Capítulo 6.
Elección.
Han empezado a sobrellevar la situación, aunque para Edrian las cosas se empiezan a complicar. Incluso solo paga su diploma y no asiste al acto de graduación con tal de comprarle a Cristal su vestido de graduación. Él solo asiste al instituto por sus documentos y la beca que sostiene en sus manos, lo que lo inquieta al pensar que si acepta, tendrá que viajar a Washington y eso lo alejaría de Cristal. No tiene la capacidad financiera para llevarla con él y ella no puede depender por su cuenta; pasarán varios meses antes de poder volver con ella y quizás incluso se pierda su embarazo y el parto, lo que lo pone en medio de una difícil elección.
—Edrian, Edrian, te he estado llamando, ¿por qué no me respondes?
—Ahora no tengo tiempo, Siena, debo irme.
—Edrian, tenemos que hablar. Espera, Edrian, me dijeron que te fuiste a vivir con la niña rica. Por Dios, ¿cómo pudiste hacer esa locura? Ella no es de tu mundo.
—No es tu asunto, Siena, te pido que no te metas; ahora no tengo tiempo para ti.
— Edrian, espera, estoy embarazada. — Edrian se detiene, volteando en su dirección. — Hace unos días me hice una prueba de embarazo y resultó positiva, estoy embarazada.
—Eso es imposible, ni siquiera te toqué, Siena, estoy seguro de que no te toqué.
— Estuvimos juntos, Edrian, estábamos muy ebrios, solo pasó, acéptalo.
—No me jodas, Siena, no me vengas con esto ahora, no tengo tiempo para tus juegos.
— Edrian, tenemos que hablar de esto… Edrian.
Edrian se aleja muy inquieto; esto es imposible, todo esto es una pesadilla, una insoportable pesadilla.
•
Con esa noticia, Siena ha empezado a llamar a toda hora, incluso le impide concentrarse en diferentes ocasiones, como hoy que Daniela ha hecho para Cristal una pequeña celebración de graduación, donde Edrian asiste; sin embargo, no encaja con ninguno de los presentes que lo miran de reojo e incluso lo critican y hablan de él a escondidas. Claramente, los amigos de Cristal y su familia lo hacen de lado, tratando de humillarlo; los pocos que conocen sobre el embarazo de Cristal apenas lo toleran, una reunión a la que no quería asistir y que se vio obligado a acompañar a Cristal.
—Date cuenta, niño, tú aquí no encajas. Ellos revisan de clases y tú pareces uno de los meseros presentes; jamás podrías darle a mi hija una vida llena de lujos como esta. Solo mira lo delgada que ella está, apenas se alimenta. ¿Cuánto crees que podrá soportar ella? — Edrian toma de su trago, ignorando como de costumbre las palabras de su suegro, quien claramente hace todo para que él se rinda.
Edrian, ante la presión con Siena y Victor, empieza a sentirse inquieto, sofocado; sale al jardín intentando calmarse, pero Cristal va en su búsqueda.
—¿Qué haces aquí? Ven, nos tomarás una foto.
— No, lo mejor es que vayas tú; me siento cansado y mañana tengo que trabajar. Ve con tus amigos y disfruta, te esperaré en casa.
Edrian la besa en la frente, sintiéndose casando; no quiere hablar de lo que está pasando para no arruinar su momento. Se va a casa, donde se pone cómodo, recibiendo nuevamente una llamada de Siena que no duda en responder.
E: —Ya te dije que no tengo el dinero, Siena, en cuanto lo tenga te llevaré a hacerte esa prueba; deja de llamarme… —Cristal aparece.
—¿Con quién hablas?
Edrian cuelga al verla.
—Siena, me estaba llamando; los chicos están haciendo una fiesta en casa.
Cristal lo mira seria.
—¿Quieres ir? Puedes ir si con ellos te sientes más cómodo.
—No iré, tengo que trabajar mañana; vamos a dormir.
Ambos se acomodan para dormir; en cuanto están en la cama, ella no puede pegar un ojo. No han hablado de lo sucedido y saber de Siena la preocupa de cierta manera.
—¿Cuándo fue la última que estuviste con Siena? —pregunta Cristal, volteando a verlo.
Edrian la mira serio y suspira incómodo.
— La noche de la fiesta de cumpleaños de mi abuela, según ella, estuvimos juntos, amanecimos desnudos en mi habitación, aunque yo no lo puedo recordar con claridad, estaba muy ebrio, no lo recuerdo, cariño, pero ella… simplemente no lo deja pasar.
Cristal lo mira fijamente.
—¿Y tú? ¿Lo dejarás en el olvido?
—Eso hago.
—No parece, te veías muy afectado cuando ella te llamó. ¿Estás seguro de que todo está en el pasado?
