Jimena González salió del bufete con el mensaje anónimo —"Buen peón. El próximo eres tú"— quemándole las manos. María Elena estaba a su lado, el hematoma en su mejilla oscureciéndose bajo la luz del mediodía, mientras Álvaro revisaba los restos de los archivos robados por los hombres de Javier Torres. La traición de Valeria Ortiz había encendido una mecha, y el tablero estaba en llamas: Diego Ramírez seguía jugando desde la cárcel, Raúl Mendoza consolidaba su poder en Gutiérrez Ventures, y ahora su amiga pagaba el precio de su guerra. —¿Qué hacemos? —preguntó María Elena, su voz firme pese al temblor en sus manos—. No me quedo sentada después de esto. —Los enfrentamos —respondió Jimena, cruzando los brazos—. Valeria vendió a Diego lo que sabía. Torres tiene los contratos. Los recuperamos

