cama, necesitas descansar. —Edrian la toma de la mano y la lleva a la cama, donde ambos se acomodan.
No pasa mucho antes de que se quede dormida, mientras que Edrian no puede pegar un ojo pensando en todo lo sucedido; él acaricia su vientre y la besa, sintiéndose muy feliz por compartir con ella este gran momento.
*
Al despertar, ambos se preparan para salir; Edrian falta a clases enfocándose en prepararse para ir a trabajar. Esta es su nueva vida y debe enfrentarse a lo peor.
—No tengo mucho dinero; te daré algo para que desayunes en la escuela.
—No te preocupes, mi mamá me dio dinero, guárdalo.
—Voy a tratar de comprar algo de comida con el dinero que tu papá me va a pagar; si necesitas algo, pídelo a mí, no quiero incomodar más a tu mamá.
—Está bien. —Él intenta besarla, pero Cristal se aleja.— Buen día, Edrian.
Aparte de lidiar con su suegro, debe mantener la calma con ella; aún no hablan bien de todo lo que pasó y eso los mantiene distantes, haciendo las cosas más complicadas.
—Toma, el dinero que te debo. De él cobre la luz y el agua de la casa; eso lo haré con cada pago. Por petición de mi esposa, voy a ceder a que termines la secundaria. Ve a la escuela y al mediodía te espero en la empresa; tienes mucho trabajo esperando por ti, no te demores. .
Edrian mira el dinero en su mano y se siente indignado, pero aún así no discute.
—Bien, que pase buen día, señor.
*
Así comienza su jornada: al ir a la escuela, ni siquiera le da tiempo de llegar a la empresa a tiempo, lo que lo expone al enojo de Víctor, quien lo presiona demasiado.
— Vas a ir a la cafetería y vas a preparar café para todos, sacarás copias a cada carpeta en el escritorio y ordenarás las originales en el archivero a tu derecha. Date prisa, tenemos cosas que hacer.
Edrian se ve bajo mucha presión; sus amigos intentan contactarlo , pero no encuentran respuesta. Aún así, todos deciden ayudarlo con el proyecto que llevan juntos, la última presentación del mes.
En cuanto termina sus labores, lo ponen a llevar encomienda a los pisos superiores, a veces por el elevador, otras por las escaleras. La paga es buena y por eso se esfuerza mucho; aunque termina agotado, va al súper y compra cosas. Sin embargo, sus planes se reducen cuando llegan los recibos de los medicamentos que debe tomar Cristal, algo que de seguro se lo van a descontar. Se siente presionado, pero aún así, le compra sopa instantánea y un dulce a su pececita, quien lo espera en casa haciendo sus actividades.
—Hola, ¿cómo ha ido tu día? —le pregunta, acercándose para dejar la sopa y el dulce frente a ella.
—Bien, ¿Y a ti?
—Bien, compré comida.
—Está bien, pero yo no sé cocinar.
—No te preocupes, haré de comer antes de irme por la mañana, tú tranquila. —Edrian le da un beso en la frente, acariciando su vientre. —Perdóname, sé que fallé, pero no quiero estar así contigo, te necesito. —Le dice impaciente.
—Lo pensaré. —Responde alejándose de él.
Edrian no se rinde, va tras ella, quien se desnuda para entrar al baño y tomar una ducha, donde él la sigue, abordándola por la espalda.
—Estamos juntos ahora, solo somos nosotros tres, nadie más, te lo prometo, dame una nueva oportunidad.
Cristal cierra los ojos y se voltea, poniéndose frente a él.
—Tengo mucho miedo, no quiero que esto salga mal.
—No te preocupes, mi amor, mientras hagamos esto juntos, lo vamos a superar. Te prometo que voy a luchar por darte una buena vida.
—Y yo te prometo poner de mi parte, solo prométeme que todo con Siena ha terminado.
—Se terminó, tenlo aseguro.
Ambos se besan; es la primera noche como pareja que pasan juntos, hacen el amor y juntos preparan de comer. Él le enseña a hacer tostadas y huevo, continuando con sus actividades de la escuela.
*
Así inician sus días de unión, ambos compartiendo las actividades. Han pasado dos semanas y, aunque Edrian no lo diga, está agotado; cada vez resiste menos. Por eso ella lo ayuda con sus trabajos de la escuela y le prepara algo de comida, intentando repasar lo que su Nana le enseñó, aunque no lo hace bien.
—Ah, no, no se quemaron, qué tonta, no… —Edrian la observa en silencio; ella lo hace sonreír, lo que lo lleva a acercasee.
—¿Qué hace mi pececita?
—Mi amor, te hacía unos panqueques, pero se quemaron, soy una tonta. —Ella llora recibiendo un corto beso en sus labios.
—No te preocupes, no están mal, lo importante es la intención.
—Quería que tuvieras la cena lista.
—Y la tengo, mira.
—No, no te lo comas… —La hace sonreír al ver que él prueba sus panqueques.
—Están ricos —dice haciendo un gesto que la hace sonreír.
—Mentiroso, no te los comas.
—Lo hizo mi esposa, debo comerlo. —Ella se sorprende con sus palabras.
—¿Esposa?
—Sí, después de todo, quiero que tú seas mi esposa, Cristal . Los amo, tú y el bebé lo son todo para mí.
—Yo también los amo, mi amor; este bebé nos ha unido y es lo más importante para mí. Gracias por no dejarme sola.
Ambos se abrazan, reviviendo el momento de hace unos segundos.
—No, no te las comas, haré otras.
—Huele a quemado.
—¡Oh Dios! Tu ropa la estoy planchando.
Edrian se ríe al ver su puchero; le ha quemado la camisa, pero aún así, él no se enoja. Ella realmente está haciendo un gran esfuerzo por cuidar de él, incluso lo ayuda con sus tareas y eso lo hace ignorar las discusiones con Victor.
*
Días después.
Están juntos en su consulta médica, ambos felices por ver a su bebé en la pantalla, dos meses desde su unión y, aunque no ha sido una tarea fácil, este momento lo mejora todo.
—Está muy saludable, se desarrolla muy bien y todo marcha con normalidad.
—¿Podemos saber sexo, doctor?
—Aún no, joven Toledo, alrededor de los 5 meses aproximadamente.
— Entonces debemos pensar en un nombre para cada sexo.
—Sí, pueden tenerlo en cuenta así; al momento de saber el sexo, ya tendrán el nombre.
Tener la idea los hace pensar en nombres para su bebé mientras caminan por el parque disfrutando de un helado.
—Ya un mes juntos, parece mentira que ya tienes dos meses de embarazo. ¿Has pensado en un nombre?
—Solo se me ocurre de niña. ¿Te gustaría que fuera una niña?
—Me gustaría, aunque quiero sorprenderme.
—¿Qué nombre te gustaría ponerle? He pensado en Cristina si es niña y en Adrián si es niño.
—Me gusta Adrián; en cuanto a la niña, una vez pensé que si tuviera una hija, le pondría Luna. Es un nombre muy bonito. ¿Qué piensas?
— Luna es hermoso, me gusta; si es niña, le pondremos Luna y si es niño, Adrián.
—Buena decisión, esposa mía.
—Si sigue diciéndome así, me lo voy a creer.
—Ya verás que pronto tendré dinero para comprarte un anillo, por lo pronto… —Edrian saca su anillo de acero y se lo pone—. ¿Quieres ser mi esposa, Cristal?
—Sí quiero. —Ella lo besa, correspondiendo a sus besos.
—Es una promesa, tú serás mi esposa, Cristal, ya lo verás.