—Lo está, no te preocupes. Descansa.
Edrian le da un beso en la frente y se acomoda dándole un abrazo, pero Cristal no puede simplemente dejarlo pasar. Ella espera a que él se duerma y toma su celular, revisando que tiene diferentes llamadas con Siena; no hay mensajes, solo llamadas, lo que la hace sospechar que los ha borrado.
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Dos semanas después.
Al pasar los días, Edrian siente más presión; lo llama Siena, lo llaman de la universidad, su futuro entrenador, y para empeorar las cosas, Victor le hace la vida imposible con la llegada de Liam a la empresa.
— El café, date prisa, sácale las copias del contrato a Liam, apresúrate.
Liam, al verlo, deja caer la taza de café al suelo, manchándose el traje.
—¡Demonios! No te fijas en lo que haces.
—La dejaste caer, imbécil, ¿crees que no lo note?
—Silencio, ¿cómo te atreves a hablarle así a tu jefe? Liam es uno de nuestros mayores inversionistas; su familia es mi aliado comercial, por ello merecen el mismo respeto que me tienes a mí. Limpia eso y de tu sueldo saldrá la tintorería de su ropa.
—Usted no puede hacer eso, sabe que necesito el dinero para pagar los medicamentos de Cristal, no puede… —Victor lo interrumpe.
—Si puedo, ve cómo te las apañas por tu cuenta; después de todo, es tu responsabilidad que ella y mi nieto estén bien. Si no puedes mantenerla, hazte a un lado; yo me haré responsable una vez que tú salgas de su vida.
—¿Su plan es que yo deje a mi mujer y a mi hijo a un lado? Pretende sacarme de su vida.
—Tú no eres más que un obstáculo en la vida de Cristal, jamás podrás darle la vida que ella se merece. ¿Acaso has pensado en los gastos del parto? ¿La Universidad de Cristal? ¿La nana que cuidará del bebé para que ella continúe su carrera? ¿O en qué estás pensando? Ella debe continuar su vida, es joven y si tú crees que estará de ama de casa toda la vida, estás equivocado. Debes trabajar duro, has adquirido una familia, pero no tienes las posibilidades de mantenerlas. Aún el bebé no nace y la tienes viviendo de carencias, apenas come saludable. Si te haces a un lado y la dejas, te aseguro que ella y el bebé lo tendrán todo, pero solo la ayudaré si tú desapareces de su vida. No eres digno para ella, eres un bueno para nada, ningún café sabes hacer. Ahora lárgate, tengo asuntos que atender con Liam.
Edrian se retira, caminando a la salida trasera del edificio y golpea los botes de basura hasta desahogarse. Él llora pensando en la presión que tiene; de una manera u otra, está destinado a perder a Cristal. Él lucha, sin embargo, está perdiendo las fuerzas para continuar.
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Al llegar a casa, después de un largo día de humillaciones, él se guarda sus sentimientos, enseñándole a Cristal una cara diferente, guardando el dolor y la frustración, que libera haciéndole el amor a su mujer; con solo besarla, lo hace olvidar todo.
—Te amo, Edrian. —Ella lo besa sin permitir que hable y él le corresponde, terminando con un corto abrazo.
—Yo también te amo, Cristal. Perdóname por hacerte vivir una vida no deseada.
—No seas tonto, contigo soy muy feliz; mientras te tengamos, todo va a ir bien.
Ella lo abraza, sin notar la preocupación en sus rostros.
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Dos días después.
Edrian, con poco dinero, le compra comida; apenas le alcanza para algunas de las vitaminas. Sin embargo, Cristal llega muy feliz con sus compras; trae muchas bolsas con cosas para el bebé y sus medicamentos.
—Amor, llegaste, mira, mamá me llevó de compras, le compramos su primera ropita al bebé, todo de colores para ambos sexos; además, mamá me compró los medicamentos, así podremos reunir lo que te queda del sueldo para los próximos gastos.
Edrian sonríe ligeramente, dejando las pastillas sobre la mesa.
—Demasiado tarde, las he comprado, pero está bien, te compraré las que falten el próximo mes.
—Lo siento, cariño, olvidé avisarte.
—No te preocupes. —Edrian besa su frente y la mira guardando su dolor.
—¿Sabes que te amo, verdad?
—Lo sé, yo a ti.
—Voy a tomar una ducha; prepare la cena.
—Ordenaré las cosas del bebé y vendré a ayudarte.
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Edrian llora en la ducha, el dolor acumulándose en su pecho, la indignación de pensar que a la fecha no ha podido comprarle nada al bebé con sus gastos y los de cristal, la casa, comida. Además, debe comprarse ropa porque así lo exige su trabajo; lo está desgastando y todo empieza a salirse de control, sobre todo por los gastos de luz y agua. Por la zona en la que viven, son muy costosos los servicios; sin embargo, hace su mejor esfuerzo para que ella pueda estar cerca de su familia, para que no se sienta sola.
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Días después.
Ambos despiertan ansiosos por tenerse; en el jacuzzi ambos hacen el amor, se entregan en cuerpo y alma, cada beso o caricia los quema, sienten de manera inquietante esa conexión que comparten.
—Mi amor… —Ella se sonroja cerrando los ojos y frunciendo el celo muy débil por sus caricias; cada embestida la hace sentir increíble.
Ambos jadean, en un juego excitante de morderse los labios, mientras su orgasmo los debilita.
Edrian la abraza. Cristal ha cambiado mucho; su rostro es más maduro, su cuerpo ha aumentado en volumen, se ve hermosa e incluso con su pequeño vientre logra cautivar completamente su atención.
—Te haré el desayuno.
—¿Qué harás? —pregunta, curioso, con una sonrisa ligera.
—No te burles, haré lo que no se me quema, el cereal. Agradéceme, al menos tiene una experta en hacer cereal. —Edrian sonríe. —Aprenderé a cocinar, ya verás; cuando nos casemos, te voy a preparar el mejor desayuno de todos, te lo prometo.
Ella le da un corto beso. Al marcharse, él cierra los ojos preocupado, pensando en el acoso de Siena. En cualquier momento tendrá que hablar con Cristal, tiene tanto miedo a perderla que incluso ha llegado a pensar que sería la mejor manera. Después de todo, las cosas cada día son más insoportables en la empresa; no cree poder resistir más tiempo sin querer romperle la cara a su suegro.
*
— Desayuno listo.
Ella lo atiende con mucho amor, empiezan a desayunar, cuando de repente se escucha un gran escándalo en la entrada.
—Abran, Edrian, salen de ahí, desgraciado, ¿dónde estás?
—Señor, usted no puede entrar así. Seguridad, seguridad... —Laila intenta detener el caos, pero el padre de Siena ha llegado por Edrian para que se haga cargo de su hija.
Edrian y Cristal aparecen preocupados por el escándalo, cuando Edrian se topa de frente con Siena y su papá se paraliza del pánico.
—Ahí estás, muchacho, ¿crees que puedes escapar y evadir tus responsabilidades con mi hija? Embarazaste a mi hija y no pienso permitir que la hagas a un lado.
Cristal se aleja mirando a Edrian sorprendida.
—¿Lo sabías? —Pregunta desecha.
—Cristal, esto no era seguro, por eso no te lo dije, es algo que salió de mis manos.
—Entonces, si lo sabías, ¿cómo pudiste? —Eres un hijo de puta… —Cristal lo empuja dándole una bofetada.
—Eh, cálmate, niña rica, no te atrevas a tocar a mi hombre, hazte a un lado—exige Siena, furiosa.
—¿Tu hombre? —Eres una zorra… —Cristal la abofetea y Siena le corresponde.
Ambas empiezan a pelear; Edrian se interpone entre las dos y las aparta. Cargado a Cristal, la hace a un lado.
—BASTA, SE TERMINÓ… —Todos se calman; él mira a Cristal llorar y se desarma.
—¡No me toques, suéltame! —exige Cristal empujándolo, se acomoda junto a su nana—. ¿Cómo pudiste ocultarme algo así? Eres un imbécil, volví a creer en ti y me engañaste.
Edrian la mira con dolor, enfocando la risa burlona de Víctor a la distancia, lo que le hace cerrar los ojos con frustración.
—Creo que esto igual no iba a funcionar. —Ella lo mira entre lágrimas.
—¿Qué dijiste? —pregunta Cristal, desconcertada.
—Él se viene conmigo, querida; yo también le daré un hijo y entre tú y yo, él me elegirá a mí. Eso quiere decirte.
— Edrian, de aquí no me voy hasta que no vengas con nosotros, tenemos que arreglar este asunto—afirma el padre de Siena—. Si te haces responsable de esta niña rica, también lo harás de mi hija; no será la deshonra por tu culpa, tú decides.
—¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ? —Victor llega y de inmediato Laila le informa de la situación que él ya sabe, pues el padre de Siena fue a la empresa a buscarlo y fue él quien dio la orden de dejarlo pasar.
—Qué conveniente para usted, señor . Aún no se ha ido, pero no se preocupe, voy a cumplir con su palabra, señor, me voy de su casa, recogeré mis cosas. —Edrian se mueve a la casa.
—Edrian… —Cristal lo mira con los ojos empañados de lágrimas, se mueve hacia él, siendo detenida por Victor.
—Déjalo, Cristal, este hombre no te merece, deja que se vaya, tú no lo necesitas.